Primavera en la Toscana

INTRODUCCIÓN

Este viaje ha sido una escapada de tan solo 4 noches, entre el 21 y el 25 de junio de 2018, durante el puente de San Juan, con nuestros hijos de 20 y 22 años.

Hemos volado desde Valencia a Pisa y allí hemos alquilado un coche para movernos por toda la Toscana, teniendo como centro nuestro alojamiento en Santa Croce Sull’Arno.

 

 

PROYECTANDO EL VIAJE

El año pasado, en este mismo puente de junio, Javier y yo pasamos unos días en Italia, concretamente en el lago di Garda y Verona y poco antes, en Semana Santa, visitamos Roma con Javi. Fueron viajes muy especiales. Italia nos encantó. Pero a esos viajes no pudimos ir los cuatro porque Andrea, en su último año de carrera, estaba muy liada con los estudios. Por eso, al encontrar un vuelo a Pisa con buen precio que se ajustaba bien en horario y días a nuestras vacaciones, que además salía de Valencia y que este año ya no coincidía con exámenes, decidimos aprovecharlo.

La Toscana era además una asignatura pendiente. Nuestros hijos no la conocían y nosotros muy poquito. Era un viaje que teníamos en mente desde hacía tiempo, que habíamos pensado hacer en varias ocasiones: para alguna Navidad, para Semana Santa, en coche, en avión…. Pero no había llegado el momento hasta ahora.

Por todo ello no tuvimos que pensarlo mucho y nos animamos enseguida a comprar los vuelos. A partir de ahí, comenzamos a planificar cada detalle y a esperar con ilusión a que llegara el día de viajar.

 

PREPARATIVOS

Sin perder de vista nuestro modo habitual de organizar una escapada, detallaré aquí las opciones elegidas en esta ocasión:

Vuelos: Vuelo directo de la compañía Ryanair Valencia-Pisa de ida y vuelta. Si bien en la ida no surgió ningún contratiempo, en el regreso sufrimos un retraso de más de 3 horas. Teníamos muy reciente un retraso similar en un vuelo desde Budapest en Pascua de este mismo año, pero la situación, aunque igual de fastidiosa o incluso más aún por ser la segunda vez en unos meses, no se pareció en nada.

  • En Budapest el aeropuerto es grande y espacioso lo que hizo más llevadera le espera, en Pisa estábamos hacinados en una pequeña sala de embarque con demasiada gente, mucho calor y pocos servicios.
  • En Budapest la compañía se disculpó y nos repartió un tentempié a todos, aquí nada de nada.
  • El vuelo de Budapest se retrasó por una huelga de controladores aéreos en Paris y esto eliminó el derecho a reclamación. En el vuelo de Pisa no había ningún motivo de esta índole y, al llegar a casa, reclamamos y recibimos una indemnización. Para no liarnos nosotros mismos sin saber ni cómo hacerlo decidimos probar con la empresa El reclamador a sabiendas de que si salía bien se quedarían con un 25%. La verdad es que mereció la pena y quedamos muy contentos.

Parking: Para dejar nuestro coche en el aeropuerto de Valencia durante el viaje, elegimos un parking de larga estancia privado, pero no nos gustó demasiado e incluso creemos que rozaron una puerta y no dijeron nada.

Traslados: A través de la página Carflexi.com alquilamos un coche de la compañía Maggiore para recoger y devolver en el aeropuerto. No tuvimos ningún problema.

Alojamiento: Alquilamos un pequeño pero bonito apartamento a través Airbnb en Santa Croce Sull’Arno, el llamado AZU de Tuscania Apartments. La anfitriona, Azzurra, fue muy amable y la casa cubrió todas nuestras expectativas. Era un piso en un edificio antiguo restaurado, muy luminoso y bien decorado, cuyos balcones daban a la plaza del pueblo. Lo único a lamentar es que sólo tenía una habitación y hubo que usar el sofá cama, cosa que siempre suele ser un problema, pero lo sabíamos antes de partir.  No tenía aparcamiento, pero la propietaria nos indicó una plaza muy cercana en la que siempre había sitio. Quedamos muy contentos.

Seguro de viaje: Únicamente solicitamos la Tarjeta Sanitaria Europea en las oficinas del INSS, antes de partir, pero no necesitamos hacer uso de ella en ningún momento.

 

INFORMACIÓN TURÍSTICA Y PRÁCTICA

Para informaciones turísticas generales sobre la región de la Toscana consultamos dos páginas web: Visittuscany  y  Turismo Toscana.  Además, para ciudades o visitas concretas fuimos mirando en estas otras páginas:

Tradiciones y festividades:

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Como informaciones prácticas necesarias para moverse en coche por Florencia os dejo estos enlaces de interés:

  • Buscar aparcamiento en Florencia.
  • Plano de la zona limitada al tráfico en la ciudad de Florencia

 

EL VIAJE DÍA A DÍA

DÍA 1: JUEVES 21 JUNIO: LLEGADA A LA TOSCANA

A media mañana nos desplazamos hasta Valencia donde ya tenemos reservada una plaza en un parking de larga estancia. Desde allí, ellos mismos se encargarán de llevarnos al aeropuerto. Nuestro vuelo con destino a Pisa sale a las 17:40 y hemos llegado con tiempo de pasar los controles y esperar sin prisas el momento de embarcar. Cuando nos dirigimos a la cola de embarque descubrimos que unos amigos de mi hermana viajarán con nosotros y paramos a saludarlos. Comentamos nuestros viajes: Ellos van a pasar estos días en Florencia a la que se desplazarán en tren desde el aeropuerto de Pisa, nosotros tenemos un coche alquilado para llegar a nuestra casa en un pueblo de la toscana desde donde tenemos pensado recorrer toda la región.

Pronto estamos en el avión, distraídos con nuestras músicas, juegos o películas, pero volvemos a encontrarles en el aeropuerto al desembarcar y nos despedimos deseándonos mutuamente una buena estancia.

Recogido el equipaje vamos a por nuestro coche de alquiler. No tenemos tiempo que perder porque ya tenemos localizado aquí cerca un supermercado y necesitamos hacer la compra antes de que cierren, incluso sin haber ido todavía a nuestro apartamento. Si no llegamos a tiempo no tendremos ni siquiera desayuno para mañana.

Conseguido nuestro propósito continuamos hasta Santa Croce Sull’Arno el pueblo en el que tenemos reservado un apartamento a través de Airbnb. Como el apartamento está en el centro, en la plaza de la iglesia, acceder con el coche, o mejor dicho aparcar, no es fácil, por eso lo dejamos en una plaza cercana y vamos caminando los metros que nos faltan. La primera impresión es muy grata, una casa tradicional con una enorme puerta de madera y escaleras antiguas pero cuidadas. También el piso nos agrada mucho, tal como nos pasó con las fotos.

Estar en él nos hace sentir en una película típica de la Toscana, los balcones del comedor, con contraventanas tradicionales de madera laminada, dan a la plaza donde hay montado un escenario y niños correteando. Sobre la mesita de la cocina una botella de vino espera a ser descorchada, y el resto, decorado en blanco con aspecto acogedor y un toque vintage es todo lo que esperábamos. Lástima que es de una habitación y a Andrea y Javi les va a tocar sofá cama, algo que nunca es muy confortable. Como pasa siempre en estos casos, terminarán con el colchón en el suelo.

Despedida la anfitriona, descargadas las maletas y aparcado el coche en un solar cercano que nos han indicado, nos instalamos y nos disponemos a cenar. En ello estamos cuando para mejorar esta noche que tan bien ha comenzado, comienza a sonar la música en la plaza. Hay una especie de festival con actuaciones que parecen de grupos locales o incluso escolares. Nosotros con la ventana entreabierta disfrutamos enormemente de sentirnos en Italia.

 

DÍA 2: VIERNES 22 JUNIO: PISA-SAN GUIMIGNANO

Lo primero que hacemos hoy, tras el desayuno, es poner rumbo a la cercana ciudad de Pisa. Javier y yo estuvimos aquí hace muchos años en una rápida escapada desde Florencia y únicamente visitamos la Piazza dei Miracoli, atraídos por la posibilidad de ver la famosa torre inclinada.

Aunque no visitamos nada más de la ciudad de Pisa, cosa que hoy queremos remediar, lo cierto es que guardo un especial recuerdo, una imagen quedó grabada en mis retinas, de esas que suceden viajando cuando menos te lo esperas solo por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado. Recuerdo que era un día lluvioso de cielo muy gris. Hacía mucho frío y en las fotos aparecemos bien abrigados. Debimos aparcar el coche de alquiler fuera de la muralla, eso no lo recuerdo, pero si recuerdo el momento en el que al cruzar la puerta de este enorme muro de piedra tuvimos ante nosotros la vista completa del conjunto de edificios que forman parte de la Piazza dei Miracoli, con la torre inclinada al fondo de todos ellos ¿Y por qué fue tan especial? Cuestión de luces. La lluvia había empapado los edificios, todos ellos de mármol blanco e impresionaba el contraste sobre el cielo gris plomizo. Aquella primera imagen será como lo recuerde desde entonces.

Hoy accedemos a Pisa por el sureste, bordeando el río Arno y adentrándonos después hacia la puerta de la muralla que atravesamos en el pasado y que lleva directamente a la plaza más famosa de la ciudad. Al acercarnos comenzamos a ver miles de turistas cruzando la calle o frecuentando los puestos de souvenirs que llenan el espacio al lado de la muralla y en la misma entrada. Justo enfrente tenemos localizado un parking público de pago al aire libre y hacia él nos dirigimos. Pronto estamos aparcados y dispuestos a recorrer cada rincón de Pisa, uniéndonos a la masa de turistas que siguen nuestros mismos pasos. He de decir que hoy, a diferencia de aquella primera vez, hace bastante calor y está previsto que las temperaturas vayan subiendo durante el día.

Yo ando impaciente por llegar y cruzar la puerta para ver si la imagen es tan impresionante como la recuerdo. Para empezar, cuesta encontrar un lugar en el que poder ver el conjunto de edificios sin que se te ponga nadie delante porque la mayoría de visitantes, según entran paran para hacerse una foto y apenas hay un rincón en el que posar solo. Esto nos chafa un poco esa primera visión y, desde luego, el día despejado y soleado que hace hoy no se parece en nada a lo que recuerdo. Pero, pese a todo, he de decir que es una construcción espectacular en su conjunto y los edificios blancos destacando sobre la verde esplanada de césped a la que, por suerte, no pueden entrar los visitantes, está dotado de una gran armonía. Curiosamente, a pesar de los cientos de visitantes, produce sensación de serenidad.

El conjunto arquitectónico está formado por la catedral de Santa María Asunta, el baptisterio, el campanario (la famosa torre inclinada de Pisa) y el camposanto, junto a la muralla medieval que protegía la ciudad. Nosotros venimos con intención de visitar la catedral y el baptisterio. Hemos desestimado subir a la torre por las colas y porque pensamos que lo bonito es verla desde fuera, una vez arriba lo que vemos es la ciudad desde el aire y pensamos que no nos compensa el tiempo dedicado en la espera, menos aun con el calor que va haciendo.

Tickets en mano nos dirigimos al duomo, la catedral románica con planta de cruz latina, iniciada por el arquitecto Buscheto en el 1.063 y finalizada por Rainaldo. Se consagró en el 1118 cuando aún quedaba por concluir la fachada que descansa en tres niveles con arcadas ciegas de mármoles de diverso tipo. En su interior el púlpito fue esculpido por Pisano a comienzos del siglo XIV, y es considerado una joya del gótico.

También del interior de esta catedral guardo muy bien recuerdo y por ello tenía interés en volver a entrar. En mi primera visita de hace años llamó mucho mi atención ver un estilo románico decorado en mármol ya que la imagen de iglesia románica que tenemos aquí en España es de sencillas iglesias de piedra.

Después de la visita a la catedral nos dirigimos al baptisterio ubicado justo enfrente. Es un edifico de planta circular de grandes dimensiones coronado por una enorme cúpula. Principalmente es de estilo románico, pero tiene algunos elementos decorativos del primer gótico en el segundo y tercer nivel del exterior. Una vez en el interior impresiona su tamaño que recuerda al Partenón de Roma. Además de visitar la planta baja, accedemos por una escalera a la galería superior por cuyas ventanas tenemos interesantes vistas de la catedral y la torre inclinada.

Cuando salimos de nuevo al exterior decidimos ir hacia la torre para verla más de cerca, antes de dirigirnos al centro de la ciudad. Esta torre, símbolo de Pisa, con 58 metros de altura tiene una inclinación de 5 metros con respecto al eje perpendicular. Sus seis pisos fueron levantados con gran esfuerzo durante doscientos años, ya que en varias ocasiones hubo que interrumpir su construcción por el hundimiento del terreno y los problemas de estabilidad que provocaba.

Finalizada finalmente a mediados del siglo XIV, iba escorándose un par de milímetros por año, por lo que para mediados del siglo XXI podía desplomarse. La progresiva inclinación sólo se trató con éxito cuando el peligro de derrumbe obligaba a intervenir. En 1992 se cerró hasta 2001 para llevar a cabo un proyecto de compactación del terreno que evitara las infiltraciones de agua que recuperó 40 cm de inclinación. Gracias a ello podemos hoy disfrutar de tan artística creación y nos dedicamos a fotografiarla desde todos sus ángulos. 

Tomamos la concurrida Vía Santa María animada con múltiples terrazas de trattorias, cafeterías y heladerías que alternan con tiendas de recuerdos turísticos. Están bastante llenas porque se acerca la hora de comer. También nosotros vamos pensando en buscar un lugar para hacerlo mientras nos desviarnos hacia la Piazza dei Cavalieri. Además de querer disfrutar de las históricas fachadas de sus palacios. entre los que destaca el Palazzo dell’Orologio (Palacio del Reloj) nos han recomendado en la zona un pequeño restaurante con mesitas en la calle que merece la pena.

La situación se complica porque vamos teniendo más hambre, cada vez más calor y el sitio no aparece. Los locales y terrazas que vemos o están al sol o están completos. Y como los planes están para cambiarlos y realmente estamos satisfechos con lo que hemos visto de la ciudad, decidimos marcharnos a comer a casa. Está cerca y nos permitirá darnos una ducha y reponernos antes de seguir con este duro oficio de turista.

Dicho y hecho. Deshacemos nuestros pasos para dirigirnos al parking, no sin antes sacar unas cuantas fotos más en la Piazza dei Miracoli, y nos ponemos en camino hacia Santa Croce Sull’Arno. Antes de legar hacemos una parada en un supermercado sonde nos abastecemos de pasta fresca y algunas salsas. Ya que no hemos podido comer en un restaurante italiano, intentaremos acercarnos lo más posible a la idea original. Realmente, frescos y repuestos, la pasta nos sabe a gloria, acompañada con el vino toscano que la anfitriona nos dejó en la cocina. Después, mientras Javi y Andrea descansan un poco nosotros salimos en busca de café que encontramos en uno de los bares de la plaza.

De vuelta al piso toca decidir si continuar con Pisa o tomar otro destino. Por unanimidad decidimos adentrarnos en la Toscana y visitar alguno de los pueblos amurallados que tenemos anotados.

En cuanto dejamos la autopista el paisaje comienza a ser de libro, las suaves colinas verdes con caserones diseminados, los viñedos, la serenidad… Todo es muy bonito y las vistas amenizan nuestro recorrido hasta San Guimignano, el primer destino elegido.

Según nos vamos acercando, el perfil de sus numerosas y altísimas torres medievales destacando sobre la muralla se va haciendo visible, dándole un aspecto de fortaleza inaccesible.

Aparcamos en uno de los espacios preparados para ello fuera de la muralla y accedemos a la ciudad por la Porta San Giovanni, con un característico arco ojival. En cuanto cruzamos la puerta nos trasladamos en el tiempo, viajando 900 años atrás, por suerte seguirá siendo así gracias a la concesión hace unos años del título de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Nos adentramos callejuela arriba, sin perder detalle de lo que nos rodea y haciendo fotos a cada paso, hasta llegar a la entrada de la plaza más famosa de la ciudad, la Piazza della Cisterna, custodiada por la torre dei Becci. Cada rincón es de cuento y estamos enormemente contentos de haber elegido esta visita para la tarde de hoy.

En la plaza paramos a degustar unos buenísimos helados italianos antes de continuar recorriendo cada calle o plazoleta, incluida la Piazza del Duomo en la que aprovechamos la gran escalinata para descansar como otros muchos. La ciudad no es muy grande en extensión y llegamos al otro extremo de la muralla. Salimos a bordearla un tramo por el exterior y así poder disfrutar de los campos al pie de la colina. Luego iniciamos el regreso por calles menos concurridas y turísticas, pero muy pintorescas.

Al llegar al coche el atardecer está cerca y decidimos regresar a casa, dejando  para otra ocasión la visita a Monteriggioni. Poco antes de San Miniato, la carretera secundaria por la que venimos atraviesa un pueblo en fiestas en el que están celebrando una verbena en la plaza. Es el toque magistral al ambiente “de película” de los pueblos de la Toscana.

 

DÍA 3: SÁBADO 23 JUNIO: FLORENCIA

Hoy salimos temprano hacia Florencia. Nos hemos preparado a fondo la ruta en la ciudad para conseguir llegar al parking elegido sin pisar en ningún momento la zona restringida al tráfico. Conocemos a muchos multados al haberse metido en esa zona en medio de la confusión que supone el transitar por una ciudad desconocida.

Además, tenemos prevista una parada previa en el mirador Piazzale Michelangelo, lo que nos ahorrará tener que subir caminando después. Tenemos dos motivos para querer estar en él a primera hora: el primero es que en cuanto se llena un poco lo cierran y ya no se puede aparcar en él y el segundo la luz. Por la mañana es perfecta para hacer fotos, pero por la tarde tendríamos el sol frente a nosotros.

Entramos en la ciudad por el sur, ascendiendo a la colina en la que está el mirador por una carretera rodeada de grandes zonas verdes y jardines, junto al Parque de la Carraia. Aunque comienzan a verse grupos de turistas conseguimos aparcar en la misma plaza. La policía llega en breve y no tardan mucho en cerrar el acceso ¡Hemos tenido mucha suerte! La plaza está rodeada por puestos de souvenirs, pero en cuanto los dejas atrás y te acercas al muro, las vistas sobre río Arno, cruzado por sus numerosos puentes con ciudad al fondo, es inmejorable. Dos edificios destacan sobre el resto: la catedral, con su famosísima y gigantesca cúpula, y la torre y almenas del Palacio Vecchio. Sobre el río se distingue inconfundible el Ponte Vecchio. El más emblemático de la ciudad.

Inevitable pasar un buen rato haciéndonos fotos antes de continuar rodeando la ciudad por el este hasta el parking Parterre, situado cerca de la Plaza de la Libertad. Desde allí nos encaminamos a pie hacia a la Catedral, en pleno centro de la ciudad. Vamos buscando la acera de la sombra porque el sol ya comienza a calentar algo más de lo que nos gustaría.

Pasamos junto a la Galería de la Academia famosa, entre otras cosas, por albergar en su interior el David de Miguel Ángel. Una escultura de mármol blanco de 5,17 metros de altura que representa a David antes de enfrentarse con Goliat. Fue realizada entre 1501 y 1504 en los talleres de la Opera del Duomo, trasladada tras su finalización a la Piazza della Signoria y de nuevo en 1873 a la Academia para protegerla de los fenómenos meteorológicos. Sabemos que no podremos visitarla hoy porque no conseguimos comprar entradas por internet. Estaba todo el fin de semana vendido. Cuando pasamos, la cola para entrar da la vuelta a la manzana.

Lo malo es que sucede lo mismo en la catedral Santa María del Fiore. La enorme cola al sol no invita a unirse a ella. Por suerte, según mis recuerdos, el interior no es tan bonito como el exterior (en su momento me gustó más la de Pisa) a excepción de la decoración de la cúpula, pero cuesta distinguirla a tanta altura. Así que continuamos el recorrido alrededor para llegar a la fachada principal y al baptisterio y así poder admirar su famosa Puerta del paraíso, obra de Lorenzo Ghiberti y pieza destacada del arte renacentista.

Pasamos un buen rato contemplando su fachada de mármol blanco y verde, entretenidos también con dos preciosos perros que están a nuestro lado. Después nos alejamos un poco para verla en su totalidad y continuamos rodeándola. Es una de las iglesias más grandes del mundo y es casi imposible apreciarla desde tan cerca, pero es impresionante la enorme cúpula que tantas veces hemos visto reflejada en las imágenes de nuestros libros de historia o de arte durante nuestros años de estudiante. Construida por Filippo Brunelleschi casi un siglo después de la finalización de la catedral tiene 114 metros de altura y 45 metros de diámetro. Su construcción duró catorce años.

Desde la plaza del Duomo, ya a espaldas de la catedral, donde las sombreadas terracitas tan típicamente italianas están ya repletas de comensales, tomamos la vía del Proconsolo, dirigiéndonos hacia la Piazza della Signoria, en la que destaca como edificio más característico el Palacio Vecchio con su forma de castillo almenado y su altísima torre. En la puerta encontramos una copia del David de Miguel Ángel, la que sustituyó al original al ser trasladado a la Galería de la Academia. Tendremos que conformarnos con este. La verdad es que su tamaño es impresionante. Nos acercamos hasta las taquillas del palacio interesados en la visita. Habíamos leído de él que su interior recuerda a los palacios venecianos y que destaca en especial la sala del Cinquecento, pero hay que esperar un rato para el siguiente turno y, sea por el calor o por el hambre, no nos ponemos de acuerdo en querer entrar terminando por dejarlo.

Hace ya un rato que vamos atentos a buscar algún lugar donde comer, y viendo que la ciudad está repleta de turistas y los locales llenos, recordamos un restaurante que nos han recomendado al otro lado del río. Decidimos llegar hasta allí sin detenernos para después regresar despacio viendo los lugares que ahora pasamos por alto. Así lo hacemos. Cruzando por el Ponte Vecchio, el puente de piedra más antiguo de Europa, y pasando por las puertas del Palacio Pitti llegamos a la Trattoria Boboli, un pequeño restaurante con mucho ambiente tradicional que toma el nombre de los jardines que están justo detrás, como parte del Palacio Pitti. Por suerte parecen no haber llegado los turistas hasta aquí. Conseguimos una mesa y quedamos contentos con la comida y el ambiente del local. Pero, además, como si las casualidades nos persiguieran en este viaje, cuando estamos a mitad de comer vemos asomarse a mirar la carta a los amigos de mi hermana ¡¡Qué casualidad!! Encontrarnos en el aeropuerto ya es coincidencia, pero coincidir en una ciudad tan grande como Florencia en un restaurante que se sale un poco de las rutas más turísticas, nos parece muy curioso. Cuando nos ven pasan a saludar y a preguntarnos qué tal la comida y como les damos buenas referencias se quedan a comer mientras nosotros vamos acabando y continuando el recorrido.

Deshacemos nuestros pasos hasta el Palacio Pitti, un palacio renacentista del año 1458 de arquitectura simple y austera, en mi opinión poco atractiva, que alberga una de las grandes galerías de arte de Florencia, pero no nos detenemos mucho en él, continuamos hacia el centro de la ciudad. Hemos pensado que en vez de regresar de nuevo por el Ponte Vecchio, cruzaremos por el siguiente, el Puente de la Trinidad, para poder tener vistas del primero y hacer alguna foto. En ello estamos cuando vemos a un par de chicas haciéndose una foto con un cartel que pone: “Feliz cumple pato”. Nos hace mucha gracia porque así llaman a un compañero de clase de Javi y hacemos una foto para enseñársela.

La imagen que desde aquí obtenemos del Ponte Vecchio merece la pena. Este puente es una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad. En los siglos XV y XVI sus casas colgantes estuvieron ocupadas por carniceros y matarifes, pero, cuando la corte se mudó al Palacio Pitti, Fernando I ordenó cerrar las tiendas por el mal olor. Desde entonces las tiendas han sido ocupadas por joyeros y orfebres. Un detalle curioso es el Corredor Vasariano que recorre la parte este del puente desde el Palazzo Vecchio hasta el Palazzo Pitti y el hecho de que, durante la Segunda Guerra Mundial, fue el único puente de Florencia que no fue destruido por las tropas alemanas.

Seguimos nuestro paseo y, pasando por la Plaza de la Trinidad, vamos recorriendo las calles del centro disfrutando de las distintas edificaciones hasta salir de nuevo a la plaza de la catedral y, sin detenernos mucho en ella, continuar hasta nuestro siguiente destino: La Iglesia de Santa Croce.

Al llegar a la plaza Santa Croce la encontramos ocupada por unas gradas. Leemos en los carteles que va a realizarse un espectáculo de calcio histórico florentino, una tradición de la ciudad que al parecer dio origen al futbol. En él se mezclan combatividad y evocación histórica para conmemorar el pasado de Florencia. Los partidos más importantes, “calcio con librea”, se celebran mañana, 24 de junio, festividad del Patrón, con coloridos desfiles con figurantes vestidos con las libreas de los jugadores nobles del siglo XVI.

Rodeando la plaza llegamos a la iglesia franciscana más grande del mundo, la iglesia de Santa Croce, construida sobre una capilla que conmemoraba la muerte de San Francisco de Asís. Venimos con intención de visitarla y, por suerte, está vez no tenemos ninguna dificultad en adquirir entradas y acceder al interior que, sin ser espectacular, tiene un altar de gran belleza. La verdadera importancia de esta iglesia está en la cantidad de personajes ilustres enterrados aquí como Galileo Galiei, Maquiavelo, Lorenzo Ghiberti o Miguel Ángel. En sus capillas se pueden ver frescos de artistas como Giotto, Brunelleschi o Donatello. Plano en mano nos dedicamos a ir localizando los distintos altares antes de salir al claustro, bello en su serenidad.

Finalizada la visita salimos a la calle para dirigirnos de nuevo a la Piazza della Signoria, donde ya comienza a haber ambiente de sábado por la tarde. El sol va perdiendo fuerza y es más agradable pasear con menos calor. Hacemos alguna foto, nos recreamos en lo que vamos viendo y poco a poco, por la concurrida vía dei Calzaiuoli vamos hacia la Piazza del Duomo. En un lateral de la catedral permanecemos un rato viendo a un grupo que están haciendo una coreografía conjunta aunque no sabemos muy bien el motivo. Visten ropa del mismo color, y tienen como un tenderete con globos y folletos. Después decidimos buscar un lugar para descansar y tomar un café o algún dulce y con ello ponemos punto final a la visita de la ciudad, limitándonos a dar un paseo de regreso al coche.

Camino a casa paramos en un supermercado. Necesitamos algunos productos y no sabemos si al llegar al pueblo estará todo cerrado.

 

 DÍA 4: DOMIGO 24 JUNIO: LUCCA Y SIENA

Antes de venir no sabíamos si dedicar a Florencia más de un día dado el tamaño de la ciudad y la cantidad de lugares importantes que visitar, pero con nuestro recorrido de ayer hemos quedado satisfechos, además, con la cantidad de gente que había ayer y siendo hoy el día del patrón, no tenemos especial interés en regresar. Hay muchos lugares preciosos que ver en la Toscana y que no conocemos.

Decidimos comenzar con Lucca, está muy cerca y nos permitirá volver a comer a casa. La verdad es que vamos a la aventura sin haber hecho los “deberes” porque era uno de los lugares “de reserva”. Ahora puedo decir que menos mal que fuimos porque la visita merece mucho la pena. Personalmente estas ciudades pequeñas nos atraen más que las grandes.

Al llegar vamos directos al aparcamiento de la via Cittadella, un aparcamiento al aire libre cerca de la muralla. Desde allí ascendemos a esta para recorrer un tramo. Actualmente es como una avenida arbolada. La dejamos a la altura de vía Véneto para adentrarnos en el casco antiguo de la ciudad.

Al pasar por la Plaza Napoleone vemos que hay colocado un gran escenario. En él, cada noche, se realizan las actuaciones del festival de verano de Lucca. Pasando de largo llegamos a la Plaza de San Miguel en cuyo centro se encuentra la iglesia de San Miguel en Foro, una iglesia católica cuyo nombre se debe principalmente a que está construida sobre el antiguo foro de la ciudad. Aunque pequeña, recuerda mucho en su estilo a la catedral de Pisa, al menos a mí. Su interior es bastante austero, de piedra desnuda, con un enorme cristo pintado en madera destacando sobre ella en el altar mayor, pero muy acogedor.

Continuando el paseo nos vamos viendo inmersos en un laberinto de callejuelas que nos dan la oportunidad de encontrar rincones encantadores en los que parece haberse detenido el tiempo. Y todavía queda sitio para las sorpresas como la que nos llevamos al entrar en la plaza del anfiteatro. Llegamos hasta ella atraídos por el nombre, pero sin saber lo que íbamos a encontrar. Y nos quedamos sin palabras al cruzar el arco y vernos dentro de una plaza rodeada de edificios amarillos, todos iguales, formando un óvalo a nuestro alrededor. Edificios con el aspecto decadente de las ciudades italianas. Está llena de puestos de artesanía y alrededor montones de terrazas de restaurantes y cafeterías. Es fácil imaginar allí el anfiteatro en tiempo de los romanos.

Curioseamos un poco entre los puestos, hacemos algunas fotos y al salir de nuevo nos sentamos en una terraza cercana a tomar un café y unos helados. Luego proseguimos el paseo para ir descubriendo nuevas sorpresas como la Basílica de San Frediano, de estilo románico, que, ubicada en la plaza con el mismo nombre, llama la atención por el lujoso mosaico que cubre la parte superior de su fachada principal. Nos recuerda al interior de San Marcos en Venecia, pero resulta peculiar verlo en el exterior. Representa la ascensión de Cristo Salvador llevado por ángeles y data del siglo XIII. Cuando nos acercamos a la puerta, vemos que está celebrándose una misa y no llegamos a entrar.

Maravillados con la grata sorpresa que ha sido para nosotros esta pequeña ciudad continuamos, plano en mano, adentrándonos por mil rincones. Entre los lugares peculiares podemos destacar también la torre Guinigi, torre medieval del siglo XIV, peculiar por tener plantadas siete encinas en la azotea y la Torre de las horas, la más alta de la ciudad, con un enorme reloj cuyo mecanismo de cuerda manual se puede ver en su interior.

Terminamos el recorrido en la Catedral de San Martín, aunque su fachada está cubierta por un andamio que no nos permite apreciarla. Desde ahí iniciamos el regreso al coche y a casa. Ha sido una mañana realmente interesante.

Después de comer nos espera una nueva sorpresa: en la iglesia de la plaza se va a celebrar una boda y nosotros nos dedicamos a «cotillear» desde la ventana del salón. Es curioso ver las tradiciones de cada sitio que visitamos y una boda forma parte de ellas. El momento tenso llega cuando el fotógrafo casi pierde el drone con el que está grabando la entrada en la plaza de la novia, pero todo queda en un susto.

Pronto dejamos la boda y continuamos con nuestros planes de viaje. Hemos elegido Siena para pasar la última tarde aquí. Está un poco más lejos, pero tenemos ganas de conocerla. Es una de las ciudades más conocidas de Toscana, famosa por su cultura, sus monumentos, tradiciones y patrimonio.

Salimos pues rumbo al sur. Dejando atrás San Guimigniano y pasando junto a Monteriggioni, cuyo perfil sobre la colina alcanzamos a ver, llegamos a la ciudad de Siena y vamos directos al Parking Il Campo bastante próximo al centro de la ciudad. Desde allí nos dirigimos caminando hacia la Plaza de la Catedral. Antes de atravesar el arco que da entrada al casco antiguo, justo en la plaza situada a la puerta del Monastero di Sant’Agostino, llama nuestra atención una especie de banquete de estilo informal y festivo que se está celebrando allí, al aire libre. Recuerda a una barraca o cábila festera. Llevan banderas, tambores… pero no adivinamos lo que celebran. Continuamos hacia la catedral recorriendo calles de aspecto medieval cuyas originales farolas nos llaman la atención.

La imagen de la catedral de Santa María Asunta, al llegar a la plaza, es impresionante. El sol ya un poco bajo ilumina su fachada dándole un brillo espectacular que hace destacar el mármol blanco que la cubre. Me recuerda la imagen de una intrincada tarta de merengue. El campanario, justo detrás, destaca con sus rayas blancas y negras. Pensamos en entrar a echar un vistazo rápido (no vamos muy sobrados de tiempo) pero sólo se puede entrar pagando la visita completa y no queremos detenernos tanto, así que continuamos haciendo lo que más nos gusta, callejear en busca de bonitos rincones que fotografiar, disfrutando lo que vemos. Descendemos por unas empinadas escaleras para acceder a la parte trasera de la catedral llegando a una pintoresca plazoleta. Desde ella continuamos por intrincadas callejuelas hasta la famosa Plaza del Campo, plaza principal de la ciudad.

Al llegar a la plaza nos encontramos con que está “andamiada”, o eso pensamos nosotros, llena de tarimas y barreras de madera que en principio nos hacen lamentar nuestra mala suerte, pero a Javier de proto le vino a la cabeza la carrera de caballos famosa en esta ciudad y buscó en Internet ¡Bingo! La carrera se celebrará el próximo fin de semana.

Curiosos por saber más, nos sentamos en el centro de la plaza cuyo desnivel la hace parecer una grada colocada hacia el edificio del ayuntamiento, y nos ponemos a buscar información. “Siena es conocida mundialmente por la carrera de caballos que se celebra todos los años en centro histórico de la ciudad. El Palio delle Contrade o simplemente Palio es una fiesta de origen medieval que reúne a jinetes que representan a los distintos barrios de la ciudad. Espectacular y siempre animada, la celebración de la carrera reúne a miles de personas y anima la ciudad dos veces por año, el 2 de julio y el 16 de agosto. La carrera del Palio forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO, como también la ciudad. Su origen se remonta al siglo XVI cuando la Iglesia católica prohibió los espectáculos violentos de toros y las peleas, por lo que el Consejo de la ciudad decidió sustituirlos por una carrera de caballos. Pronto la carrera se desplazó hasta la plaza central El Campo, lugar más amplio y cómodo para acoger al público cada vez más numeroso. Las casacas de los jinetes se decoran con los colores representativos de cada uno de los barrios”. Al parecer, en estos días previos, cada barrio con sus colores característicos y sus banderas comienza con diversas actividades como las comida que hemos visto antes o los “pasacalles” a ritmo de tambores que no tardaremos en encontrarnos por las calles.

Satisfechos con la información continuamos con nuestro oficio turista. Intentamos sacar fotos de la plaza, pero no le hacen justicia. Su enorme tamaño y el contraste de luz y sombra lo hacen difícil. Entramos también en el ayuntamiento para acceder a la base de la torre de la Mangia que con sus 102 metros de altura domina el centro histórico de Siena.  Impresiona mirar hacia arriba desde su interior.

Continuamos callejeando y nos encontramos con alguno de estos “pasacalles” informales a ritmo de tambor. Hay un gran ambiente. Cuando nos damos por satisfechos regresamos de nuevo a la plaza y, para nuestra sorpresa vemos que comienza una especie de desfile. Las “peñas” pasan a hacer un recorrido alrededor de la plaza siguiendo el circuito de la carrera. Es muy curioso ver cómo manejan las banderas que lanzan al aire y recogen de nuevo sin perder el compás. Muchos niños desfilan también delante de los mayores dando un toque simpático. Pasamos un buen rato viéndolos y sacando fotos, pero, en cuanto terminan, nos vamos hacia el coche para regresar.

Dudamos si comprar aquí algo de cenar, pero todo está demasiado lleno de gente y decidimos ir a casa disfrutando en el camino de un precioso atardecer sobre los campos de la Toscana.

 

DÍA 5: LUNES 25 JUNIO: REGRESO A CASA

Como nuestro vuelo a Valencia no sale hasta las 5 y media de la tarde, tenemos pensado marcharnos con el equipaje hasta Pisa y terminar allí nuestro tiempo en Italia ya que el otro día no llegamos a recorrerla entera, pero las cosas no salen según lo planeado.

Amanece nublado y estamos encantados después del calor de estos días. Cargamos el equipaje, dejamos esta casa en la que tan a gusto hemos estado y nos dirigimos en coche hacia la ciudad de Pisa. Aparcamos en el mismo sitio que lo hicimos el primer día, cruzamos el arco que da entrada a la Piazza dei Miracolo y pasando junto al impresionante conjunto del Duomo, Baptisterio y campanile, nos dirigimos al centro de la ciudad. Pero no hemos caminado más que unos metros cuando comienza a llover de modo torrencial obligándonos a refugiarnos en la oficina de turismo que ya está a tope de gente que ha pensado lo mismo. No llevamos paraguas ni impermeables porque ha sido algo inesperado y los tenemos en el coche, pero con la que está cayendo es imposible llegar sin empaparnos.

Pasamos un buen rato en el interior, cotilleando los souvenirs que tienen a la venta, asomándonos de vez en cuando a la calle para descubrir que nada ha cambiado. Al final, viendo que el tiempo se nos pasa allí dentro y que esto no tiene pinta de mejorar acabamos comprando en la misma oficina de turismo unos impermeables (que son poco más que un plástico) a “precio de oro” e intentamos regresar al coche. Nada evita que nos empapemos de arriba abajo.

Ya en el coche desistimos de regresar a la ciudad. Es imposible hacer turismo así y comenzamos a buscar un centro comercial o galería a cubierto donde poder comer y pasar el tiempo que nos queda antes de ir al aeropuerto. No encontramos nada de ese tipo, pero si un McDonald en las afueras de la ciudad. Desde allí nos dirigimos algo más tarde a la terminal para devolver nuestro coche y cruzar el control policial a tiempo.

 Pasamos a la zona de embarque para descubrir que es un espacio muy pequeño y hay muchísima gente. Volvemos a encontrar a nuestros amigos y nos ofrecen sitio en su mesa de única cafetería. No hay muchos sitios libres donde sentarse. Javier y yo nos quedamos con ellos mientras Andrea y Javi se van a buscar un enchufe y acaban sentados en el suelo junto a este.

Así da comienzo una interminable espera. Nuestro vuelo se retrasa más de tres horas y las salas están a rebosar, los baños comienzan a estar desagradablemente “sobreutilizados” y la gente ya se va sentando hasta en las mesas dispuestas para organizarse el equipaje al pasar el control policial. Hace además bastante calor. Pasamos a la sala de embarque donde el aire acondicionado parece funcionar mejor y, poco a poco vamos consiguiendo asiento para todos hasta que la interminable espera finaliza y anuncian el embarque de nuestro vuelo.

Llegamos a Valencia casi a las 12 e la noche, agotados y deseando llegar. Llamamos para que vengan a recogernos los del parking y nos llevan a un garaje distinto. Nuestro coche aparcado muy pegado a la pared. Javier lo saca sin dificultad y nos marchamos, pero al día siguiente, vemos un golpe en la puerta de ese lado que nos hace pensar que no fue casualidad que estuviera así aparcado. Pero no presentamos ninguna queja. Lo que si reclamamos, con éxito, es el retraso del vuelo y en unos meses recibimos una indemnización de Ryanair.