Normandía y Holanda

INTRODUCCIÓN

Este viaje lo hemos realizado con nuestros hijos de 21 y 18 años y dos amigos de sus mismas edades, en agosto del 2016. El medio de transporte: un monovolumen Seat Alhambra equipado con un box en la baca para dar cabida al equipaje de los 6.

El recorrido de 6.000 Km: Alicante – Francia – Bélgica – Holanda – Bélgica – Francia – Alicante.  Incluyendo los desplazamientos internos en el país para realizar las diferentes visitas.

      

PROYECTANDO EL VIAJE

Nuestro proyecto para este verano era Eslovaquia. Ya teníamos recopilada información de los lugares de interés, posibles pernoctas, ruta a trazar… Pero, la mejor manera de llevarlo a cabo, sin que se excediera en días o en coste, era llegar en avión y alquilar allí un coche para movernos por el país. Al unirse a nosotros nuestros dos jóvenes acompañantes, el vehículo a alquilar tenía que ser de 6 plazas mínimo y resultaba muy caro, bastante más del doble que los de cuatro plazas. Esto nos hizo cambiar el destino por uno al que fuera razonable llegar en nuestro propio coche.

Pero no pensábamos en Normandía, ni en Holanda en ese momento, puesto que ya hemos ido varias veces a ambos lugares. Fueron nuestros hijos los que lo pidieron, argumentando que no recordaban casi nada de aquellos viajes y que ahora podrían sacarle mayor partido a toda la historia del Desembarco, a la vida de Ana Frank etc… querían repetir. Nos lo pusieron fácil. No tenemos ningún problema en repetir si el destino es tan interesante. Siempre encontramos algo nuevo para ver o partes de la historia que descubrir.

Como aliciente también estaba el volver a visitar el Mont Saint Michel ya que no habíamos estado en él después de las importantes obras de reforma que se habían llevado a cabo en la bahía que lo convertían de nuevo en una isla al subir la marea. Nos hacía ilusión ver cómo había quedado.

Para completar el destino decidimos añadir unos días en Disneyland París al descubrir que los precios estaban muy bajos porque los preparativos del 25 aniversario, que comenzará en unos meses, hacen que hayan zonas en restauración y alguna atracción cerrada.

 

PREPARATIVOS

Los alojamientos los reservamos en la página de Booking por su flexibilidad de reserva en cuanto a número de días. Los criterios predominantes: la ubicación, disponer de cocina y capacidad para seis personas, wifi y el precio más bajo posible dentro de una valoración aceptable por parte de los clientes.

  • Para la primera noche de ruta reservamos un hotel en Niort: Inter-hotel Le Solana. Un hotel sencillo pero muy correcto, de fácil acceso desde la autopista y con aparcamiento gratuito en la puerta. Muy cómodo para una noche de ruta. Reservamos tres habitaciones dobles con aire acondicionado. Esa fue aquí una prioridad ya que el pronóstico era de altas temperaturas. No encontramos apartamentos y, como sólo era una noche, nos arreglamos perfectamente bien con las tres habitaciones. Casi se agradeció tener tres baños porque agilizó la puesta en marcha el día siguiente.
  • Para nuestra estancia en Normandía encontramos una casa en el centro de Sainte Mère Église, en plena ruta de las playas del desembarco. Era nuestro objetivo ya que en viajes anteriores nos habíamos alojado en ciudades cercanas y el tiempo no nos cundía. No fue fácil encontrarla, no hay demasiada oferta de casas o apartamentos en esta zona de la costa normanda. Pero tuvimos mucha suerte al encontrarla y creo que fue un gran acierto. La casa, llamada The Heart of Sainte Mere Eglise es una vivienda de piedra de dos plantas que, como todo el pueblo parece estar ahí desde la misma guerra y te invita a verte inmerso en la historia. La vivienda está reformada y, sin grandes lujos, es cómoda y práctica. Estuvimos muy a gusto, justo al lado del museo de las fuerzas aerotransportadas y de la plaza sobre la que cayeron los paracaidistas en la noche del desembarco.
  • En Holanda repetimos nuestro alojamiento de hace unos años ya que nos encantó la ubicación y el entorno. Se trata de una casa de dos plantas en la urbanización De Vietlander en las afueras de Medemblick. La urbanización está formada por casas independientes con un gran jardín y embarcadero ya que está surcada por canales. Es un sitio muy tranquilo para veranear y guardábamos muy grato recuerdo. Volvimos a estar encantados y desde aquí tenemos cerca los puntos que más interés teníamos en visitar, la región al norte de Ámsterdam rica en molinos, vacas, quesos y tulipanes y lugares de interés turístico.
  • Para Disney alquilamos una cabaña en el Davy Cockett Ranch con descuento por ser poseedores del Pase anual que compramos desde casa unos días antes de alquilar la cabaña.
  • Para el camino de regreso a casa reservamos un apartamento en Gerzat, en las proximidades de Clermont-Ferrand. Una distancia no muy grande desde París que se puede hacer en una tarde y nos permite llegar después hasta casa en una sola jornada.

 

Respecto al Seguro médico solicitamos la Tarjeta Sanitaria Europea en las oficinas del INSS, antes de partir, pero no necesitamos hacer uso de ella en ningún momento. Esta vez no contratamos un seguro privado porque la tarjeta VISA y el seguro de nuestro coche nos ofrecen también seguro de viajes y accidentes.

 

Respecto a la información turística, nos fue de gran ayuda la página de turismo de Normandía en español, en especial, en este viaje, el apartado dedicado al Día D. Además, nos pusimos en contacto con ellos y nos enviaron un folleto muy interesante con la información de todos los museos y espacios relacionados con el desembarco (aunque en francés). También es posible descargarlo en PDF en la misma página. Hay algunas tarjetas de descuento que aglutinan varios museos de la misma zona y en algunos de ellos hay descuento a estudiantes. En el folleto está bastante detallado.

La visita al Mont Saint Michel requería informarse bien de los cambios, ya que en el pasado habíamos aparcado siempre en la misma puerta de la muralla, y ahora, con la reforma de la bahía, el acceso en coche está prohibido y debíamos ver dónde se aparca y como se accede. Lo encontramos con todo detalle en la página de bienvenida en la que además te puedes descargar el folleto de información del nuevo acceso, también en un apartado de la página web de Normandía o en su propia web (está en francés e inglés). En realidad, es muy sencillo. Hay un enorme aparcamiento de pago, junto a una oficina de turismo, servicios y algún edificio de hostelería. Desde allí hay tres opciones para llegar al Mont Saint Michel: caminando por la pasarela, que ofrece preciosas vistas todo el trayecto, en bus lanzadera gratuito que te acerca hasta el recinto amurallado o en carro tirado por caballos (este creo recordar que era de pago). Nosotros elegimos lo primero, tanto para ir como para volver, es un paseo sencillo y corto y hacer fotos por el camino, o simplemente disfrutar del recorrido y del entorno, merece la pena.

Otra información muy importante si se planea visitar el Mont Saint Michel es consultar el horario de mareas que está en la misma página. Si se dispone de cierta flexibilidad de fechas mejor elegir los días con coeficiente de marea más alto para poder ver como la marea lo cubre todo alrededor del monte. Situándose en un lugar con buena visibilidad hacia el mar, aproximadamente una hora antes de la hora de pleamar, se puede ver llegar el agua a modo de una pequeña ola que avanza a una velocidad bastante importante. Es un verdadero espectáculo.

Para Holanda hicimos uso de la página oficial de turismo, también en español, especialmente en los temas relacionados con la lucha contra el agua y los mercados de quesos. Buscamos nuevos destinos que pudiéramos haber pasado por alto en nuestros anteriores viajes y también información práctica como los días y horario de los mercados (después no nos sirvió de nada porque lo habían cambiado sin avisar)

Para Amsterdam nos limitamos a buscar desde donde partían los Free Tours y a qué horas (Fue uno de los peores tours de este tipo que hemos realizado, como ya he comentado en otros relatos nos pasa siempre que elegimos Sandermans y ya van tres. La mitad del tiempo la pasaron haciendo propaganda de sus otros tours y realmente no dieron demasiada información interesante de la ciudad. Un poco flojo), así como un buen parking donde pudiéramos aparcar en el centro. El que encontramos, el P1 Amsterdam Centre, ofrecía la posibilidad de comprar un ticket para una jornada. pagando por adelantado y al llegar allí te identificabas con la matrícula. Nos resultó bastante cómodo, aunque era caro, pero ya sabíamos que parar en esta ciudad con tanto canal, era complicado y no quisimos arriesgarnos, además al reservar las entradas para visitar la casa de Ana Frank era muy importante aparcar pronto.

Esa fue la otra información que estuvimos buscando: La casa de Ana Frank. Nos informamos las posibilidades de vista que ofrecía y, viendo que el paso es restringido por horas y que muchas de ellas ya estaban completas, decidimos comprarlas por anticipado, imprimiéndolas en casa. Además, la página merece la pena porque ofrece mucha información sobre la vida de Ana Frank y la historia que allí aconteció.

En papel llevábamos las GUÍA TOTAL ANAYA de Holanda y de Normandía y Bretaña, un plano de Amsterdam conseguido en la oficina de turismo del país, el mapa de carretera de Benelux de Michelin escala 1:400.000 y el atlas de carretera de Francia 1:200.000 también de Michelín.

 

GASTOS

Para hacer un cálculo de los gastos de viaje, relativos al transporte, más que detallaros los nuestros, puede ser de más ayuda proporcionaros algunos datos con los que elaborar vuestro propio presupuesto, ya que las tarifas varían de un año a otro y también el cambio de divisas. Además, el consumo de gasolina de cada vehículo puede suponer una diferencia considerable.

A día de hoy utilizamos esta página http://es.globalpetrolprices.com/ para hacernos una idea del precio de combustible de cada país y, a partir de ese precio y del consumo de nuestro coche, hacemos un cálculo empleando la página: https://www.viamichelin.es/ para determinar los kilómetros. Esta página, además, da una información muy precisa de los peajes.

 

En este viaje los peajes a tener en cuenta son los de la autopista de la costa en España y las autopistas francesas. En Bélgica y Holanda no hay peajes.

 

En cuanto al combustible, lo que si tenemos siempre presente es el llenar el depósito antes de entrar en un país donde la gasolina es más cara y, por el contrario, evitamos repostar o en su caso poner los litros imprescindibles cuando vamos a entrar en un país donde el gasoil es más económico (la diferencias son considerables).

En Francia hay que intentar llenar el depósito fuera de la autopista y preferiblemente en las gasolineras de centros comerciales. Una página muy buena para encontrarla gasolinera más barata en este país es: http://www.prix-carburants.gouv.fr/ Siempre nos resulta de gran utilidad.

                                       

 EL VIAJE DÍA A DÍA

Día 1: Domingo 14 agosto: MONFORTE DEL CID-NIORT 1130Km

A las 5 de la mañana suena el despertador y todos nos ponemos en marcha. Anoche ya cenamos juntos. Primero llegó Alfredo, luego Ginés y, antes de irnos a dormir, el coche quedó cargado con el equipaje. También tuvimos que llevar a Balú a casa de Susana por la tarde. Este año ha habido una nueva gestión dentro de los preparativos.

Ahora tenemos poco que hacer, vestirnos, desayunar y cargar la neverita. Hacemos una parada en la panadería para recoger provisiones y pan y a las 6’30 salimos a la autopista rumbo a Zaragoza. La primera parada para desayunar la hacemos en Cariñena, en un bar a la entrada del pueblo que está lleno de gente almorzando, desde turistas hasta ciclistas que han salido en esta mañana de domingo. Conseguir unas tostadas y un café nos lleva un tiempo.

Continuamos rodeando Zaragoza en dirección a Pamplona y más tarde a la frontera en Irún. Este año estamos usando el Google maps como navegador y, llegando a la frontera, nos indica un camino alternativo para evitar la cola. Seguimos sus consejos y adelantamos bastante tiempo. Antes de entrar en Francia ponemos gasolina en un área que no dispone de zona de pic-nic, por ello decidimos continuar y parar a comer ya en Francia. Esto resulta un error, porque en cuanto nos alejamos de los Pirineos comienza a hacer un calor increíble que en el coche no se nota, pero que, al bajar en el área elegida, poco después de Bayona, nos golpea fuerte. Para colmo, como estamos próximos a la costa, la tierra es casi arena de playa y las banquetas se clavan en ella resultando más bajitas. Al principio nos conformamos con montar nuestra mesita a la sombra, pero pronto nos damos cuenta que la sombra no quita el calor, que es excesivo. Terminamos de comer como podemos y no nos detenemos ni a tomar café. Nos marchamos enseguida al fresco del coche ¡Lo peor es que también hemos omitido ir al baño con las prisas!

No importa, seguimos la ruta y ya no paramos hasta después de Burdeos. Sigue haciendo mucho calor, pero vamos directos a la gasolinera para usar los baños tomar por fin el café. Dentro se está algo mejor que en la calle.

Con la brevedad de las paradas, a las 20:30 estamos ya en nuestro hotel de hoy en Niort, que hemos encontrado fácilmente con el navegador. Pronto estamos instalados en nuestras habitaciones y Javier y yo decidimos quedarnos en la nuestra para cenar. Hacemos bocadillos para todos y vienen a llevárselos junto a bebida, fruta y el desayuno de mañana. Nosotros nos quedamos para no alargar la velada y pronto estamos descansando.

Ha sido un acierto que el hotel disponga de aire acondicionado en las habitaciones e incluso el haber reservado tres dormitorios ya que disponemos de tres baños y la partida al día siguiente será más ágil.

 

Día 2: Lunes 15: NIORT- SAINTE-MÈRE-ÉGLISE 450km

A las 9 estamos en camino después de poner gasolina en un supermercado Gegant. Pronto alcanzamos Nantes, y dejamos la autopista de pago para adentrarnos en Bretaña. Poco después de Rennes hacemos la primera parada pero la salida que indicaba gasolinera nos mete a un pueblecillo que celebra en el día de hoy una fiesta medieval y está adornado con banderas. Paramos en la plaza y tomamos el café en un barecillo que también es quiosco de prensa. Es un pueblo muy pintoresco y florido, que ya nos va ambientando para nuestro destino: Sainte Mère Eglise, al que llegamos a las 3 de la tarde.

Aparcamos al lado de casa y podemos descargar fácilmente. La casera nos está esperando y pronto estamos instalados y dando buena cuenta de unas lentejas litoral que nos saben a gloria. La primera impresión del pueblo entrando ha sido muy buena y estamos deseando salir a conocerlo, pero antes deshacemos las maletas y nos acomodamos. Es un alojamiento antiguo pero muy agradable. La wifi funciona muy bien y la contraseña nos llama la atención ya que han elegido el nombre del paracaidista colgado del campanario John Steele. Nos hace mucha gracia y, sobre todo, no se nos olvida. Lo que menos me gusta es lo pequeñita que es la nevera y la ausencia de congelador ¡Yo echo hielo a todo!

Cuando estamos listos salimos a ver el pueblo. Vivimos justo al lado de la plaza de la iglesia, donde además está el museo de las tropas aerotransportadas que presenta una colección de coches, aviones y documentos excepcionales. Recorre el lanzamiento de los paracaidistas sobre la zona de Sainte Mère Église.

Hay un ambientazo increíble de turistas que da vida a este diminuto pueblo en el que todo te traslada a la II guerra mundial, incluyendo los escaparates y comercios. No en vano fue escenario de una de las más grandes hazañas de la historia militar. Sainte Mère Eglise vio “llover” paracaidistas sobre el pueblo y sus alrededores durante la noche del 5 al 6 de junio de 1944. El recuerdo de los eventos que devolvieron la paz en Europa está todavía bien presente. En el campanario de la iglesia todavía cuelga un paracaidista en recuerdo del americano que quedó suspendido durante la noche del 5 al 6 de junio de 1944, además sus vidrieras están dedicadas al desembarco de las tropas aliadas en las playas de Normandía. Se puede ver una Virgen rodeada de aviones y de paracaidistas.

Como el museo está a punto de cerrar decidimos dejarlo para otro día y, después de visitar la iglesia nos marchamos hacia la playa de Utah, pasando por otro pequeño pueblo que forma parte de la historia: Sainte Marie du Mont, hoy engalanado de fiesta.

Nuestra visita a la playa de Utah se limita a recorrer los exteriores, empaparnos un poco del ambiente y hacer alguna foto. Está atardeciendo y volveremos en estos días a visitar el museo y profundizar algo más en los sucesos que aquí acontecieron en el día D.

 

Día 3: Martes 16: SAINTE MÈRE ÉGLISE- ARROMANCHES- CEMENTERIO AMERICANO- PLAYA OMAHA- POINTE DU HOC- SAINTE MÈRE ÉGLISE  136Km

Una de las cosas en las que hemos mejorado mucho en este viaje es en el tema de horarios. Nuestros chicos se han hecho mayores y se nota. Nos hemos adaptado al horario francés sin dificultad y, pese a la distancia que nos separa de Arromanches les Bains, nuestro primer destino de hoy, que supone casi una hora de trayecto, estamos allí antes de que abran las puertas del cine circular, a las 9’30. El aparcamiento todavía casi vacío. Es un gustazo poder disfrutar sin gente de estos lugares y su entorno.

Hoy comenzaremos la visita en esta ciudad que formaba parte de la playa Gold durante el desembarco y que será el punto más lejano que visitaremos en este viaje en Normandía. Desde aquí iremos recorriendo la costa, visitando los lugares destacados, acercándonos poco a poco a nuestro punto de partida. Mañana seguiremos donde finalicemos hoy.

Después de disfrutar de las vistas sobre la ciudad y los restos del puerto artificial que aún se conservan, pasamos al cine circular. La proyección que se exhibe en la actualidad es muy buena y un estupendo punto de partida para nuestras visitas en estos días ya que nos da una clara idea de toda la operación del desembarco y la batalla de Normandía. Las imágenes y el sonido nos envuelven metiéndonos de lleno en los acontecimientos. Salimos encantados. Hemos comenzado bien el día.

Desde aquí bajamos caminando al pueblo donde nos espera el museo D-day, que combina la información sobre el desembarco en general con la historia de construcción del puerto artificial cuyos vestigios se pueden apreciar desde la misma puerta del museo, situado al lado de la playa. Tenemos la suerte de llegar justo cuando comienza una proyección en español, la segunda dispone de audio en todos los idiomas, por lo que podemos sacar el máximo partido a la visita. Al salir de la sala de proyecciones vemos que hay un señor veterano de guerra, cargado de medallas, conversando con la gente y lamentamos no dominar su idioma para charlar un rato con él. Sería un verdadero privilegio para nosotros escuchar sus historias.

Al salir, damos un pequeño paseo y hacemos algunas fotos, pero vamos regresando pronto hacia el aparcamiento en la colina. En las calles hay numerosos vestigios de la guerra: tanques, camiones o cañones antiaéreos decoran las esquinas y plazas. Las banderas de los países que formaron parte del ejército aliado ondean por todas partes.

Al salir del pueblo vemos una pequeña zona de pic-nic con mesas y sombra y decidimos comer ya, en horario francés, para continuar las visitas más tarde. Así lo hacemos y al final no agradecemos tanto la sombra, algunos jóvenes algo más frioleros terminan comiendo con la chaqueta puesta. Ya lo echaremos de menos días más tarde.

La siguiente visita de hoy será la batería alemana de Longues sur mer, una de las muchas que componían el llamado Muro Atlántico que iremos recorriendo en estos días. Esta consta 4 bunkers abiertos con muros y techos con un espesor de 2 metros. Cada bunker tenia instalados un cañón naval con un alcance de 20 km. Su puesto de control de tiro, situado al borde del acantilado, tenía un sistema único de señalización de blancos. Los datos del objetivo eran transmitidos directa y automáticamente a los cañones mediante un sistema de cables enterrados. Todavía hoy se pueden apreciar perfectamente cada una de estas construcciones que nosotros vamos recorriendo de una en una, rodeadas de campos de cereal perfectamente cortado y empacado. Junto al mar, cerca del puesto de control de tiro, se aprecian a lo lejos los acantilados y restos del puerto artificial de Arromanches. No es difícil imaginar lo importante que sería para los aliados neutralizar estos cañones antes de la construcción del puerto.

Continuamos con la ruta que nos lleva ahora al cementerio americano en Colleville sur mer. Lo primero que llama la atención de este espacio es lo cuidado que está y el silencio y respeto que se respira. Lo segundo es la inmensidad de cruces o estrellas de David allí plantadas. Pone los “pelos de punta” ver la cantidad de gente que perdió la vida en una sola noche, en una sola de las playas y solo uno de los bandos. Ciertamente el desembarco en la playa de Omaha se convirtió en un baño de sangre para los jovencísimos americanos que formaron parte de este histórico acontecimiento. Todavía hoy podemos ver flores frescas o piedras colocadas en algunas de las tumbas.

Continuamos después hacia el corazón mismo de la llamada playa de Omaha, el lugar donde se colocó el monumento conmemorativo del desembarco y, años después, en el 60 aniversario, el monumento Les Braves sobre la arena de la playa. Es en la ciudad costera de St Laurent sur Mer. Además de los monumentos conmemorativos, no hay mucho más en esta zona de ambiente playero, especialmente en estas fechas de agosto.

Nuestra siguiente parada, la última de hoy será en la Pointe du Hoc. Este cabo rodeado por las paredes de altos acantilados muestra todavía hoy los numerosos cráteres que los continuos bombardeos de los aliados dejaron en la zona intentando acabar con las baterías alemanas allí instaladas, por su posición estratégica justo entre las playas de Utah y Omaha. Además de los cráteres y los restos de los bunkers impresiona saber que por esas paredes tuvieron es escalar los rangers americanos la noche del desembarco, empapados y cargados con el equipo mientras eran disparados desde arriba. Un monumento conmemorativo en lo más alto recuerda a esos hombres que perdieron la vida luchando por la liberación del continente.

Actualmente la visita sigue una ruta marcada en un plano que te dan a la llegada. Nosotros la seguimos, saltando únicamente la entrada al pabellón de exposiciones. La mayoría de documentos están solo en inglés o francés y al final resulta pesado estar todo el tiempo intentando traducir, además ya nos hemos informado de los hechos que aquí ocurrieron antes de venir.

De esta manera terminamos la jornada cultural a las 5 de la tarde e iniciamos el regreso a casa. Hemos batido record y eso nos permite ir a comprar al Súper U algunas provisiones, descansar en casa e incluso dar un paseo por las calles del pueblo. Bueno, eso Javier y yo porque el resto no pasan de la segunda opción.

 

Día 4: Miércoles 17: SAINTE MÈRE ÉGLISE – PLAYA UTAH-  BATERIAS DE CRISBEQ Y AZEVILLE- SAINTE MÈRE ÉGLISE 40Km

 

De nuevo somos los primeros en llegar al museo. Hoy ni siquiera lo han abierto. Y es que nuestro recorrido es mucho más corto. Comenzamos la jornada con la visita al museo de Utah que está muy cerquita de nuestro pueblo. Aprovechamos el silencio y la ausencia de público para saborear el lugar como se merece. Bajamos a la playa donde en ausencia de turistas es mucho más fácil imaginar el desembarco, volvemos a recorrer y fotografiar los monumentos conmemorativos e incluso hacemos algunas fotos “chorras” posando ante un cañón o desembarcando de una de las lanchas. 73 años después es más fácil ponerle algo de humor.

En cuanto el museo abre sus puertas somos los primeros en pasar. Nos invitan a instalar una aplicación en el móvil que nos irá explicando las exposiciones en nuestro idioma. Al principio vamos todos leyendo, pero en un rato pasamos solo a mirar o leer algunos carteles, pues se comprende bastante bien. El museo está muy bien montado, pero hay dos cosas que llaman la atención sobre las demás, al menos a nosotros: La primera la película “La playa de la victoria” que se proyecta alternativamente en inglés y francés de la que ya había yo leído antes de ir que ha recibido varios premios. Narra el desembarco de un modo claro y entretenido, muy educativa. Nosotros entramos primero a la sesión en inglés, por ser el idioma que más domina nuestro grupo, pero yo permanezco en la sala para volver a verla en francés y comprender mejor algunos detalles que se me han escapado. Merece la pena. La segunda el bombardero B26 recién restaurado acompañado de los testimonios de muchos supervivientes.

Tras la visita al museo nos dirigimos a la batería alemana de Crisbeq, pero lo hacemos por la carreterita que sigue bordeando la playa de Omaha. Así pues, nos detenemos un poco más adelante para ver el lugar donde se conmemora el desembarco en esa playa del general francés Carles de Gaule, días después del día D.

La Batería Crisbeq es una de las baterías costeras alemanas del Muro del Atlántico, que estaba en activo durante el desembarco. Ubicada al norte de la playa de Utah, en el municipio de Saint-Marcouf puso una fuerte resistencia y fue ocupada por los estadounidenses varios días después del Día D. La visita resulta interesante ya que, siguiendo el plano que nos dan a la entrada, vamos visitando todo tipo de estancias: habitaciones, cocinas, enfermería, almacenes… que a simple vista a la llegada no se aprecian porque están semienterradas, comunicadas por una red de trincheras.

La mañana continúa con la visita a otra batería alemana, esta vez en Azeville. Situada a dos kilómetros al suroeste de St Marcouf, constaba de cuatro cañones Schneider 10,5 cm. 331(f) de 105 mm en casamatas tipo H 650/671, con buena protección y una guarnición de 170 hombres al mando del Leutnant Kattnig. Junto con la batería de Crisbeq, tenía la misión de defender la zona de Utah Beach y gracias a las grandes troneras de sus casamatas tenía un radio de tiro mayor que Crisbeq aunque menos alcance. La guarnición aguantó los ataques hasta el día 9 de junio en el que los soldados aliados consiguieron incendiar uno de los bunkers de munición. Kattnig comprendió que todo esfuerzo por mantener la posición resultaría inútil y un sacrificio innecesario de vidas humanas, por lo que rindió la batería con sus 169 soldados. Esta es bastante más grande y compleja. Aquí las distintas estancias están comunicadas por túneles completamente cerrados y realizamos la visita con audio-guías. El montaje alemán es espectacular con toda una “ciudad” bajo el suelo, camuflando las pocas edificaciones exteriores pintándolas como casas normandas para que pasasen desapercibidas en las fotos aéreas.

Terminada la visita, ha pasado hace un rato la hora de comer en este país, pero nosotros ya habíamos decidido alargarla y comer en casa aprovechando que estamos muy cerca y que los planes para esta tarde, la visita al museo de las tropas aerotransportadas, serán en nuestro pueblo.

A las 4 de la tarde, tras la comida y el descanso estamos en la entrada del museo que hemos de decir que ha sido el más flojito de este viaje, a pesar de contar con muy buenas y amplias instalaciones. La primera contrariedad es en la taquilla ya que es el único museo que no descuenta a los estudiantes, después, la carpa que acoge un planeador WACO, nos recibe con un bofetón de calor y fuerte olor a humanidad. Es imposible disfrutar la visita o pararse a mirar al detalle las vidrieras de exposición con ese desagradable calor. Estamos deseando salir.

La segunda sala acoge un C-47 y recrea la escena en la que el general Eisenhower se dirige a las tropas antes de comenzar el desembarco. Aquí el clima es sólo un poquito mejor. El único espacio en el que se está fresquito es en la sala de proyecciones, pero la película no es muy interesante. Al parecer el museo está subvencionado por la fundación Ronald Reagan y se basa en su reconocimiento a los hombres que participaron en el desembarco.

Por último, entramos en una nave dedicada a lo acontecido en Sainte Mère Eglise en la noche del día D. Curiosas maquetas ilustran lo que pudo ser ir en el avión, lanzarse sobre la ciudad y caer en una granja o dentro del pantano en el que pocos se salvaban. Documentos, objetos y testimonios de esos hombres. Termina la visita en una gran sala de proyecciones en la que el vídeo destaca la hermandad que se creó entre los paracaidistas y los habitantes de este pequeño pueblo francés en el tiempo en el que se vieron obligados a compartir la vida. En conjunto es un gran museo, pero nuestra experiencia no fue la mejor.

Ya sólo nos queda recorrer las tiendas y hacer alguna foto de la plaza y los monumentos en recuerdo a las tropas aerotransportadas. Con eso cerramos el tema de la II guerra mundial que tanto hemos disfrutado en estos dos días. Ginés ya nombra las playas del desembarco con la misma facilidad que su nombre y apellidos. Ha sido un curso intensivo de historia.

La tarde todavía da para ver en la tele el partido de baloncesto entre España y Francia de las olimpiadas, con la fortuna además de ser los ganadores.

 

Día 5: Jueves 18: SAINTE-MÈRE-ÉGLISE – MONT SAINT MICHEL. 275Km.

Hoy tenemos algo más de trayecto antes de llegar a nuestro destino: el Mont Saint Michel. Hemos planeado la visita con detalle, eligiendo uno de los días con mayor coeficiente de marea en este mes. Esperamos poder apreciar bien la subida que alcanzará su cota más alta a las 8 de la tarde. De momento el día está gris y lluvioso, con algo de niebla. Pese a las dificultades de hacer turismo bajo la lluvia, nos encanta el misterio que da al paisaje. Cuentan que los peregrinos que en la edad media venían al monasterio tenían dificultades para acceder en días de densa niebla por miedo a ser alcanzados por la subida de la marea. Esto nos hace sentir un poco más aventureros, aunque la pasarela recién construida nos marca el camino sobradamente. He de decir que la primera impresión de esta nueva construcción es muy buena. Ahora los coches se quedan al otro lado, en tierra firme, y el acceso hasta la abadía solo puede ser en autobús o caminando. Nosotros, pese a la ligera lluvia, elegimos lo segundo y las vistas son preciosas en este agradable camino sobre el puente.

Lo primero que hacemos al llegar, después de algunas fotos, es subir hasta la abadía por el acceso sobre la muralla, evitando el gentío de la callejuela de tiendas. Hacemos la cola que hoy no se lleva tan mal al estar nublado. Recordamos hacerla bajo un sol abrasador y era bastante más molesto. Delante nuestro hay un joven que no para de mirar hacia atrás, gesto que va aumentando en frecuencia según nos acercamos a la taquilla. Javi está sufriendo con él porque se imagina la situación. Le han dejado en la cola y ahora no aparecen los demás. Tanto es así que ha de esperarse en la taquilla y le adelantamos. Un poco más tarde le veremos acompañado de una chica, suponemos que era a quien esperaba. Más de una broma tenemos a costa de ellos, que si merecía o no la pena la espera…

Tras la cola accedemos a la terraza en la que disfrutamos de las preciosas vistas de la bahía ahora vacía, aunque no seca, todavía reflejando en la arena la humedad de la reciente marea de la mañana. Algunos grupos de peregrinos la atraviesan con sus guías aprovechando la marea baja.

Desde allí accedemos a la iglesia y al claustro donde nos entretenemos un rato haciendo fotos curiosas. Es uno de nuestros lugares favoritos dentro de la abadía. Unas chicas jóvenes van haciendo la visita en paralelo acompañadas de otro grupo de chavales. Vamos recorriendo todas las salas de mayor a menor importancia en el rango de los peregrinos que las ocupaban hasta salir de nuevo al recinto ajardinado, pasando la tienda. Y es en esos jardines en los que decidimos comer, en un rincón apartado al paso de los turistas. Pero como esto del turismo es un poco seguir al que va delante combinado con un no quererse perder nada, en el rato que estuvimos allí sentados comiendo, subieron al menos seis o siete grupitos a ver lo que había. Y cada uno de ellos, después de subir las escaleras, nos veía comer, descubría que no había nada por allí para hacer turismo y se volvían a marchar. Esto nos tuvo bastante entretenidos en la comida. Casi íbamos contando cuantos caían en la misma trampa.

Terminada la comida salimos a la calle comercial dispuestos a buscar un lugar donde tomar café y vemos a la cruz roja asistiendo a alguien que está en el suelo cubierto con una manta térmica mientras la gente hace corrillo a su alrededor. Nos damos cuenta que es uno de los chavales que acompañaba a las chicas de antes porque están por allí lloriqueando, pero no conseguimos saber lo que ha pasado.

Comentando lo ocurrido llegamos a un pequeño establecimiento en el que nos sentamos para el café, con la mala suerte de caer en la cafetería de los “más simpáticos” de toda Francia. Padres e hija son igualmente “alegres y felices”. Tomar unas crepes, unos gofres y un par de cafés nunca fue tan tenso. Y no hablemos si además hay que ir al baño. Nos trataron como si no fuéramos a pagar, y además deseando echarnos de allí quitando la mesa antes de que acabáramos. Fue una gran alegría marcharse.

La visita a la calle termina pronto ya que no mostramos interés por los objetos que exhiben. En unos minutos estamos fuera y algo perdidos porque todavía faltan un par de horas para la subida de la marea. La primera la gastamos intentando rodear la bahía, al menos hasta donde la ausencia de barro nos permita, la segunda sentados para verla llegar ya que hemos leído que conviene estar una hora antes. La espera en el lateral del monte, cerca de la ermita, es bastante cómoda ya que estamos sentados en el muelle trasero, pero el sol llega a dar bastante calor por lo que en un momento dado sacamos los paraguas y los usamos como sombrilla. Esto despierta la curiosidad del niño que está atrás con sus padres y no para de preguntarles en francés porqué llevamos paraguas si no llueve. Está alucinando y nosotros muertos de risa al escucharlo.

 

Pronto tenemos una nueva distracción, la marea comienza a subir engañándonos a todos que esperábamos verla venir de frente, desde el mar y, en realidad accede por el lateral derecho donde el fondo debe tener más profundidad formando una especie de rio que arrastra y va cubriéndolo todo poco a poco. El avance es como una pequeña ola, pero va bastante rápido y en poco tiempo todo está cubierto.

 

Cuando ya no se ve la arena del fondo y solo queda que suba el nivel decidimos trasladarnos a la entrada de la abadía. Los motivos son dos: volver a ver subir el agua por el otro lado del monte y no quedar atrapados ya que no sabemos si se llegará a cubrir el acceso a la zona en la que estamos. Así lo hacemos y volvemos a ver la subida de la marea desde la nueva pasarela que permite al agua cubrir prácticamente toda la roca, salvando solo unos metros a la entrada. Es alucinante y hacemos montones de fotos, conscientes de que no será nunca igual que poder verlo allí, en directo.

A la hora de máxima marea comienzan a aparecer grandes nubarrones negros por el horizonte a la vez que se escuchan truenos a lo lejos y decidimos marcharnos al aparcamiento antes que nos caiga el diluvio universal. Con chaquetas puestas pues ha comenzado a refrescar y con cierta nostalgia que nos hace mirar de vez en cuando hacia atrás, nos vamos alejando del monte por la pasarela. Javi y Ginés van delante haciendo payasadas que entretienen a la gente de los autobuses que pasan constantemente. Muchos de ellos les saludan.

A las 10 estamos en casa y preparando las maletas. Mañana nos marchamos a Holanda con muy buen recuerdo de estos días en Normandía que nos dejan con ganas de más.

 

Día 6: Viernes 19: SAINTE-MÈRE-ÉGLISE – MEDEMBLICK 815Km

Una vez más demostramos nuestra eficiencia a la hora de ponernos en marcha y a las 7’30 estamos en camino con el coche cargado. Sabemos que el tráfico se puede complicar mucha al cruzar Bélgica y Holanda y tememos llegar tarde al nuevo alojamiento. Ya nos han avisado que a partir de las 8 de la tarde no habrá nadie para darnos las llaves. No estamos por dormir en el coche.

A las 9,30 hacemos la primera parada todavía en Francia para tomar un café y la siguiente será para repostar en Lile, justo antes de cruzar la frontera. A partir de aquí comienzan las retenciones y dificultades de tráfico que tenemos que ir sorteando con el Google Maps. Menos mal que Andrea dispone de conexión a Internet ya que la información de tráfico resulta indispensable. Aun así, el nudo de carreteras que confluye en Amberes no tiene ruta alternativa y la hora de parón no nos la quita nadie. Justo antes de meternos en la cola paramos a comer en un área con mesitas y a nuestro lado se detiene un autobús lleno de jóvenes y no tan jóvenes que van de festivales y conciertos. Vemos como se hacen la foto de grupo y, al subir de nuevo, la música que llevan retumba en el área. Debe ser mortal viajar con semejante marcha.

Superada la cola vamos avanzando a buen ritmo e incluso en la circunvalación de Utrech y Amsterdam el tráfico fluye sin dificultad. Así conseguimos llegar a muy buena hora a nuestra casa en la urbanización De Vietlanden en Medemblick. La urbanización es preciosa, con canales de agua y jardines y, justo detrás de la casa un prado en el que a estas horas próximas al atardecer están pastando unos caballos.

El tiempo es algo lluvioso y el resto de la tarde se nos pasa descargando equipaje e instalándonos en esta amplia casa de dos pisos. El de arriba será enteramente para los jóvenes.

 

Día 7: Sábado 20: MEDEMBLICK- AFSLUITDIJK-MEDEMBLICK  130Km

Nos levantamos sin prisas. Yo salgo la primera a desayunar, disfrutando de las magníficas vistas al jardín, un remanso de paz. Cuando estamos listos, salimos de excursión a un Aldi cercano que traía ya localizado. Las existencias van escaseando.

Aparcamos y nos dedicamos a recorrer sus pasillos buscando novedades. No hay pan y enviamos a los jóvenes a un supermercado más grande que hemos visto justo al lado, llamado Deen. Al ir a pagar descubrimos que no aceptan tarjetas Visa ni Mastercard, debemos pagar en efectivo. Esto nos contraría un poco porque podemos quedarnos sin reservas si no encontramos un cajero. Cuando cargamos las compras en el coche vamos a buscar a los chicos para ver si el pago en el otro supermercado es más fácil y así en los próximos días decidir dónde hacer la compra, pero es exactamente igual. No acertamos a imaginar que problema tendrán los holandeses con el uso de tarjetas. Salimos resignados a buscar cajero.

Regresamos a casa por la costa para descubrir que la urbanización en la que vivimos está unos metros por debajo del nivel del mar. Esperemos que no se rompa el dique que forma la propia carretera. Toda la zona es muy tranquila con mucho verde y carril bici por todas partes.

Después de una sabrosa comida en casa y su pequeña sobremesa, en la que iniciamos los turnos de parejas de jóvenes encargados de recoger y poner el lavavajillas, hacemos nuestra primera excursión en tierras holandesas, visitando el dique Afsluitdijk de 32 kilómetros de largo. Construido entre 1927 y 1933, forma parte importante de las obras hidráulicas del Zuiderzee y une las provincias de Frisia y Holanda Septentrional. El dique, además, convirtió el mar de Zuiderzee en el lago IJssel, de agua dulce. Las obras hidráulicas del Zuiderzee se dividieron en dos fases. La primera fase consistió en construir una presa en el Zuiderzee para convertirlo en un lago de agua dulce. La segunda fase del proyecto fue el drenaje de la zona para recuperar tierra. Así se desecó la zona de la actual provincia de Flevoland. Hoy en día es más que una barrera contra las inundaciones, también es una autopista usada diariamente por miles de personas. Puedes ir de un extremo a otro con el coche, la bicicleta o andando, y disfrutar de la impresionante vista, con el Mar de Frisia a un lado y el lago IJssel al otro. A mitad de camino hay un monumento dedicado a Cornelis Lely. Él es responsable del proyecto de drenaje más grande que se haya visto jamás, también se puede subir a la torre de observación.

Al bajar del coche aparcado junto a la torre, nos sorprende un fuerte viento. Las normalmente tranquilas aguas del lago IJssel están hoy embravecidas y hacer fotos se vuelve complicado por la dificultad de posar, porque además de los pelos en la cara casi resulta difícil no tener los ojos entornados. Nos disponemos a cruzar la autopista por el paso elevado para acceder a la parte de dique que da al mar y casi da miedo el viento te lleve, al circular por la pasarela. Desde lo alto de esta se puede percibir más claramente las diferencias entre el nivel de las aguas entre el mar y el lago. Aunque hoy, con el oleaje tiene poco aspecto de lago. No permanecemos mucho tiempo en el otro lado de la carretera. No es cómodo deambular con este fuerte viento. Subimos después a la torre y allí vivimos una escena muy graciosa. Al otro lado de la autopista un grupo de japoneses están haciéndose fotos en distintas poses graciosas y nosotros, puestos los 6 en fila en el mirador, las vamos imitando, hasta que descubren nuestra presencia y comienzan a reírse y a actuar para nosotros, forzando posturas que debemos imitar. Finalmente nos hacen adiós con las manos y nosotros a ellos y, entre risas, nos disponemos a bajar.

Siempre que hemos estado en este lugar nos hemos hecho alguna foto en los pequeños embarcaderos de madera que dan al lago. Hoy están intransitables ya que con frecuencia se ven cubiertos por las olas por el mal tiempo. Sólo Ginés se atreve a pasar para hacerse una foto y pronto se unen a él Javi y Alfredo que casi a modo de reto se proponen llegar y volver sin mojarse. Allá van mientras Andrea les filma y yo les hago fotos en modo ráfaga para no perderme nada si finalmente les alcanza una ola. Javi, temeroso, llega y vuelve de inmediato, justo antes que una gran ola lo salpique todo. Pero Ginés y Alfredo, ajenos a todo temporal, permanecen al fondo posando como si tal cosa, esperando que les haga la foto. Cuando nos damos cuenta comenzamos a pedirles entre risas que vuelvan que se van a empapar. Inmortalizada la graciosa escena regresamos al coche para continuar recorriendo el dique hasta el final. Allí paramos en un área de descanso con mesitas a merendar, para descubrir que nos hemos dejado la merienda preparada en casa. Menos mal que estamos cerca y que nuestra siguiente visita va a ser Medemblik, el pueblo en el que vivimos. Así pues, pasamos por casa a merendar antes de ir al centro.

Ya en Medemblik aparcamos al final del puerto, cerca del castillo de Radboud. Un bonito edificio bien conservado que aún tiene su foso alrededor. Este castillo fue construido con fines de defensa o como refugio, nunca habitado por una familia noble, y en la actualidad es un museo al que no entramos porque además de no ser de nuestro interés, a estas horas de la tarde está cerrado. Después de rodearlo y hacer algunas fotos nos dedicamos a recorrer la zona, primero a este lado del puerto, después atravesando la calle principal que está completamente solitaria y los comercios ya cerrados, llegamos al otro lado del puerto y damos un paseo por el dique que bordea el agua.

Llegando de nuevo al parking Javi y Ginés consiguen un Pokemon al que también acuden a buscar un grupo de chavales en bicicleta. Luego, al marcharnos, están todos parados más allá y nos gritan que hay otro, avisándonos ¡¡Qué simpáticos!!

De regreso a casa comienza nuestra rutina de preparar cena, y después recoger por turnos, descargar las fotos y, en ocasiones, partida de cartas de los chicos.

 

Día 8: Domingo 21: MEDEMBLICK-AMSTERDAM-MEDEMBLICK  121Km

Hoy ha amanecido lluvioso y muy gris, pero tenemos comprada la entrada al museo de Ana Frank para las 11’30 y hasta el parking en el centro reservado y pagado, así que nos marchamos lo antes posible hacia Amsterdam.

La entrada se complica porque hay un puente de acceso en obras y tenemos que dar un rodeo poco claro, porque el navegador está empeñado en que vayamos por ese puente y no para de reconducirnos hacia él. Además, no para de llover y, en esta ciudad de tranvías y bicis, conducir es complicado. Finalmente llegamos a buena hora, aparcamos en el lugar reservado y salimos provistos de paraguas e impermeables dispuestos a dirigirnos directos hacia la casa de Ana Frank. Esperando para cruzar el primer semáforo, justo al ladito del parking, pasa un coche, pisa un charco y nos empapa a Ginés, Alfredo y a mí. Así que empezamos el día con los pantalones mojados. Aun así, no nos detenemos y continuamos hacia el museo, acertando a ver desde la incomodidad del paraguas esos preciosos canales y puentes tan característicos de esta ciudad.

Al llegar a la puerta del museo debemos esperar una media hora para que llegue nuestro turno (Las entradas, compradas previamente por internet son para una hora concreta). En ese breve tiempo para de llover y medio sale el sol haciendo necesario que nos quitemos los impermeables y prendas de abrigo que llevamos puestas pues enseguida comienza a hacer calor, Pero apenas estamos terminando de guardarlas comienza a llover copiosamente, tan repentinamente que en lo que tardamos a volver a abrir los paraguas estamos empapados. Entre agua y risas se hace la hora de entrar. No hay que hacer cola gracias a la cita previa. En la entrada nos dan bolsas de plástico para meter en ellas el paraguas y los impermeables empapados. Nos adecentamos un poco en el baño y nos disponemos a iniciar la visita que se hace por libre, aunque el recinto es tan pequeño que la “corriente” te marca el ritmo. La Casa de Ana Frank es un museo que narra una historia. Está situado en el centro de Ámsterdam y alberga el escondite donde Ana Frank escribió su famoso diario durante la Segunda Guerra Mundial.

Ana Frank era una niña normal a la que le tocó vivir una situación excepcional. Durante más de dos años, describió en su diario la vida cotidiana de su familia mientras se escondían de los nazis. El original del diario de Ana y otras de sus libretas se exhiben como parte de la exposición permanente de la Casa de Ana Frank. La colección y las exposiciones temporales se centran en la persecución de los judíos durante la guerra, el fascismo contemporáneo, el racismo y el antisemitismo.  

La casa cuyas estancias conocemos a través de la película El diario de Ana Frank está ahora completamente vacía de muebles por deseo de Otto, el padre de Ana, ya que quiere expresar con ese vacío la ausencia por la falta de las personas que vivieron allí. Quizá la soledad y vacío que dejaron. Pero hay fotos de la estancia amueblada para que los visitantes puedan hacerse a la idea.

Finalizada la visita se acerca la hora de comer y nos dirigimos a un Mc. Donald que tenemos localizado en el centro, justo al lado de la famosa plaza Dam, la más importante de la ciudad.  Después de comer parece que la lluvia ha cesado y nos disponemos a recorrer la ciudad. Desde la plaza Dam nos dirigimos en primer lugar al famoso Mercado de las flores en el que además de bulbos de tulipán y de otros tipos de flores, se pueden adquirir todo tipo de souvenirs de Holanda a buen precio. Pasamos un rato entretenido, compramos unos imanes y, como no, unos bulbos de tulipán y nos dirigimos callejeando por estas típicas calles con canales hasta el Rijksmuseum, al sur de la ciudad.

Llegando al museo vuelven a caer unas gotas y de nuevo estamos sacando los paraguas, pero dura poco. Atravesamos el museo por el pasaje interior donde un grupo de músicos nos deleitan un rato y continuamos hacia la plaza con intención de ver y fotografiar la letras “I amsterdam”. La decepción es mayúscula porque las letras están a tope de gente y es imposible hacerse una foto, pero es que además toda la plaza, que habitualmente es un remanso de paz con su césped y su estanque, está llena de puestecillos de feria y de gente por todas partes. Damos una vuelta pero nos marchamos enseguida hacia la zona de la plaza Rembrandt, Vamos buscando los canales típicos, más estrechos y pintorescos que recordamos de viajes anteriores para hacernos fotos.

Al llegar a la `plaza comenzamos a estar cansados y, tras picotear alguna de las provisiones que hemos traído nos dirigimos de regreso a la plaza Dam y al parking. Es un paseo considerable que damos disfrutando del gran ambiente turístico y comercial de la zona. Después queda el trayecto en coche hasta casa.

 

Día 9: Lunes 22: MEDEMBLICK- ALKMAAR- EGMOND AAND ZEE- MEDEMBLICK 88 Km

Javier y yo somos los primeros en bajar a desayunar. Como el día está muy lluvioso y gris decidimos no despertar a los jóvenes y dejarlos descansar. Podemos pasar la mañana disfrutando de la casa y su entorno y ver si entre tanto el clima mejora. Cuando desayunan deciden que es un buen día para grabar la película que han estado planeando, una versión fantasmal de “Quién vive aquí”. A nosotros nos hacen participar en el maravilloso papel estelar de arañar la puerta desde dentro (Y luego no se oye nada en la grabación). Pero pasamos todos un rato divertido, sobre todo viendo después el resultado.

Hay tiempo también para descansar junto al embarcadero, jugar alguna partidita o planchar ropa. Después de la comida la lluvia ha cesado y decidimos visita la ciudad de Alkmaar, conocida como “la ciudad del queso” por ser el principal centro de fabricación del país. El trayecto en coche hasta allí discurre por un paisaje muy holandés y bucólico con prados, vacas, canales y algún molino. Al llegar aparcamos sin dificultad en un subterráneo próximo al centro y nos disponemos a dar un paseo. El clima es muy agradable. Comenzamos por el museo del queso, pero no pasamos de la tienda porque están a punto de cerrar. El edificio que lo alberga es precioso, la llamada cámara del peso o balanza pública, antiguo establecimiento del mercado de quesos. En cada ciudad holandesa suele haber uno de esos ocupando un lugar destacado.

Desde la plaza parten canales que alternan con las calles en todo el casco antiguo dando un toque muy holandés con sus puentes levadizos. Damos un paseo haciendo fotos por alguna de las calles principales, pasando por el ayuntamiento hasta llegar a la iglesia de San Lorenzo. Aunque está cerrada, verla por fuera ya resulta impresionante ya que es enorme.

Tenemos ocasión durante el paseo de ver como un policía local que circula en bicicleta pone varias multas a motoristas que se saltan la prohibición de circular en las calles peatonales del centro. Terminamos la visita comprando un cartucho de patatas fritas, muy típico de esta zona y comiéndolo en un banco junto a un canal. Pronto se acerca un atrevido pato que se abalanza sobre las patatas en cuanto nos despistamos un poco.

Desde aquí nos dirigimos a la costa con la intención inicial de ver atardecer en el Atlántico, pero los días son todavía muy largos y no queremos perder nuestro ritmo de turistas madrugadores, así que solo nos quedaremos el tiempo suficiente para dar un paseo disfrutando de las vistas. Elegimos Egmond aan Zee, aparcamos muy cerca del paseo marítimo, a espaldas del faro y lo recorremos tranquilos. Hay una enorme playa de arena en la que están practicando windsurf sobre ruedas. El paseo se une a sendas que recorren las dunas que bordean la playa, pero nos adentramos poco en estas ya que el suelo es de arena de playa y no llevamos calzado adecuado.

Hacia la mitad del paseo una escalinata que da acceso a la playa forma unas enormes gradas en la que la gente se sienta a disfrutar de las vistas. Realmente nos hubiera encantado quedarnos a ver atardecer, pero estamos alejados de casa y llegaríamos muy tarde. Así pues, terminado el paseo, regresamos.

 

Día 10: Martes 23: MEDEMBLICK-VOLENDAM- MEDEMBLICK-MARKEN-MEDEMBLICK 200Km

Un día más somos muy madrugadores y llegamos a Volendam antes que las hordas de turistas. Aparcamos y, callejeando mientras disfrutamos de los bonitos rincones que forman los canales y las casas de madera de colores, llegamos a la calle principal, la que bordea la costa. Los establecimientos turísticos, están tan solo comenzando a tener vida. Están tan pegados unos a otros y tan abarrotados de productos para el turista que casi no da tiempo a mirar lo que ofrecen.

Volendam es una tradicional aldea pesquera. Es una de las pequeñas localidades más entrañables y visitadas de Holanda, de ella destaca su puerto, dotado de diversos restaurantes donde podremos degustar sabrosos platos de pescado, y desde el cual podremos acceder en barco hasta la entrañable isla de Marken, aunque actualmente también puede irse por la carretera del dique y este es el camino que hemos elegido hacer. Volendam es muy importante en cuanto a la pesca del arenque en el lago Ijssel y conserva para el turista muchas de las tradiciones, entre ellas el traje típico que con frecuencia llevan puesto algunos de sus habitantes, sobre todo en cualquier tipo de evento o festividad.

 Recorremos despacio las tiendas y compramos algún recuerdo, pero lo que sin duda más nos gusta es la quesería. Llegamos en el momento justo en el que reponen los platos de degustación y nos “ponemos las botas” probando todo varias veces. Como no queremos ir cargados, nos vamos a terminar de visitar el puerto y luego volvemos a comprar unos quesos que pensamos llevarnos. Así, al volver, aprovechamos para volver a degustar.

En el puerto hacemos fotos, disfrutamos de las vistas y de la compañía. Un enorme pájaro tipo garza se acerca volando a Javi mientras da de comer a los muchos patitos y pajarillos que andan por allí y le da un tremendo susto. Y es que, así volando con las alas extendidas, el tamaño del ave impresiona. Al final todo queda en unas cuantas fotos y unas risas.

Cuando nos damos por satisfechos con todo lo que hemos visto y comprado regresamos al coche y ponemos rumbo a Marken nos sin antes detenernos en una granja a la salida del pueblo para hacer una foto a un molino.

Desde esta mañana estamos también barajando la posibilidad de llevar el coche a un taller porque el coche avisa de que las pastillas de freno están muy desgastadas, pero vamos resistiéndonos a perder una mañana. Javier ha llamado al taller en España y le han dicho que desde que avisa el coche hasta que realmente se desgastan del todo pasa un tiempo considerable. Aun así, está con “la mosca detrás de la oreja” sufriendo cada vez que ha de frenar.

La entrada a la isla de Marken desde Monnickendam es un largo dique sobre el mar y aunque hay muchos merenderos, no hay una sola sombra. Es la hora de comer y hace demasiado calor para sentarse al sol. Así, buscando, buscando llegamos al aparcamiento a la entrada de esta pequeña ciudad. Incluso bajamos y nos adentramos en un paseo hasta el puerto, pero, viendo que no disponemos de un lugar agradable para comer, el calor que hace, la cercanía de nuestra casa y lo mal que íbamos a disfrutar de este pueblo así, cambiamos de idea y nos vamos a comer a casa. Ya volveremos por la tarde.

Así lo hacemos y resulta una idea genial. Nos duchamos, comemos con comodidad e incluso hacemos una pequeña sobremesa. Luego, con mucho menos calor y bastantes más ganas de hacer turismo, regresamos a Marken. La entrada hasta la isla es muy bonita porque la carretera parece surcar las aguas que nos rodea a ambos lados. Hasta 1957 estaba a 2’5 Km. de la costa. Hoy en día se haya unida por este dique sobre el que discurre la carretera, considerándose una península.

Después de aparcar nos dirigimos caminando hasta el puerto. Lo cierto es que se nos ha hecho algo tarde en la indecisión de comer aquí o no esta mañana y la vida turística de este pequeño pueblo se ha visto muy reducida. Ya han cerrado los puestos de pescado frito y casi no hay gente deambulando. Por otra parte se saborea mucho más el auténtico ambiente de aldea pesquera y la luz de la tarde le da un color especial a todo. Llegamos paseando por el dique hasta la entrada del puerto junto a un pequeño faro. Se puede apreciar a lo lejos en la línea de la costa la ciudad de Volendam que hemos visitado esta mañana, incluso llega todavía algún barco desde allí.

Uno de los puestos que alcanzamos a ver abierto hace unos pequeños crêpes muy curiosos que no tardamos en probar. Están buenísimos. A falta de pescado, mejor el chocolate, Y una vez sacado todo el partido posible a este pintoresco puerto decidimos adentrarnos por las calles, entre las tradicionales casas de madera pintadas en color verde.

En sus orígenes, en el s XIII los monjes de Frisia se asentaron en la isla. Su principal medio de subsistencia eran la agricultura y la ganadería. Con el fin de proteger del agua se construyeron diques alrededor y las casas sobre los puntos más elevados.  Los residentes de Marken se dedicaron a la pesca desde el siglo XIV hasta la construcción del Afsluitdijk en 1932 que significó el fin de esta fuente de ingresos y cambió la forma de vida de cientos de poblaciones de Holanda. La antigua aldea de pescadores se convirtió en una importante atracción turística. Los trajes de época y las características casas de madera sobre pilotes tuvieron una gran importancia. Los habitantes de Marken tiene su propia identidad, resultante del aislamiento de los isleños en el pasado. Como consecuencia hablan su propio dialecto, el “Markens”.

Es un pueblo poco habitado y muy tranquilo, Sus casas prácticamente iguales entre si están rodeadas de jardines, canales y puentes de madera. De vez en cuando hay animales disfrutando del  verde pasto que las rodea. Todo parece de postal. Nosotros nos entretenemos con un gatito y nos hacemos una buena sesión de fotos antes de regresar al coche y a casa.

Una cosa que nos llama mucho la atención es la cantidad de telarañas que hay por toda Holanda, las farolas, carteles, vallas, parecen abandonadas. Y finalmente hemos descubierto la razón. La gran cantidad de agua de este país hace que abunden los mosquitos y las arañas son una forma natural de terminar con ellos. Muy ecológicos los holandeses.

 

Día 11: Miércoles 24: MEDEMBLICK – EDAM – ZAANSE SCHANS – MEDEMBLICK – GIETHOORM – MEDEMBLICK 345Km.

Hoy nos tocaba una visita que nos hacía mucha ilusión: el mercado de quesos de Edam. Con nuestra agilidad destacada en este viaje llegamos antes de la hora de comienzo, encantados porque seguramente podremos coger un buen sitio para verlo bien. Además, aparcamos en una calle cercana al centro sin necesidad de parking.

Todo va perfecto, sólo que según nos vamos acercando vamos viendo atracciones de feria en cada plaza y vamos temiéndonos lo peor, que se ve confirmado al entrar en la plaza del mercado y ver también allí “el pulpo”. No hay gradas, ni quesos, ni personas ataviadas con las vestimentas medievales. Muy raro.

Entramos en la “casa de pesas” y nos confirman que por fiestas locales esa semana no se celebra el mercado. El caso es que en la web no lo pone y, como nosotros, aparecen poco a poco montones de turistas preguntando. Por hacer algo llenan las tiendas de quesos. Quizá por eso no lo han anunciado.

Desilusionados pasamos rápidamente al plan B y nos marchamos a la aldea de Zaanse Schans. Con sus casas tradicionales, molinos, almacenes y talleres, nos ofrece una impresión de cómo era la vida en el área del Zaan en los siglos XVIII y XIX. En aquellos tiempos, el Zaan era una importante región industrial en la que cientos de molinos ayudaban a producir aceite de linaza, pintura, rapé, mostaza, papel, y mucho más. Muchas de las casas características de esta zona se han convertido hoy en museos, tiendas, o talleres que muestran oficios tradicionales, mientras que otras han conservado su condición de residencias privadas.

Nosotros comenzamos la visita por la fábrica de zuecos donde nos hacemos numerosas fotos con unos ejemplares gigantes que hay en la calle, desde allí pasamos a la panadería y vamos recorriendo el paseo entre molinos y granjas, haciendo numerosas fotos. Dejamos para el final la quesería porque todavía no tenemos hambre para la degustación y la disfrutamos enormemente. A todos nos encanta el queso, pero hoy no compramos nada.

Poco a poco vamos regresando al coche y a casa. Hoy tenemos muy claro desde el principio que volvemos a comer “como los señores”.

Después de la comida nos animamos a visitar la ciudad de Giethoorn después de muchas dudas y deliberaciones. Nunca hemos oído hablar de ella en una guía turística de Holanda, ni la visitan los viajes organizados y además queda un poco lejos. Pero últimamente circulan por internet vídeos promocionales que la describen como el pueblo más bonito de Holanda. Lo cierto es que la historia despierta nuestra curiosidad.

Ahora, después de volver, he de decir que lo mejor de la tarde fue el viaje en sí, sobre todo cruzar el Houtribdijk, Este dique interior, de 30 km de longitud, se construyó entre 1963 y 1975 y une las ciudades de Enkhuizen y Lelystad, una de las nuevas ciudades fundadas sobre un Pólder.

La primera cosa que nos llamó la atención al dejar atrás Enkhiuzen fue descubrir que lo cruza un naviducto (un puente para barcos). Vas con el coche y por encima te pasa un puente-tubería por el que navegan barquitos… alucinante, concretamente el Naviduct Krabbersgat, una de esas maravillosas obras de ingeniería de Holanda.

Holanda es un país en eterna lucha contra el agua, aunque poco a poco el hombre se ha ido imponiendo a la naturaleza y el prodigioso sistema de diques y esclusas han conseguido lo imposible: que exista tierra donde no debería existir. Y uno de los mejores lugares para darse cuenta de esto es este dique que divide en dos el IJsselmeer o mar interior holandés y por el que discurre una increíble carretera que parece flotar sobre el agua. Similar al Afsluitdijk, que separa el IJsselmeer del Mar del Norte y nosotros visitamos el otro día. Sin embargo, el paseo por esta carretera puede resultar más agradable, te sientes más “en medio del agua”. El dique es en realidad una presa que regula el nivel de las aguas del llamado Markermeer, la sección del IJsselmeer que queda al sur, impidiendo que las mareas inunden las ciudades del norte de la península de Holanda, entre ellas la propia Amsterdam.

En cada uno de sus extremos, tanto en el puerto de Enkhuizen como en el de Lelystad, se encuentra un puente levadizo que interrumpe el tráfico y permite el paso de los barcos y, justo a mitad de trayecto, la carretera se ensancha para formar una isla artificial que acoge un puerto de emergencia, el Trintelhaven. Allí hay una zona de aparcamiento, un restaurante llamado Checkpoint Charlie y una desconcertante estatua de metal donde se ve a un hombre gigante en cuclillas, observando fijamente y meditando sobre el mar 

También hay grandes centrales eólicas que da un aspecto muy holandés al paisaje. Enormes molinos muchas veces plantados dentro del agua.

Después de este grato pero largo recorrido, llegamos a nuestro destino y la aldea que aparece en todos los vídeos y fotografías no se ve por ningún lado. Aparcamos. Buscamos, miramos en los mapas, ¡¡Al final es el Pokemon Go de Javi el que nos indica su ubicación!! Hay un largo paseo junto a un canal lleno de empresas que alquilan botes, antes de llegar a la parte pintoresca. Y, una vez allí descubrimos que es poco más que una larga calle-canal bordeado a ambos lados por lujosos chalets con preciosos jardines y con un gran tráfico de barcos que no siempre son conducidos por marineros expertos. Nosotros consideramos el alquilar uno, pero no terminamos de estar animados y nos conformamos con pasear junto al canal y hacer fotos.

Nosotros habíamos leído sobre Giethoorn que fue fundada por fugitivos de la región del Mediterráneo alrededor de 1.230, creado sobre turba y entre diferentes lagos y que para transportar la turba fueron cavados canales y acequias. De ahí que las casas parezcan construidas sobre islas pequeñas a las que sólo se puede acceder a través de puentes. La mayoría de los más de 176 puentes fueron construidos por los propios vecinos para poder comunicar sus casas con las calles adyacentes. También que, en la parte vieja de la villa, no hay coches y todo el transporte es realizado principalmente sobre el agua de los canales de la ciudad utilizando unas embarcaciones similares a las góndolas llamadas “punter”, impulsadas por unos largos palos llamados “punterboom” al estilo de las verdaderas góndolas venecianas. Todo esto la hacía parecer quizá más especial de lo que en realidad es. De ahí el desencanto.

Lo que si nos gustó y mucho fueron las fiestas locales ya que pudimos asistir a una carrera, basada en distintas pruebas que superar en equipo por la gente del pueblo. Vimos un equipo masculino y otro femenino, que fue el ganador en un emocionante final. La competición nos recordó a las que salen en las películas americanas que hacen los granjeros y resultó muy entretenida.

Para regresar a casa elegimos el trayecto del norte cruzando por el otro dique, el Afsluitdijk. Llegando a él se aprecia frente a nosotros un atardecer espectacular pero el sol termina de ponerse antes que lo alcancemos y podamos verlo en el mar.

Hoy llegaremos más tarde que ningún día, pero mañana no saldremos demasiado pronto porque Javier ha concertado cita en un taller del pueblo para cambiar las pastillas de freno. Ya es nuestro último día en Holanda y con un fin de semana por delante no se fía de esperar y que la cosa empeore en París.

 

Día 12: Jueves 25: MEDEMBLICK – AMSTERDAM – MEDEMBLICK 121Km

Antes de las 9 de la mañana ya está Javier con su bici tocando a nuestra puerta. Nos ha traído el pan con este típico vehículo de sustitución. Supuestamente la reparación debía estar hecha a las 9 pero se han equivocado al pedir las piezas y nos va a tocar esperar hasta las 10. Hoy vamos a Amsterdam con intención de hacer la visita guiada y ya queda descartada la de las 11. Será la siguiente, que no tenemos muy claro si sale a la 1 o a las 2.

Llegamos a Amsterdam y nos encontramos con un aplastante calor de más de 30º ¿Dónde está la lluvia y el fresco de hace cuatro días? Ya lo echamos de menos.

Solo llegar desde el parking, que reservamos ayer por internet, hasta la plaza Dam ya es una pequeña tortura de calor. Vamos buscando la sombra desesperadamente. En la plaza no encontramos ninguna información sobre el horario de los tours y decidimos salir a hacer fotos por los canales, pero no nos alejamos ni tres manzanas cuando decidimos volver e ir al Mc Donald que tiene aire acondicionado. El calor no nos produce ningunas ganas de hacer fotos y, además, habrá que comer algo si la visita sale a la 1, porque dura dos horas. No sabemos muy bien si llamarlo almuerzo o comida, si comer en serio o un picoteo, porque además llevamos un pequeño bocadillo cada uno. Al final cada uno hace lo que le parece y hacia la una salimos a la plaza buscando nueva información. Está vez los paraguas rojos han invadido los pies de la estatua central. Nos dan número de reserva pero nos dicen que la visita no comienza hasta las dos. Nos metemos en las tiendas turísticas de los alrededores a hacer tiempo hasta que finalmente se forma el grupo y nos ponemos en marcha.

La visita comienza por el barrio rojo, seguido del barrio chino y el barrio judío. Esta zona resulta interesante y aprendemos detalles nuevos que no conocíamos, pero poco a poco comienzan las incesantes charlas sobre los pueblos que conviene visitar alrededor de Amsterdam, museos, etc… que a nosotros poco nos interesa ya que acabamos de hacer las visitas en estos días. El calor tampoco ayuda y comienza a ser pesado. La parada en una cafetería-restaurante se agradece enormemente y desde ahí la visita al Begijnhof, antiguo convento de las monjas Beguinas construido como un pequeño pueblo, actualmente habitado por mujeres solteras de bajos recursos resulta algo más interesante, y poco a poco, atravesando el hall del Amsterdam Museum, del que sobre todo agradecemos el aire acondicionado, vamos llegando por los bonitos canales hasta las proximidades de la casa de Ana Frank donde termina la visita.

La prometida degustación de quesos termina siendo tan solo un pedacito para cada uno que nos saca el guía en un plato, y sus comentarios sobre la casa de Ana Frank algo desafortunados en nuestra opinión. Ha resultado sin duda alguna la visita guiada menos interesante que hemos realizado nunca y además bajo un achicharrante calor en horas de siesta, pero hemos aguantado como valientes y hasta hemos dado su propina al guía, aunque solo sea por la caminata bajo el sol. Únicamente sacamos un par de nuevas informaciones desconocidas sobre el periodo de ocupación nazi de Holanda. La primera que fue una ocupación pacífica. Más por asegurarse el control de la costa que por tener algún interés en el país. La única ciudad bombardeada fue Rotterdam por un intento descubierto de unirse al mejor postor. Ahora entiendo porque no me gustó nada cuando la visité. Está totalmente reconstruida y queda poco de su estilo original. La otra es que los habitantes de Amsterdam se manifestaron en contra del asalto nazi al barrio judío, cosa que no se hizo en ninguna otra ciudad de Europa. No les sirvió de nada pero les honra o así lo ven ellos.

Terminada la visita compramos agua helada y nos sentamos a la sombra. La cabeza nos pide quedarnos a disfrutar más de esta bonita ciudad y hacer fotos hoy aprovechando que no llueve, pero estamos agotados por el calor y la caminata y el cuerpo nos pide marcharnos. Finalmente, Andrea y yo hacemos una pequeña escapada fotográfica mientras los demás esperan sentados y cuando regresamos nos vamos marchando a por el coche y a casa.

Hoy toca hacer las maletas y recoger todo. Mañana nos marchamos a Paris.

 

Día 13: Viernes 26: MEDEMBLICK-DISNEYLAND PARIS 588Km

Madrugamos mucho porque viniendo las colas a la altura de Amberes eran muy largas y quisiéramos evitarlas. No nos sale muy mal, pero las que nos hemos evitado aquí nos esperan llegando a París. Estamos dudando si comer o no pero finalmente aguantamos hasta llegar al rancho en Disney. Menos mal que no nos ponen ningún problema para entregarnos las llaves de nuestra cabaña en el momento y así podemos comer allí. Pero, la cola en recepción es larga y, entre unas cosas y otras, lo hacemos a las 4. Eso sí, todo queda instalado y listo en poco tiempo.

Nos da tiempo a estrenar la piscina antes de marcharnos al parque provistos de la cena. Nada más llegar nos encontramos en la misma plaza del castillo a los Gras Brufal al completo ¡Que ilusión! Rosa está muy sorprendida al vernos. Nos esperamos con ellos a ver pasar la carroza de Frozen pero después, como se van a buscar un lugar donde cenar, nos marchamos nosotros a visitar Phantom Manor antes de volver a la plaza para cenar mientras esperamos allí sentados el inicio del espectáculo Dream. Hoy venimos dispuestos a dedicarle tiempo para verlo bien y así no tener que hacerlo en días posteriores en los que terminaremos agotados de estar todo el día recorriendo el parque. Todavía los chicos se van a Space Mountain y llegan con tiempo de sobra para cenar. Yo he trabado amistad con mi vecinita. Una niña alicantina muy graciosa con la que paso el tiempo de la espera.

Podemos ver todo el espectáculo sentados ya que la gente parece haberse puesto de acuerdo en no levantarse. Nos resulta tan maravilloso como siempre. Realmente es un impresionante despliegue de medios elaborado con muy buen gusto.

A la salida no conseguimos ver a los Gras Brufal pese a que les esperamos un buen rato en la esquina en la que habíamos quedado. Al parecer, me explican cuando les telefoneo, se han tenido que marchar porque Rosa se ha quedado dormida y me han enviado un whatsapp avisándome, sin saber que no tengo Internet aquí.

Nos marchamos a descansar con muy buen sabor de boca. Para nuestra primera tarde aquí no ha estado nada mal.

 

Días 14 a 16: Sábado 27 a Lunes 29. DISNEYLAND PARÍS Y ETAPA A CLERMONT-FERRAND 448 Km

Estos tres días los dedicaremos a recorrer todas las atracciones de los parques, más abundantes en esta ocasión en el walt Disney Studios, debido a las numerosas reformas que se están haciendo en el Disneyland por la proximidad al 25 aniversario. También buscaremos el momento de callejear por las tiendas del Village. Entraremos cada día a las 9 para aprovechar las horas extra y poder subir a nuestras atracciones favoritas con menos cola. El primer día a Ratatuille que nos encanta y repetiremos días más tarde y el segundo día a Nemo, entrando a la carrera después de ver, por primera vez, como se abrían las puertas del parque. Cada día, después de aprovechar bien la mañana, hemos salido a comer al Mc Donald del Village y después nos hemos ido al rancho a descansar y/o bañarnos en la piscina, antes de regresar de nuevo con nuestros bocadillos de la cena. Con Carlos y Gloria hemos coincidido en varios momentos, pero no hemos conseguido llegar ajustar nuestros ritmos.

El último día nos damos el regalo de comer fajitas y esperamos hasta la cabalgata de la tarde que todavía no hemos podido ver, antes de iniciar el regreso a Clermont-Ferrand donde haremos noche.

 

Día 17: Martes 30 CLERMONT-FERRAND – MONFORTE DEL CID 1130Km

Hoy toca regreso a casa. Desde Clermont-Ferrand iniciamos el regreso a buen ritmo, disfrutando como siempre de la convivencia en el coche, las bromas, la música y las fotos. No nos detenemos en viaducto de Millau a pesar de que Alfredo no ha estado aquí nunca porque se aprecia muy bien desde la carretera y no es tiempo de descanso. La parada a comer la hacemos en Girona, en el Mc Donald de un centro comercial de Salt. Desde aquí ya poco que contar salvo continuar con el viaje sin más incidencias hasta Alcira, donde dejamos a Alfredo y llegar a casa donde vendrán los padres de Ginés a recogerle. Mañana recogeremos a Balú y todo volverá a la normalidad.