Navidad en Tromsø

 INTRODUCCIÓN

Este viaje lo hemos realizado con mi hija y su marido y ha tenido una semana de duración, entre el 25 de diciembre y el 1 de enero de 2024. De esta estancia, solo 5 noches han sido en Tromsø, las otras dos han sido como escala en Gdansk.

Hemos volado de Alicante a Tromsø con escala en Gdansk, tanto a la ida como a la vuelta. En Tromsø hemos alquilado un coche para movernos durante nuestra estancia.

 

PROYECTANDO EL VIAJE

Noruega es desde hace mucho tiempo uno de nuestros lugares favoritos en Europa y hemos tenido la suerte poder visitarla en varias ocasiones, pero siempre en verano. 

Durante años, las imágenes de la Laponia finlandesa o la región norte de Noruega en invierno nos han atraído como un imán, sobre todo cuando en ellas aparecían auroras boreales. Muchas veces habíamos pensado en ir, pero las opciones de vuelo en las fechas navideñas, únicas vacaciones disponibles para nosotros en la temporada de invierno, eran complicadas y muy caras. Habíamos barajado cabañas en Finlandia en alguna ocasión, pero no había salido adelante el proyecto.

En los últimos años, las imágenes de Tromsø nevado, han emergido a cada momento en las redes sociales del móvil tentándome constantemente, despertando en mi el anhelo de estar ahí algún día, a pesar de verlo como algo distante. Y es que al tema de los vuelos y al económico se unía la incertidumbre de moverse por cuenta propia en ese mundo nevado tan inhóspito y desconocido para nosotros.

Pensaba cosas como: ¿Y si nos quedamos aislados en carretera o atascados? ¿Y si sucede el día que debemos coger el avión de regreso? Y, si no llenamos los días de excursiones organizadas guiadas, ¿Qué vamos a poder hacer en un sitio así? ¿Podremos hacer visitas con el coche o tendremos que permanecer en casa? Ni siquiera tenía claro si era prudente alquilar coche o mejor moverse en transporte público.

Pero este año, cuando menos lo esperaba, surgió la oportunidad y el «empujón» definitivo. Los astros se alinearon a mi favor.  Primero animada por mis hijos. Era el cumpleaños de papá y nada le haría más ilusión, pensaron. Luego el encontrar un vuelo cuya escala era más o menos cómoda, en un país tan apreciado por nosotros como es Polonia. Por último, mi querida amiga Lourdes que fue el año pasado y nos hizo perder el miedo al coche y a la conducción allí, dándome la seguridad que me faltaba, coincidiendo con las opiniones en foros de autocaravanismo donde todo el mundo me animaba a ello, asegurándome que con ruedas de invierno todo el mundo circula con normalidad en ese país ya que están muy preparados para ello.

El elegir Tromsø en lugar de Finlandia fue en principio un poco azaroso, tema de vuelos, pero ha sido un acierto por varios motivos. El primero es que el mar, los pueblecillos costeros y las islas añaden encanto al paisaje nevado. El segundo es que Tromsø, estando bastante más la norte que Rovaniemi (que era el otro destino barajado), tiene un clima más suave por la influencia del mar.  Por supuesto eso no será impedimento para planear un viaje similar a Laponia en cuanto se presente la ocasión.

Y así es como nos vimos con las reservas hechas y el viaje cerrado. He de decir que  no sentí en ese momento la emoción que siento ahora al recordarlo. Las ganas e ilusión por ir se combinaban con la incertidumbre y miedo a lo que podríamos encontrar. Alternaba entre la alegría y el arrepentimiento dudando si pecábamos de imprudentes. 

Me adelanto ya a deciros que HA SIDO UNA EXPERIENCIA MARAVILLOSA, que os recomiendo hacer al menos una vez en la vida.

 

PREPARATIVOS

Los vuelos los reservamos en la página de Wizzair después de una búsqueda previa en Skyscanner para tantear opciones.

Comenzamos buscando vuelos a Tromsø desde todos los aeropuertos cercanos a Alicante y,  al no haber directos, pasamos a buscar con una sola escala. Comenzamos así a tener en cuenta el lugar y duración de esas escalas. La mayoría eran en otras ciudades nórdicas, pero suponían pasar la noche en el aeropuerto al no ser la escala demasiado larga para salir a dormir fuera, pero tampoco lo suficientemente corta como para que no fuera un gran trastorno. Así es como llegamos a la opción que elegimos. La escala en Gdansk comprendía la noche y medio día, saliendo el segundo vuelo por la tarde del día siguiente. Polonia es un buen lugar para hacer eso porque una noche de hotel allí es económica, así como posibles comidas, además, justo el año pasado habíamos estado en esta ciudad, la conocíamos y era fácil moverse en ella. Todo cuadró y decidimos hacer la reserva.

Si no llega a ser por Skyscanner, creo que no hubiéramos dado con esta combinación tan favorable para nosotros, porque cuando entré a la página de Wizzair para hacer la reserva, en ningún momento lo contemplaba como un vuelo con escala, sino como dos vuelos totalmente independientes que me obligó a hacer dos reservas y pagar dos veces equipaje y asientos. Quizá mirando en esta página inicialmente no me habría dado cuenta de lo bien que combinaban estos dos vuelos, porque buscando un vuelo a Tromsø no habría pensado para nada a en meter a Gdansk en la ecuación.

Nuestros extras, como ya he comentado, fueron reservar asientos de dos en dos, para tener dos ventanas y facturar una maleta de 20 kg para cada pareja. Con la política actual de la compañía las maletas de 10 kg también se facturan y se pagan y sale más barato una maleta de 20 kg que dos de 10 kg. Además, ganamos en comodidad. 

 

El coche de alquiler lo reservamos a través de la página bsp-auto.com que ofrecía muy buenos precios, concretamente de la compañía Herz. Buscábamos un 4×4 pero esperamos bastante a reservar y ya no había disponibilidad a buen precio.

Nos dieron un Toyota Corola con ruedas de invierno, provistas de tacos metálicos, y eso fue suficiente.

Nos dimos de alta en la página Epass24 para el pago de peajes, pero no fue necesario porque la misma empresa de alquiler se encarga de ello y te lo cobra al final de la estancia. Fue un importe muy razonable.

 

Alojamiento: Sabiendo que los pecios de alquiler en Noruega son muy altos, comenzamos a buscar primero en Airbnb. Había una oferta más amplia de casas y variedad de precios, pero, una vez más (y ya son varias), la plataforma nos demostró lo poco fiable que es. No tienes ningún derecho ni ayuda frente al propietario que hace lo que quiere y te puede dejar colgado impunemente. Estas a merced de su voluntad y buena fe.

En este caso nos pasó varias veces que al enviar un email preguntando algún detalle de la casa nos respondían diciendo que no tenían disponibilidad para las fechas que buscábamos, mientras en el calendario de reserva aparecían como disponibles. A la tercera abandonamos y comenzamos a buscar solo en Booking, nuestra página habitual de reserva y la verdad es que quedamos muy contentos con todos los alojamientos reservados.

En Tromsø, después de mirar muchas opciones de ubicación y dudar si alquilar dentro o fuera de la ciudad, priorizamos las buenas vistas por si el clima no nos permitía salir demasiado. Aunque el centro nos posibilitaba salir caminando a recorrer la ciudad, los apartamentos eran menos espaciosos y, como igualmente pensábamos salir en coche a recorrer los alrededores, casi mejor un sitio con aparcamiento.

  • El alojamiento elegido fue el Casa Borealis, la planta de abajo de una espectacular casa compartida con los propietarios, que viven en el piso de arriba, pero con entradas independientes. Tiene una enorme cristalera en el salón con vistas al fiordo y ventanas en todas partes. Nueva, espaciosa, muy cuidada y con todo lo necesario. Además, los propietarios, ya desde antes de llegar, nos facilitaron mucha información, ayuda con las excursiones, consejos, etc… 

En Gdansk desde el principio buscamos hoteles y no apartamentos, como solemos hacer, porque iba a ser un dormir y salir antes de tener ocasión de aprovechar la cocina. Más ágil entrar y salir de un hotel y más probable que tuvieran consigna para dejar las maletas toda la mañana. 

  • Para el viaje de ida reservamos dos habitaciones en el Hotel Wolne Miasto Old Town de Gdansk, un hotel bien ubicado, justo donde se inicia la zona peatonal del centro, con decoración clásica que, sin ser nada espectacular, cumple con las expectativas.
  • Para la vuelta era más complicado por coincidir con la noche de Fin de Año.  Finalmente encontramos una habitación cuádruple en el Fama Residence Gdańsk Old Town, que resulta ser un acierto. Está en la calle más céntrica de la ciudad y tenemos ventana sobre la misma que nos permite ver el ambiente de celebración en las calles sin salir. No es demasiado grande, pero es correcta y en la recepción son muy amables.

 

Seguro de viaje: Además de la Tarjeta Sanitaria Europea que siempre llevamos, nos hicimos un seguro de viaje anual. Cada viaje contratamos como mínimo un seguro de cancelación y muy probablemente, dependiendo del destino y/o duración también un seguro médico y de asistencia en viaje. Como esto sucede repetidas veces en el año nos animamos a contratar uno anual y olvidarnos de este tema en cada viaje. Lo hemos contratado en Seguros Bilbao y estamos encantados.

 

En cuanto a la información turística, en este caso lo que visitamos fueron empresas de actividades en Tromsø. 

La búsqueda de actividades resultó mucho más complicada de lo que imaginábamos. Lo dejamos para el final pensando que sería fácil y acabamos teniendo que pedir ayuda a los propietarios de la casa que teníamos alquilada para ver si conocían a alguien. Finalmente salimos de aquí llevando únicamente reservado un recorrido en motos de nieve que incluía cena tradicional. Allí buscamos más, pero estaban completos. 

Entre las actividades que todavía ofrecían plazas estaba la de avistamiento de ballenas. En principio nos atraía mucho porque, aunque hemos ido dos veces en verano, siempre ha sido para ver cachalotes. El invierno ofrece orcas y ballenas jorobadas que nos parecía muy atractivo. Después de darle muchas vueltas optamos no reservarla y decidir allí, para ver antes que tal se llenaban los días. Ya no la cogimos. Primero porque las horas de luz eran pocas, queríamos recorrer todas las islas de la zona y nos parecía perder mucho tiempo. Pero además, 8 horas de navegación con este frío nos parecían excesivas. No acabamos de animarnos, pero no lo echamos de menos. Visto ahora en la distancia tampoco ninguna otra excursión. Intentamos mucho la visita a una granja de renos y no pudo ser, pero hemos estado en una y los hemos visto, no solo allí, sino también en libertad. Otra posibilidad eran los trineos tirados por huskies y, aunque no lo hicimos, nos cruzamos con ellos en varias ocasiones, escuchando unas veces sus aullidos y otras sus ladridos.

Entre las empresas consultadas están las siguientes:

Aunque hay agencias que gestionan con cualquiera de ellas y algunas más:

Para las auroras boreales es de gran ayuda descargar alguna aplicación que te indique las probabilidades y la evolución de las mismas. La más completa es My Aurora Forecast,  bastante detallada y técnica. Nosotros la combinamos con Norway Lights, solo para Noruega y  mucho más básica, pero nos valía para un pronóstico inicial.

Respecto a Internet, en Noruega no hay ningún problema en usar datos en todas partes facilitando el manejo de Google Maps. En la casa además teníamos wifi.

 

GASTOS

Una vez pagados los vuelos, los alojamientos, la excursión en motos de nieve y el coche de alquiler, los gastos allí no fueron muchos.

Para el transporte en Gdansk, el transfer del primer día y tres viajes de Uber, baratísimos. Respecto al coche en Noruega, aunque el gasoil es muy caro, fue poco el que gastamos porque no hicimos demasiados kilómetros. Tampoco fueron muchos los peajes, solo los de entrar en Tromsø.

Aparcamiento pagamos cada vez que fuimos a Tromsø, pero nunca fue una cantidad a destacar porque nunca permanecimos demasiado tiempo.

La comida en Noruega fue toda comprada en los supermercados Rema 1000, más caros que aquí, pero bastante más razonables que comer fuera. En Gdansk si fuimos a comer y cenar a restaurantes, pero los precios allí son muy, muy bajos. Merece la pena.

 

EL VIAJE DÍA A DÍA

DÍA 1: LUNES 25 DICIEMBRE: ALICANTE-GDANSK

Tras una tranquila espera en el aeropuerto de Alicante, salimos hacia Gdansk a las 21:40. En el avión nos llama la atención la poca gente que ha subido, suponemos que a la mayoría de personas no les gusta andar desplazándose el día de Navidad.  

Nos llevamos una grata sorpresa al ver que en nuestra fila de asientos vamos solos. Esto nos permite tumbarnos a descansar y poder dejar todos los bolsos en el compartimento superior. 

Resulta un viaje comodísimo y, poco después de la una de la madrugada, estamos en el aeropuerto de Gdansk. Para trasladarnos al hotel tenemos contratado un transfer privado temiendo que, en día festivo y a estas horas, nos costara encontrar un Uber.

Pronto estamos ante la puerta del hotel, muy cerca del casco antiguo, pero sin llegar a la zona peatonal, lo cual agradecemos porque estamos cansados y siempre es más cómodo parar en la misma puerta. 

Es un edificio antiguo y acogedor. Frente a la recepción destaca la bonita escalinata de madera, con un árbol de Navidad en el centro, que sube a las habitaciones. A pesar del estilo clásico de la decoración, se ve todo muy cuidado y bonito. 

Al subir a nuestras habitaciones, en la misma planta, pero algo alejadas, nos sorprende ver la puerta de la que sería para Andrea y Carlos abierta de par en par. Entramos reticentes, pero todo está en orden. Vemos en el pasillo una cesta con productos de limpieza y la llave maestra puesta en la cerradura. Parece que el personal de limpieza ha olvidado cerrar. Lo metemos  todo dentro, cerramos y a descansar sin mayores percances. Ya hemos cenado en el avión.

 

DÍA 2: MARTES 26 DICIEMBRE: GDANSK-TROMSO

Amanecemos en Gdansk con una enorme sensación de “estar en casa”. No sólo porque es una ciudad pequeña y muy acogedora, sino porque hace tan sólo un año pasamos aquí el puente de diciembre y la conocemos bastante bien.

En cuanto estamos listos, bajamos las maletas a consigna y nos encaminamos a la calle Dluga, calle peatonal en el centro histórico de la ciudad, donde pensamos desayunar. La calle está rodeada de bellos edificios y, en este periodo navideño, mucho más decorada y bonita. No titubeamos en dirigirnos a una lujosa cafetería, sabemos que los precios en este país son muy asequibles en cualquier establecimiento. Además, justo en esta cafetería, desayunamos el año pasado y fue muy agradable.

Tomamos unos deliciosos capuchinos y pedimos un bizcocho para acompañar. Nuestra sorpresa es la honradez con la que el camarero nos dice que el bizcocho lleva hecho varios días por falta de servicio en las fechas navideñas y que no nos lo cobrará, es regalo de la casa. Agradecemos enormemente el gesto, sobre todo porque podría no haberlo dicho y no nos habríamos enterado ya que está buenísimo.

Salimos luego a dar un tranquilo paseo y “hacer tiempo” hasta la hora de comer. Continuamos recorriendo esta famosa calle, pasando junto al ayuntamiento, la fuente de Neptuno y cruzando al fin la Puerta verde, una de las entradas  principales al casco antiguo. Llegamos así al famoso muelle junto al río Motlawa. Vamos con la idea de ver la grúa de madera distintiva de esta ciudad, destacada por ser la más grande de Europa en la época medieval. El año pasado estaba andamiada y queremos probar suerte de nuevo. Nuestra sorpresa es que, aunque efectivamente han quitado el andamio a la grúa y ya se puede apreciar, ahora está todo el muelle en obras y las fachadas medio tapadas. Agradecemos haberlas visto y disfrutado tanto el año pasado.

Continuamos el paseo por la calle Stągiewna y regresamos después al muelle para adentrarnos de nuevo en el casco antiguo. Esta vez lo hacemos por la puerta conocida como Brama Mariacka, uno de los accesos medievales a la ciudad. Cruzando el arco llegamos a la curiosa calle que lleva el mismo nombre. Curiosa por no decir «fantasmagórica». Todas las viviendas, de aspecto similar, tienen balaustradas de piedra enmohecida algo rocambolescas y, en mi opinión, algo lúgubres. En los sótanos, bajo las escalinatas de acceso a las casas, están ubicadas la mayoría de tiendas de ámbar. Al fondo de la calle destaca la torre de la catedral.

Hacia ella nos encaminamos, rodeándola para llegar a nuestro destino: el restaurante Pierogarnia.  Estábamos deseando comer aquí desde que supimos que regresábamos a esta ciudad. El año pasado nos dejó muy buen recuerdo.

Disfrutamos de una espectacular comida, servida con amabilidad y simpatía, a un inmejorable precio. En ese mismo momento decidimos que este será también el lugar en el que comamos el día de Año Nuevo, en la escala de regreso. Inicialmente pensamos  cenar en Nochevieja, pero el horario de cierre esa noche nos va algo ajustado con el vuelo y además no aceptan reservas. Tendremos la mente abierta a ambas posibilidades y decidiremos ese día.

Terminada la comida vamos tranquilamente en dirección al hotel para recoger el equipaje, llamar a un Uber y marchar hacia el aeropuerto. Aunque la escala ha sido muy agradable estamos deseando llegar a nuestro destino final en el Ártico.

Antes de ir al hotel pasamos por un supermercado a comprar unos sándwiches para cenar. Llegamos bastante tarde a Tromsø y sabemos que los supermercados estarán cerrados y que el aeropuerto es muy pequeño y tiene pocos lugares para cenar o comprar algo.

Pronto estamos en el aire y a sólo tres horas de nuestro destino. Tenemos en mente «vigilar el cielo» a la llegada, por si podemos ver alguna aurora boreal. Según hemos leído, hoy está nublado en Tromsø y, de producirse alguna aurora boreal, la única posibilidad de verla es por encima de las nubes. El vuelo llega poco después de las 10 de la noche, una buena hora para disfrutar de este fenómeno natural.

No conseguimos nuestro propósito. La noche está calmada y no se ve ningún tipo de luces, pero la llegada a la ciudad desde el aire no puede ser más espectacular. Primero sobrevolamos la isla en la que se asienta que se distingue claramente gracias a las luces, incluso vemos el teleférico Fjellheisen y la original silueta de la Catedral del Ártico, popularmente «Catedral de hielo». Después, el avión continúa en dirección norte para dar la vuelta sobre altas cumbres nevadas cuyas blancas cimas parece que podríamos tocar si alargáramos la mano. Las vistas son impresionantes. Desde este momento, y hasta que regresemos a Gdansk, queda inaugurada la temporada de estar boquiabiertos y alucinando desde que nos levantamos hasta que termina la jornada. Si este país es impresionante en verano, en invierno es absolutamente mágico.

Bajamos del avión y nos vemos inmersos en el mundo de Narnia. Mientras cogemos el coche de alquiler no podemos parar de hacer fotos, vídeos o cualquier cosa para compartir con quienes se han quedado en casa. Queremos hacerles partícipes. Nos gustaría mucho que estuvieran aquí con nosotros.

La magia continúa cuando nos adentramos en las calles de Tromsø y comenzamos a ver un mundo blanco salpicado de casas llenas de luces que brillan reflejadas en la nieve.

Cruzamos la ciudad y el puente que nos saca de la isla para llevarnos por la E8 hasta la urbanización en la que se encuentra nuestro alojamiento. Pasamos justo por delante de la Catedral del Ártico que tendremos ocasión de ver cada día durante nuestra estancia.

Los propietarios nos han indicado previamente el mejor modo de aparcar al llegar a la casa y nos han despejado la nieve de la entrada. Aunque disponemos de puerta de acceso independiente y una caja con contraseña para recoger las llaves, han salido personalmente a recibirnos, dándonos todo tipo de explicaciones y consejos para manejarnos en este clima, en estos días de poca luz.

La casa es espectacular y la enorme cristalera del comedor nos da la oportunidad de vigilar las posibles auroras boreales. Al asomarnos vemos ante nosotros un precioso manto de nieve blanca y brillante y tras él las aguas del fiordo con las cumbres nevadas destacando al fondo. Es de noche, pero una enorme luna llena hace brillar la nieve y nos permite distinguirlas en el horizonte.

Todas las ventanas, abiertas completamente en todas las casas de esta zona, tienen  enormes estrellas brillantes que iluminan la noche y decoran la ciudad. Están por todas partes, en cada casa y la nuestra no es una excepción. Realmente son una bonita decoración para estas latitudes, porque la mayor parte del tiempo hay oscuridad o escasa luz y se distinguen desde lejos.

Cenamos con las provisiones que hemos traído y alguna cosita más que nos han dejado los amables propietarios. Pero no dejamos de asomarnos a las ventanas a cada rato. Estamos embobados con lo que vemos. Un poquito más tarde comienza a nevar añadiendo mayor encanto a las vistas.

No tardamos en irnos a descansar para aprovechar bien al día de mañana. Nos han dicho que hay luz únicamente entre las 9 y las 2 del mediodía y no se puede desperdiciar. Necesitamos provisiones, pero decidimos que Javier y Carlos harán una salida temprano para adquirir lo básico y dejaremos el resto de las compras para las tardes, cuando no quede luz natural.

 

DÍA 3: MIÉRCOLES 27 DICIEMBRE: TROMSO

Con las primeras luces de la mañana las vistas desde nuestra ventana nos cautivan y, en cuanto salimos a la calle, comenzamos a hacer fotos en todas direcciones. En días posteriores nos damos cuenta que hemos repetido las mismas fotos cada día ¡No podemos evitarlo! Es como si nos diera miedo que luego, al llegar a casa, nuestras retinas olvidaran lo que han visto. Y es que no llegamos a acostumbrarnos a tanta belleza.

Hoy vamos a visitar Tromsø, queremos ir dominando poco a poco el conducir por la nieve, antes de lanzarnos a la carretera. Además, queremos descubrir la oferta de excursiones que podemos encontrar allí, por si añadimos alguna experiencia a estos días.

Vamos directos a un aparcamiento subterráneo que Javier ha localizado antes de venir. Aparcar en la calle con estas montañas de nieve apilada en cualquier parte sería imposible y los aparcamientos exteriores cuestan lo mismo que este. No merece la pena dejar el coche a la intemperie. El aparcamiento escogido no deja de ser un lugar curioso ya que es la continuación de uno de los túneles que cruza la ciudad y parece más un refugio de la guerra que un aparcamiento. El caso es que está muy bien situado y nos resulta muy cómodo para ir al centro. Haremos uso de él varias veces en los próximos días.

Viniendo con el coche hemos vuelto a cruzar las calles de la ciudad, esta vez de día, y hemos disfrutado de cada rincón. No es la primera vez que venimos a Tromsø, siempre en verano, pero en invierno parece otro mundo.

Salimos del parking bien provistos de chaquetones, gorro, guantes…y nos dirigimos a uno de esos lugares que ha llamado nuestra atención, el Kongeparken. La cantidad de nieve, la luz… parecemos niños. No podemos parar de hacer fotos, de pisar la nieve virgen, aunque nos hundamos en ella, de rebuscar los bancos escondidos bajo una blanca y densa capa.

Y cuando nos damos por satisfechos de ese lugar y nos giramos hacia el puerto, lo que vemos nos deja “enganchados” de nuevo a la cámara: la imagen del pabellón de la música con las montañas nevadas y la Catedral del ártico al fondo. Vamos recreándonos y haciendo fotos sin parar hasta llegar junto al agua. Hay que llevar cuidado para no salir de la senda en los jardines porque en cuanto te alejas un poco te hundes en la nieve hasta la cintura.

Pasamos junto al increíble edificio de la biblioteca, construido en 2005, de aspecto moderno muy llamativo con fachadas acristaladas que permiten la máxima iluminación natural y bellas vistas sobre la ciudad. Rebosa vida en su interior. Suponemos que con este clima es un buen lugar de encuentro y ocio.

Ya en el puerto, llama nuestra atención un barco que tiene en la cubierta un jacuzzi. Varias personas están en él y alguna incluso se lanza después al agua ¡Estamos congelados solo de verlos!

Unas cuantas fotos después nos encaminamos hacia la Storgata, la calle principal. Pero antes, hacemos una breve parada para fotografiar la escultura del pescador ártico en versión de invierno. Nos sorprende ver que el quiosco de los perritos calientes, que siempre tiene cola en verano, tenga cola también con este clima ¡Se van a quedar hechos muñecos de nieve mientras esperan!

Mientras recorremos la calle comercial estamos tentados a visitar algunas de las tiendas de recuerdos, pero decidimos dejarlas para esta tarde, cuando no quede luz en las calles. Continuamos pues el paseo hasta la plaza de la catedral, centro de la ciudad.

Nos resulta mucho más bonita con esta luz y decoración navideña que en verano. Un puesto de crepes junto al jardín tiene una increíble demanda. Al menos aquí las aceras están climatizadas y no tienen nieve, esto nos permite caminar sin resbalones.

Aunque el paseo prosigue tras la iglesia y nos acercamos cada vez más a Polaria ya hemos decidido no visitarla. Primero porque de hacerlo sería por la tarde, cuando no quede luz, pero también porque ya la conocemos de otros viajes y no nos apetece mucho repetir.

Bajamos pues hacia el puerto de cruceros, saboreando cada paso, cada nuevo rincón y terminando con la maravillosa imagen que ofrecen las vistas hacia del otro lado de la isla, bajo la colina del teleférico. Las casitas cubiertas de nieve con las luces encendidas parecen un pueblecito de cuento.

De nuevo en el puerto damos por terminado el recorrido y vamos regresando al coche y con él a casa para comer. La luz natural está llegando a su fin en este día.

Cuando entramos en casa son las dos y es totalmente de noche. Hacemos un vídeo para compartir con la familia. Es inevitable la broma fácil ¿Vamos a comer o a cenar? Tras la comida todo invita a café y mantita en el sofá y así lo hacemos hasta que vemos la necesidad de salir a comprar y, de paso, volver al centro de Tromsø para visitar sus tiendas y recrearnos un poco más en el ambiente, ahora nocturno.

Unas cuantas tiendas después regresamos a casa a cenar y descansar. Sabemos que hoy hay muy pocas posibilidades de ver una Aurora Boreal, no solo porque así lo indica la App, también porque el cielo está muy nublado.

 

DÍA 4: JUEVES 28 DICIEMBRE: OLDERVIK (92 Km) -EXCURSIÓN MOTOS DE NIEVE

Hoy madrugamos para tener la mejor luz en la que va a ser nuestra primera ruta invernal en coche.

El día que llegamos, hablando con nuestros anfitriones de posibles lugares que visitar, nos recomendaron ir hasta Oldervik o Breidvik para ver desde allí los llamados Alpes de Lyngen (Lyngsalpan). Nos parece una fantástica idea porque esas montañas nos ofrecieron uno de los paisajes más bonitos en el recorrido de bajada desde Cabo Norte a Tromsø en verano, circulando nosotros por la E6, justo al otro lado de la península montañosa. Concretamente nos hemos decidido por la primera de las opciones. Nos han recomendado especialmente.

Salimos de Tromsø en dirección norte por la Tønsvikvegen, primero cruzando barrios más apartados de la ciudad, pero, poco a poco, llegando a zonas menos pobladas, salpicadas de alguna casa más solitaria. Algunas casas son espectaculares y están preciosas decoradas con luces navideñas y las tradicionales estrellas en las ventanas. Casi todo el trayecto vamos pegados a la costa y nos acompaña una enorme luna llena que se refleja en el agua como en un espejo. La carretera, cada vez con menos tráfico, está limitada a ambos lados por una densa capa de nieve. Vamos circulando tranquilos, disfrutando del paisaje y  escuchando música navideña. Es un momento mágico.

El problema de tanta nieve es aparcar, así que, cuando queremos fotografiar algo (cosa que sucede con bastante frecuencia) debemos hacerlo por la ventanilla o solo abriendo la puerta. Menos mal que se circula muy despacio y puedes detener el coche simplemente señalizando con el intermitente.

En una de esas paradas para ver y fotografiar a un grupo de caballos que vemos junto a la carretera, el entusiasmo lleva a Carlos a lanzarse corriendo hacia la valla para sacarlos más de cerca, sin pensar en la nieve que cubre los arcenes. Termina hundido hasta las ingles haciéndonos reír a todos. Tendremos broma para rato en los días posteriores. Para nuestra sorpresa el caballo se acerca atraído por nuestras risas y podemos fotografiarlo de cerca.

La ruta continúa tranquila y apacible. El último tramo, llegando ya a nuestro destino, se adentra dejando atrás el mar y volviéndose algo más inhóspita y solitaria. Eso sí, la carretera continúa estando perfectamente despejada de nieve y transitable para nuestra tranquilidad. Ser de Alicante y haber convivido tan poco con la nieve hace que este tema generara inquietud en nosotros.

Cuando llegamos de nuevo junto al agua a la altura de Oldervik, la primera imagen nos deja sin aliento. Estamos deseando bajar del coche y comenzar a explorar los alrededores haciendo fotos.

Descubrimos dos inconvenientes, o mejor tres. El primero aparcar. En un pueblo de muy poquitas casas, sin un centro urbano ni aparcamiento, los únicos tramos despejados de nieve que vemos son los accesos a las casas y no vamos a aparcar ahí. Finalmente vemos un ensanche junto al agua en lo que parece una parada de bus y paramos ahí. Realmente no vamos a perder el coche de vista en ningún momento porque tampoco se puede ir muy lejos. Ese es el segundo problema. No tenemos la misma libertad de recorrer campo que en verano porque con tanta nieve y sin raquetas no puedes salirte de las sendas ya trazadas. El tercero es menos poético. Sin bares, ni tiendas, ni edificios públicos es complicado encontrar un WC.

Pero todo eso no nos importa en este momento. Estamos embobados y no podemos parar de hacer fotos en todas direcciones.

Vemos con alegría una senda para poder acceder a la playa de arena negra que tenemos justo delante. Ha bajado la marea recientemente y no está cubierta de nieve como todo lo demás, esto nos permite adentrarnos un poco en la arena y pasear sobre ella, vigilando que no vuelva a subir.

En cuanto el sol comienza a reducir su intensidad y la tarjeta de la cámara de fotos “echa humo” regresamos al coche e iniciamos la ruta de regreso, deshaciendo exactamente el camino de venida, no hay otro.

Ya cerca de Tromsø un cartel junto a la carretera llama mi atención, el logo me suena mucho. Pronto me doy cuenta que se trata de una de las granjas de renos con la que contacté para interesarme por una actividad. No tuve éxito porque lo tenían todo reservado. Ya que estamos, decidimos parar a preguntar. Efectivamente no tienen hueco para nosotros, pero conseguimos dos cosas: hacer uso de los baños y ver de cerca los renos. Pedimos permiso y nos dicen que no hay problema en que nos adentremos por el camino para acercarnos a los animales.

Pasamos un rato entretenido viendo a estas criaturas del ártico en su hábitat. Esta vez soy yo la que me meto de lleno en la nieve buscando una foto y casi voy al suelo. Nuevas risas nos entretienen un rato.

Terminada la visita y puesto que es más de la una, regresamos a casa a comer ¡que se va a hacer de noche de un momento a otro! Hoy tenemos motivos para no alargar el regreso, a las 5 tenemos que estar en la puerta del hotel Radisson Blu para partir a una excursión con motos de nieve. Otra aventura nueva para todos nosotros.

Nos confunde mucho el tema de la ropa para realizar esta excursión. Nos llevamos de todo por si acaso y también la cámara de fotos, aunque finalmente la dejaré en el autobús porque el recorrido es totalmente de noche, sobre la moto, y al final pienso que con el traqueteo pocas fotos voy a poder hacer.

A las 5 estamos puntualmente en la puerta del hotel y nos hacen subir a un minibús que ya está esperando. Nos ponemos en marcha en un trayecto por carretera de una hora, no sabemos nuestro destino. Carlos y Javier han hecho apuestas sobre Google Maps eligiendo un punto como posible lugar. El de Carlos queda descartado a la media hora cuando nos salimos del trayecto trazado en su imaginación. Sin embargo, Javier acierta de lleno. Esto también es motivo de algunas bromas y nos entretiene en el recorrido. Aunque vamos bordeando el agua, no se ve absolutamente nada por la ventanilla. Hay pocas casas y, por lo tanto, muy poca iluminación exterior en lo que ya es noche cerrada.

Cuando llegamos a Hatteng, y más concretamente al campamento de North Experience, nos reciben en una pequeña y acogedora cabaña para servirnos la cena, una calentita y apetecible sopa de pescado acompañada de crujientes tostadas con mantequilla. Tras la cena nos equipamos, aconsejados por el guía. A nosotros no nos dan mono porque llevamos ropa de abrigo adecuada, pero si botas, pasamontañas y casco. Después de esto todavía nos queda un breve trayecto en autobús, por una bacheada carretera, hasta el lugar donde iniciamos la ruta en motos de nieve. Nos dan unos consejos sobre manejo y seguridad y pronto estamos en camino formando una pequeña caravana, con un guía delante y otro cerrando el grupo. 

Durante el primer tramo de recorrido nos cruzamos con un safari de trineos tirados por perros. Nos resultan muy pequeños para como los imaginábamos. Es bonito verlos tan cerca. Poco antes hemos pasado por el campamento donde estaba otra manada descansando y se escuchaban sus aullidos. También vemos a un grupo de excursionistas sentados alrededor de una fogata que nos saludan amablemente al pasar y lo que parece un restaurante iglú.

Tras una primera parada para asegurarse el guía de que todos vamos bien, comenzamos a adentrarnos en el monte ya en soledad. Nos han dicho que hay una parada al final del trayecto de ida, en la que se puede cambiar de conducto, y después el regreso.

La parada resulta mágica. Apagamos los motores y nos vemos en el silencio rodeados de montañas nevadas con un cielo totalmente despejado plagado de estrellas. Es el momento perfecto para ver aparecer la aurora boreal pero no hay suerte. Después de ese breve momento de paz iniciamos el regreso. Es difícil mirar solo al frente, a cada rato la mirada se mueve buscando el paisaje que nos rodea.

Al llegar al campamento base y dejar las motos nos conducen a una cabaña de madera en la que podemos calentarnos al fuego y tomar una bebida caliente con unas galletas de jengibre. Allí mismo dejamos los equipos que nos han facilitado y tomamos el autobús hasta Tromsø.

En el trayecto nos entretenemos reviviendo la experiencia y compartiendo lo que hemos sentido. En algún momento sacamos el móvil para enviar alguna foto a los que quedan en casa, con tan mala suerte que, al poco de bajar del bus, ya en el coche hacia nuestro alojamiento, me doy cuenta que me he dejado el móvil en el asiento, ocupada en recoger guantes, gorros, mochilas y chaquetas. Como el autobús ya se ha marchado y no tiene sentido volver decidimos enviar un e-mail a las dos empresas, Norwegian Travel con quien contratamos y North Experience que es con quien hemos realizado la actividad.

Después de esto solo nos queda cenar y descansar, no sin antes descargar y ver las fotos del día, como cada noche. Hoy tampoco se prevé aurora boreal.

 

DÍA 5: VIERNES 29 DICIEMBRE: SOMMAROYA (130 Km) -AURORA BOREAL

Hoy es un día especial porque celebramos el cumpleaños de Javier y porque la App para seguimiento de las auroras boreales nos indica alta probabilidad para hoy. Cruzaremos los dedos. De todas formas, sabemos que pase lo que pase, aquí todos los días resultan especiales.

Tras el desayuno y el ritual de fotos en la puerta, nos ponemos en marcha. Hoy cruzaremos la isla de Tromsø, dejando a un lado el aeropuerto para acceder a la isla Kvaløya, que cruzaremos por carretera para dirigirnos a la pequeña Sommarøya, nuestro destino final.

Pero antes de eso vamos a hacer una parada en las oficinas de Norwegian Travel, ubicada en la céntrica calle peatonal que recorrimos anteayer, para comunicar la pérdida de mi teléfono móvil. Se toman nota y quedan en llamarnos cuando lo localicen.

El recorrido hasta Eidkjosen no deja de ser el de salida de una ciudad, con algún centro comercial, gasolineras, urbanizaciones… aunque a nuestra izquierda, al fondo del fiordo, nos acompaña una preciosa luz de amanecer que nos recuerda que no estamos en una ciudad cualquiera.

A la altura de Kaldfjord, la estrechez del fiordo, con la luna al fondo, nos hacen parar en un pequeño espacio despejado junto a la carretera para hacer algunas fotos.

Pronto dejamos el agua y nos adentramos en lo que podríamos llamar carretera de montaña o simplemente de interior, la 862.  Atraídos por la inmensidad del paisaje hacemos una nueva parada en cuanto vemos un pequeño espacio que nos los permita. Todo a nuestro alrededor es blanco y no hay signos de vida humana. La mejor palabra para definirlo es paz, una inmensa paz nos rodea.

Un poco más adelante el sonido de unos perros aullando llama nuestra atención y detenemos de nuevo el coche. Descubrimos que abajo, en el valle que estamos bordeando, hay una fila de trineos tirados por perros que están parados. No sabemos porque han detenido su marcha, pero ladran sin parar, parece que no les ha agradado detenerse.

En algún momento de este trayecto llaman por teléfono a Javier desde la empresa North Experience. Han leído nuestro e-mail de anoche y tienen nuestro móvil. Concertamos la recogida en el mismo hotel del que partimos ayer, justo a la misma hora. Asunto resuelto.

A partir de Nordfjordbotn, comenzamos a bordear de nuevo el agua y aparecen otra vez las casas y pequeñas aldeas. Poco antes de llegar a nuestro destino pasamos el cruce que nos llevaría a Brensholmen para tomar allí el ferry a la isla de Senja. Es una asignatura pendiente para nosotros, pero tampoco será en este viaje. No queremos alejarnos demasiado, ni depender de horarios de ferrys con este clima.

Cuando comenzamos a ver a lo lejos el puente que lleva a la isla Sommarøya, vemos a nuestra derecha una zona llana, despejada de nieve, acondicionada como área de descanso. Otros vehículos están allí aparcados y decidimos hacer lo mismo. Resulta ser un buen lugar para hacer fotos hacia la isla, y hacia cualquier parte, la verdad.

Para tener los mejores planos hay que subir una pequeña colina que está cubierta de una nieve ya convertida en hielo. Es un poquito complicado subir, pero todavía más bajar, así que Javier se sienta en el suelo y lo hace deslizándose cual trineo haciéndonos reír a todos. Andrea graba en vídeo el trascendental momento. Que no se diga que el cumplir años le hace perder la juventud.

Estamos todavía haciendo fotos cuando aparece dos señoras, madre e hija, españolas. Vienen de las Lofoten y se dirigen a Tromsø. Esta noche tienen contratada una excursión para ver auroras boreales. Las animamos diciendo que desde esta mañana la app nos anuncia alta posibilidad de verlas hoy. Les hacemos y nos hacen una foto, después seguimos cada cual su camino deseándonos mutuamente suerte con las auroras.

Para acceder al puente hay que esperar que el semáforo esté verde, ya que se circula solo en un sentido. Poco a poco vamos recorriendo la isla cuyas casitas recuerdan bastante a las Lofoten. Dejamos a un lado el pequeño restaurante Anne-Grete Jensen Havfrua Kro, del que nos han hablado muy bien, y continuamos hasta Hillesoy.

Allí nos encontramos con el mismo problema de ayer. No hay sitio donde aparcar, además hay algo más de turismo y coches aparcados en el mínimo ensanche. Decidimos verlo por la ventanilla y dar la vuelta hacia el restaurante que tiene aparcamiento. Pero antes, unas casitas a lo lejos llaman mi atención y no quiero irme sin verlas de cerca y hacer alguna foto. Como no vemos posibilidad de aparcar, Javier acerca el coche a la entrada de una vivienda y bajo yo sola a “cazar” la imagen. No es tarea fácil. El camino está hecho hielo y resulta resbaladizo, pero si te sales de él te hundes bastante en la nieve. Como a cabezota no me gana nadie si de una foto se trata, sigo adelante, consigo mi cometido y regreso al coche como puedo.

Ahora sí, la siguiente parada será en el restaurante. No queremos comer todavía porque nos parece una pena hacerlo cuando aún es de día. Lo que si hacemos es tomar un chocolate caliente con nubes y disfrutar un ratito de calor en este pintoresco lugar que parece de película navideña. Como nota curiosa comentar que la propietaria habla algo de español e intenta contestarnos en nuestro idioma.

Cuando salimos de nuevo al aparcamiento se acerca un chico y nos pregunta en inglés por dónde hemos venido. Al parecer le han recomendado que no cruce la isla por el interior sino dando una vuelta por la costa, aunque el recorrido sea bastante más largo, básicamente por la nieve en la carretera. Nosotros le decimos que esta mañana se circulaba sin problemas y, puesto que el clima no ha variado y las temperaturas son similares, no creemos que haya dificultad. De todas formas, esto nos llena de incertidumbre y una vez en ruta agradecemos ver que hemos acertado en nuestras suposiciones. Deshacemos pues el camino andado esta mañana. 

Cuando cruzamos la zona más montañosa vemos potentes luces que se distinguen en la ladera de la montaña. Van en fila y se deslizan ladera abajo. No sabemos muy bien si son esquiadores o motos de nieve. Esta escena se repite un poco más adelante. La luz ya comienza a ser algo más débil.

Poco antes de cruzar el puente que nos lleva a la isla de Tromsø, nos detenemos en un Rema 1000 que hemos visto esta mañana para hacer una pequeña compra antes de ir a casa a comer, entre otras cosas una tarta de cumpleaños. Hoy tenemos sobremesa de celebración con pijamas navideños.

A las 6, Javier y yo estamos en la puerta del hotel Radisson para recoger mi móvil. Unos minutos más tarde estamos de nuevo en casa e iniciamos una agradable sesión de juegos de mesa. Decidimos poner un vídeo de una hoguera en la tele para acompañar. Y ¡Qué casualidad! En ese momento recibimos un mensaje de los propietarios ofreciéndonos hacer una hoguera real en el exterior. Todavía no hemos tenido tiempo de contestar y ya aparecen en la puerta para preguntar en persona y para raernos una bebida típica como regalo de cumpleaños. Se lo agradecemos, renunciamos a la hoguera y decidimos degustar la bebida mientras terminamos nuestra partida.

Según avanza la tarde y las posibilidades de ver una aurora boreal están más cerca los nervios aumentan. Cenamos haciendo guardia por la ventana y con el móvil al lado mirando las cámaras en directo de Tromsø. Carlos es el primero en apreciar el tono verdoso del cielo, pero los demás seguimos algo escépticos, casi no se ve.

Terminamos de cenar rápido, nos vestimos y abrigamos y, como los nervios cunden y parece ser que la aurora boreal se aprecia en dirección este, la peor desde donde estamos, no podemos esperar y salimos a buscarla con el coche. Alguien ha anunciado haberla visto en una zona alta de Tromsø y hacia allí nos dirigimos. Resulta ser el aparcamiento de una urbanización. Allí la vemos por primera vez, tenue y débil todavía. Realmente la captan muy bien los móviles y la cámara de fotos, en directo casi no puede distinguirse en el cielo.

Como la contaminación lumínica es muy grande debido a las farolas que alumbran el parking y la urbanización, decidimos movernos siguiendo a Google Maps buscando el extremo norte de la isla, pensando que si estamos frente al mar, veremos mejor. No sabemos si tenemos tiempo para alejarnos hacia la montaña porque ya nos avisaron nuestros anfitriones que nunca se sabe cuánto van a durar las auroras y hay que aprovecharlas cuando salen. 

En el coche vamos un poquito «atacados» mirando por la ventanilla, consultando la app y buscando un lugar para parar. Después de un infructuoso intento en un polígono industrial, terminamos en un apartadero en la carretera. Es lo más cercano al agua que podemos estar sin meternos en la nieve y, aunque tenemos una barrera de árboles delante y alguna farola a los lados, se ve relativamente bien. Colocamos la cámara en el trípode sobre el techo del coche y nos dedicamos a ver y disfrutar, disparando alguna foto de vez en cuando. 

Llegados aquí la aurora se ha vuelto bastante más intensa e incluso en algunos momentos se aprecian claramente los movimientos. 

Después de un largo tiempo, decidimos volver a casa para seguir viendo desde allí el espectáculo. Pero cuando llegamos solo quedan unas pequeñas culebrillas de luz en el cielo que terminan enseguida.

Nosotros, la verdad, tardamos un buen rato en calmarnos, estamos emocionados todavía. Nos apresuramos a ver las fotos, comentamos, compartimos…

¡Ciertamente ha sido un gran cumpleaños!

 

DÍA 6: SÁBADO 30 DICIEMBRE: RECORRIENDO FIORDOS (228 Km).

Hoy comenzamos el día repitiendo la ruta de ayer hasta Kaldfjord, pero esta vez no nos desviamos hacia el interior de la isla por la 862, hoy continuamos un poco más para llegar al Ersfjord view point. Este mirador sobre el fiordo es uno de los lugares que teníamos anotado como visita indispensable. habíamos leído que es un buen lugar para ver auroras boreales, pero, como pudimos descubrir ayer, planear el cuándo y el cómo es difícil.

En cuando aparcamos viene un minibús de turistas y lo hace a nuestro lado. Un poco más tarde lo hace otro. Parece que hemos elegido el lugar más visitado por las agencias. 

De todas formas hay diferentes sendas y rincones y es fácil encontrar uno más solitario. El lugar es precioso. la nieve se acumula nueva y brillante por todas partes, el fiordo como telón de fondo y el pueblecito a nuestros pies con las casitas nevadas parece un escenario de cuento de Navidad.

Damos un paseo por las diferentes sendas disfrutando del entorno, hacemos fotos, nueva bajada en trineo de Javier que parece haberle cogido el gusto… y regresamos al coche para dirigirnos a otro mirador sobre el que hemos leído, el Grøtfjord view point.

El camino hasta llegar allí nos ofrece rincones de gran belleza. Primero vamos bordeando el fiordo y más tarde nos adentramos en la isla, subiendo parte del trayecto, para luego descender hacia el mirador. En el descenso comienza a verse el mar y, tras él tres cumbres casi idénticas que forman parte de uno de los salientes de la isla, aquel en el que está ubicado Tromvik. Están iluminadas por la luz anaranjada de este sol que permanece en un amanecer-atardecer constante. Brillan con una luz especial que compite con la luna a nuestra derecha.

Paramos en el mirador, hacemos unas cuantas fotos y regresamos la coche. Hoy es el día más frío y se nota. Vemos que el quitanieves pasa por la carretera a nuestro lado y Javier me comenta que venía notando algo más hielo de lo habitual en la carretera y que agradece que hay pasado. No había dicho nada para no preocuparme.

Continuamos bajando hasta llegar al pueblo, al borde del mar. Es poco más de un puñado de casas pero hay unos aseos públicos muy cuidados junto a la playa que también dispone de  merendero, suponemos que para los días de verano. Aparcamos junto a la caseta  de baños y vemos que caminar por los alrededor una vez más resulta complicado ya que hay zonas de hielo muy resbaladizas. Una vez más decido alejarme un poco del coche por la misma carretera para ver de cerca algunos rincones, hacer fotos y disfrutar un poco del entorno a pie.

Como no vemos cafetería por ninguna parte pensamos volver al pueblo anterior donde hay una con bastante buenas opiniones, pero descubrimos que está cerrada así que, nos encaminamos al mirador para aparcar y hacernos nuestros propios capuchinos calentitos. Desde que llegamos a Noruega cada día nos llevamos un termos de agua caliente y lo necesario para hacernos una bebida que nos reconforte, además de pequeños bocadillos o galletas.

Antes de llegar al mirador, nada más salir del pueblo vemos unos cuantos renos bajando por la ladera nevada. Cuando llegan a la carretera dos de ellos salen hacia arriba, pero el resto lo hace en dirección contraria. Los que siguen nuestra trazada en la carretera encuentran un coche de cara , se asustan y dan la vuelta para encontrarse con nosotros. Todos los coches vamos muy despacio o paramos, pero los pobres van de un lado a otro algo asustados con los faros. Nos quedamos completamente quietos y al final pasan a nuestro lado y se reúnen con la manada.

Nosotros continuamos los pocos metros que nos faltan hasta el mirador, tomamos nuestro tentempié dentro del coche y nos encaminamos ahora a la última visita de hoy, algo más alejada, Storjord. Deshacemos el camino hasta la entrada del puente que nos llevaría al centro de Tromso en el que hemos iniciado esta mañana la ruta, pero no lo cruzamos, seguimos recto por la 863 hasta tomar la desviación Fv58 que cruza la isla justo por el centro y lleva directo a nuestro destino.

El trayecto una vez dejamos la costa es espectacular, muy similar al de ayer, cruzando montañas y valles nevados, pasando junto al un lago congelado, en cuyo aparcamiento nos han recomendado esta misma mañana venir a ver la aurora boreal. Hoy las probabilidades siguen altas y es una buena opción.

Llegando al fiordo las vistas se enriquecen por la presencia del agua. vamos bordeándolo hasta el pueblo con casitas dispersas y coloridas que, una vez más, invitan a hacer fotos. Y en ello estamos cuando aparecen a nuestra derecha dos solitarios renos que caminan justo a nuestro lado. Andrea los bautiza como Martín y Alfonso. Les hacemos fotos por la ventanilla y continuamos. No nos queda mucha luz. La visita al pueblo, una vez más consiste en cruzarlo con el coche parando lo imprescindible para verlo mejor. después damos la vuelta e iniciamos el regreso.

Comenzamos a alejarnos y, al tomar una curva nos encontramos de nuevo con Martín y Alfonso. Nos detenemos a un lado y Andrea comienza a grabarlos mientras les habla en tono cómico haciéndose pasar por su madre. El vídeo da para muchas risas todavía hoy.

Ahora si, nos encaminamos directos a casa y la única parada será en una de esas llanuras de montaña, al pasar junto a una manada de renos. Está muy lejos para acercarnos en la nieve, pero da gusto verlos. Nos damos cuenta que hay un fotógrafo apostado justo delante de ellos y la luz anaranjada del cielo le coge justo detrás de su objetivo. ¡Menudas fotos debe estar sacando! Me habría encantado poder acercarme como él, pero no vamos preparados.

Hoy, tras la comida y descanso, toca regresar a Tromsø. Queremos comprar algún recuerdo para llevar a casa y dar un último paseo por esta ciudad invernal. Luego, de vuelta a casa, tocan juegos de mesa, hacer maleta y cena tranquila a la espera de la aparición de la esperada aurora boreal. Tan confiados estamos de que va a aparecer  que a medida que van pasando las horas y las cámaras de Tromsø no detectan nada, casi no nos lo podemos creer: un momento antes la habíamos visto en las cámaras Lattervik, muy cerca de aquí. Además el cielo está totalmente despejado. Nos quedamos ante el ventanal y con el móvil en mano hasta bien pasadas las 12, finalmente desistimos y nos vamos a dormir. ¡Al menos la vimos ayer!

DÍA 7: DOMINGO 31 DICIEMBRE: TROMSO-GDANSK

Hoy nos levantamos sin demasiada prisa. Nuestro avión salía a las 14.15 pero esta mañana he recibido un mensaje avisando de un atraso de una hora. Estamos algo confundidos. No sabemos si disfrutar de la mañana haciendo algo más de turismo, subir al teleférico que ha sido la asignatura pendiente o simplemente recoger tranquilos. También los propietarios de la casa nos han escrito para decirnos que no hay prisa en que nos marchemos, que no esperan a nadie.

Decidimos abrigarnos y salir, pero no pasamos del barrio. Primero porque no lo habíamos visto con tanta luz y es precioso, luego porque sabemos que no vamos a poder estar tranquilos haciendo turismo si tenemos pendiente llegar al aeropuerto. Además, a pesar de haber recibido un mensaje que nos avisa de un atraso, en la app de Wizzair el horario sigue siendo el original.

Así que después de un paseo, tour fotográfico por los alrededores  disfrutando unas horas más de este clima helado y esta luz mágica, regresamos a casa, nos cambiamos a ropa menos abrigada para viajar, nos despedimos de nuestros anfitriones y nos marchamos al aeropuerto.

Deshacemos el camino que el primer día recorrimos con tanto entusiasmo. Pasamos ante la catedral del Ártico, cruzamos las calles de Tromsø y, antes de devolver el coche en la empresa de alquiler, ponemos gasolina, justo a la entrada del aeropuerto. 

El pequeño aeropuerto de Tromsø está en reforma y es un verdadero desastre. Primero la facturación que supuestamente hay que hacer en máquinas, pero no reconocen nuestras tarjetas de embarque. Luego el horario de salida que sigue cambiando según donde lo consultes y estamos hechos un lio. para rematar nos cierran en las bruces la fila de control policial y nos toca pasarnos a otra que va lentísima.

Cuando finalmente pasamos en las pantallas aparece que nuestro vuelo está embarcando y vamos directos a hacerlo, pero es un pequeño «engaño», pasamos el control de embarque pero nos dejan en una pequeña sala de espera en la que es difícil sentarse. Allí debemos aguardar casi otra hora. Menos mal que hay aseos y una fuente con agua, porque las tiendas y restaurantes han quedado fuera. Tomamos ahí los bocadillos que hemos preparado para comer y agradecemos haberlos traído.

El vuelo es tranquilo y llegamos a Gdansk en el tiempo previsto. Es media tarde del día de nochevieja pero en 5 min tenemos al Uber esperando para llevarnos a nuestro hotel. Esta vez está en pleno centro, en una calle peatonal, pero accedemos fácilmente caminando con las pequeñas maletas.

Aunque habíamos comprado unos sándwiches en el aeropuerto por si acaso siendo nochevieja no encontrábamos sitios abiertos, decidimos salir a intentarlo una vez instalados. En plena calle Dluga, la misma de nuestro hotel, hacemos varios intentos infructuosos. Algo más adelante vemos una hamburguesería que llama nuestra atención y tiene buen aspecto. En la puerta espera un pequeño grupo y decidimos preguntar. Tenemos suerte y poco después conseguimos mesa y una deliciosa cena a pesar de tratarse de  hamburguesas.

Pasamos un rato muy agradable sentados junto a la ventana. Fuera cada vez hay mayor animación. La gente va llegando, la mayoría vestidos con gran elegancia, para recibir el año en la plaza. 

Nosotros volvemos al hotel y decidimos vivir la animación de las calles desde la ventana. Para cuando se acercan las 12, vestidos con pijamas navideños, no tenemos ningunas ganas de vestirnos y bajar. Escuchamos las campanadas de la Puerta del Sol en la tele mientras unos tomamos uvas imaginarias y otros hacen sentadillas. Cualquier cosa para recibir el año con alegría. Luego llegan los mensajes de la familia y el colapso de felicitaciones antes de dar por terminada la velada y retirarnos a dormir.

 

DÍA 8: LUNES 1 ENERO: GDANSK-ALICANTE

Hoy vivimos casi una repetición de la mañana del día 26. Nos levantamos sin prisas, bajamos las maletas a la consigna del hotel y nos vamos a pasear por esta bella ciudad. La única deferencia es la niebla que ha surgido hoy. Pero tiene su encanto por el toque invernal añadido. 

Desayunamos en una cafetería de la calle principal, paseamos recorriendo las calles más céntricas y damos por terminada la mañana yendo de nuevo al restaurante Pierogarnia a probar suerte. Hay bastante cola y no tenemos demasiado tiempo, debemos estar en el aeropuerto a las 3 y media y antes volver al hotel a por las maletas.

Para cuando nos toca entrar disponemos de algo menos de una hora para comer, pero se lo explicamos a la chica que nos recibe y resulta ser de lo más eficiente. Ella y el resto de camareros se esmeran por atendernos rápido. Comemos tan bien como siempre que hemos venido a este restaurante y salimos puntualmente hacia el hotel para coger las maletas y llamar un Uber que nos lleve al aeropuerto.

Los trámites en el aeropuerto y la espera para el vuelo transcurren con tranquilidad y nos permiten tomar un café antes de embarcar. Sin embargo, el vuelo de regreso resulta un desastre. A pesar de haber comprado asientos contiguos nos los cambian por dos veces y no nos facilitan nada el cambiarlo. Acabamos separados y yo bastante mosqueada con la compañía porque es un servicio que habíamos pagado.

   

   

    

 

 

 

 

 

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