Senderismo en Suiza

INTRODUCCIÓN

Este viaje lo hemos realizado con nuestros hijos de 15 y 11 años, en agosto del 201O con un monovolumen Seat Alhambra.

El recorrido de unos 6.200 Km: Alicante – Francia – Suiza – Italia – Suiza – Austria – Suiza – Francia – Alicante.  A los que hay que añadir los desplazamientos internos en el país para realizar las diferentes visitas.

    

PROYECTANDO EL VIAJE

Nació como un viaje para hacer senderismo. Dos motivos nos llevaron a ello: la edad de nuestros hijos, que ya invitaba a este tipo de actividad,  en el pasado impensable, y el hecho de que nosotros, los adultos, acabábamos de hacer el camino de Santiago. Teníamos ganas de “seguir caminando”, esta vez con ellos.

Después de sopesar las opciones, decidimos hacerlo en Suiza. No se nos ocurría mejor escenario para disfrutar del entorno en nuestras rutas y, además, nos daría una nueva visión de este país al que ya habíamos viajado varias veces pero siempre viéndolo “desde el valle”,  desde algún mirador con funicular o recorriendo las calles de sus pueblos y ciudades. 

Muchas veces, en viajes del pasado a este país, nos habíamos sentido como aquella persona que va a una fiesta y permanece mirando desde su asiento, sin participar en ella. Llegar a la estación de cualquiera de sus muchos trenes, funiculares, etc… hacer fotos, dar una vueltecilla y marcharse era todo lo que nos permitíamos hacer y ¡¡no sabéis la envidia que nos daba la gente a la que veíamos equipados y preparados para emprender una ruta!! No era sólo que nuestros hijos fueran pequeñitos entonces, es que íbamos en otro plan de viaje y no estábamos preparados, ni informados. 

Esta vez me aseguré de centrar mi documentación previa en el senderismo, en estudiar todas las rutas posibles una vez arriba (es verdad que para el ascenso seguimos usando los transportes varios que ofrece este país) y también en llevar calzado y ropa adecuada.  Por supuesto con alternativas, porque en estos países tan montañosos el clima te puede cambiar los planes rápidamente y, de hecho, así fue durante un par de días.

La idea de alojarnos parte de los días en un camping nos hizo también ilusión y formó parte de lo novedoso. Además fue un verdadero placer poder disfrutar de la naturaleza tan de cerca.

Entre las novedades estaba el incluir en la ruta la zona este de Suiza, los alrededores de St Moritz, ya que nunca habíamos ido más allá de Andermatt. 

Para concluir el viaje, como tantas otras veces, decidimos pasar algún día en Disneyland París. Tenemos los Pases Anuales desde Navidad y hay que aprovechar. Es un broche final perfecto para nosotros.

Y con todo esto en mente comenzaron los preparativos.

PREPARATIVOS

Alojamientos

  • Para la parada intermedia, como siempre que viajamos vía Suiza, elegimos un apartahotel  en los pueblos franceses cercanos a Ginebra-Lago Leman, que son mucho más baratos. Esta vez fue en Divonne les Bains. Para su reserva empleamos la página de Booking.
  • Para las cuatro primeras noches en Suiza elegimos llevar la tienda de campaña, aprovechando el espacio disponible en nuestro coche, y buscar un camping en la zona de Interlaken, ya que esta parte de Suiza en verano está muy solicitada y los apartamentos son muy caros y muy difíciles de conseguir (sobre todo para sólo cuatro noches y en el mes de agosto). Además a nuestros hijos les hace mucha ilusión. El camping elegido es el Aaregg, junto al lago de Brienz, en un entorno inigualable.
  • Desde allí nos trasladaríamos a una casa en Ernen, en el cantón de Valais, durante una semana. La alquilamos a través de Interhome y el precio fue muy, muy interesante. En estos valles del sur del país, zona de esquí, no es difícil encontrar alojamientos a buen precio en verano. Era la planta baja de un chalet en una urbanización a las afueras del pueblo, al que se llegaba perfectamente caminando.
  • Para finalizar nuestra estancia en Suiza queríamos trasladarnos a la zona este, aun desconocida para nosotros, y elegimos para ello un apartamento en Vulpera, en una urbanización bastante elegante junto a un campo de golf.  Reservamos cinco noches a través de Interhome, y al llegar nos ofrecieron un apartamento superior al que habíamos reservado manteniendo el buen precio.
  • Para evitar alojarnos demasiadas noches en el parque Disneyland París, y también por la gran distancia a recorrer desde nuestra casa en Suiza (casi en Austria), optamos por alojarnos  antes de llegar. Lo hicimos en un apartahotel de Reims, aprovechando la buena oferta en este tipo de establecimientos que encontramos siempre en Francia.
  • Las dos noches siguientes serán un “regalo” para nosotros ya que rara vez nos alojamos en un hotel en nuestros viajes, y menos en uno que incluya desayuno. Aprovechando una oferta hallada en Booking, nos quedamos en el hotel Explorers, animados además por la bonita piscina que nos podría venir muy bien como descanso. 
  • Ya sólo nos quedaba la parada intermedia en el regreso y para eso no hacía falta pensar mucho. Elegimos como siempre unos apartamentos en Clermont-Ferrand que ya conocemos y nos encantan.

Respecto al Seguro médico solicitamos la Tarjeta Sanitaria Europea en las oficinas del INSS, antes de partir, pero no necesitamos hacer uso de ella en ningún momento. Esta vez no contratamos un seguro privado porque la tarjeta VISA y el seguro de nuestro coche nos ofrecen también seguro de viajes y accidentes.

Respecto a la información turística, meses antes del viaje retomé mi participación en el foro de AC Pasión. Normalmente lo evito si el viaje que voy a planear no es en autocaravana. Pero se abrió un  hilo muy interesante sobre Suiza en el que aparecían viejos conocidos de otros viajes y me vi planeando con ellos. Empleamos muchas páginas para elegir el mejor de los pases, ya que los precios de toda la infraestructura de funiculares, trenes, etc… en Suiza hace necesario informarse y organizarse bien antes de salir. Nosotros acabamos eligiendo la Swiss Half Fare Card con la que nos ofrecían gratuitamente las Junior Karte para nuestros hijos (Y menos mal que habíamos hecho bien los “deberes” y lo teníamos todo bien estudiado porque al ir a comprarlas en la estación de Interlaken pretendieron cobrárnoslas y después, en uno de los funiculares, pretendieron hacernos creer que no era válida. En ambos casos nos salimos con la nuestra)

Página imprescindible para obtener informaciones actualizadas es la de turismo de Suiza que, además, está en castellano. Concretamente los distintos pases en este enlace. Pero hay que tener en cuenta al comparar que hay también algunos pases regionales.

Otras páginas de interés: Jungfrau, Aletsch, Titlis… 

De destacar los completos relatos que sobre este país y Austria elaboró el usuario “Xanquete” y que me hizo llegar amablemente.

GASTOS

Para hacer un cálculo de los gastos de viaje, relativos al transporte, más que detallaros los nuestros, puede ser de más ayuda proporcionaros algunos datos con los que elaborar vuestro propio presupuesto, ya que las tarifas varían de un año a otro y también el cambio de divisas. Además, el consumo de gasolina de cada vehículo puede suponer una diferencia considerable.

A día de hoy utilizamos esta página http://es.globalpetrolprices.com/ para hacernos una idea del precio de combustible de cada país y, a partir de ese precio y del consumo de nuestro coche, hacemos un cálculo empleando la página: https://www.viamichelin.es/ para determinar los kilómetros. Esta página, además, da una información muy precisa de los peajes.

En este viaje los peajes a tener en cuenta son los de la autopista de la costa en España y las autopistas francesas. En Suiza es necesaria una pegatina para circular por sus autopistas y autovías que tiene validez de un año y se compra en la misma aduana al entrar al país.

En cuanto al combustible, en Francia hay que intentar llenar el depósito fuera de la autopista y preferiblemente en las gasolineras de centros comerciales. Una página muy buena para encontrarla gasolinera más barata en este país es: http://www.prix-carburants.gouv.fr/ Siempre nos resulta de gran utilidad.

EL VIAJE DÍA A DÍA

DÍA 1- LUNES 9 AGOSTO: MONFORTE DEL CID- DIVONNE LES BAINS 1296 Km.

Salimos de casa a las 5:20. Atrás quedaron los días en que subíamos a los peques al coche dormidos y en pijama. Hoy subimos cada uno por su propio pie. Eso sí, poco después, estamos todos durmiendo menos el conductor, claro. Entre cabezadita y cabezadita me parece oír que llueve. Así es, por Castellón comienza a nublarse y caen algunas gotas de lluvia. La primera parada la hacemos en el área de Hospitalet donde desayunamos y aprovechamos para cambiar de conductor. El tráfico es muy bueno y llegamos a Narbona, donde teníamos previsto comer, muy temprano. Hace calor y menos viento del habitual. A pesar de eso, en nuestra mesa de siempre, damos buena cuenta del conejo frito y terminamos tomando el café y unos helados en la gasolinera.

De vuelta a la carretera encontramos retenciones en la circunvalación de Montpellier pero terminan una vez rebasada la ciudad. A la altura de Valence dejamos la A6 para dirigirnos a Grenoble. El trayecto desde aquí hasta nuestro destino es un incesante cambio de carreteras, en una de las cuales nos cobran un peaje como vehículo de categoría 2 (el riesgo de viajar en un monovolumen con box que añade altura), pero nos damos cuenta demasiado tarde.

A media tarde cruzamos la frontera suiza, cerca de Ginebra. Allí mismo compramos la pegatina para poder circular por la autopista.  Mientras bordeamos el lago Leman nos llevamos una grata sorpresa, a nuestra derecha tenemos ocasión de contemplar una preciosa imagen del Montblanc nevado, que brilla reflejando la luz del atardecer. Está completamente despejado y la visibilidad es perfecta. Poco después encontramos sin problemas nuestro apartamento en Divonne les Bains donde nos instalamos, cenamos y enviamos algunos emails antes de dormir.

 

DÍA 2- MARTES 10 AGOSTO: DIVONNE LES BAINS- GRUYÈRES-BRIENZ 219 Km.

Salimos temprano y encontramos, casi por casualidad, una gasolinera Carrefour en la que llenar el depósito antes de ponernos en camino. Bordeamos el lago Leman hasta Vevey y en el trayecto Andrea y Javi van situando en el mapa los lugares por donde pasamos. Se han cansado de que me queje de que viajando tanto no sepan nunca donde están las cosas visitadas. También observamos en directo las diferencias entre el perfil de los Alpes y el del Jura. Poco después nos alejamos del lago para dirigirnos a Gruyères.

Antes de llegar nos desviamos para visitar en Broc la fábrica de chocolate Cailler. Han renovado completamente las instalaciones desde la última vez que estuvimos aquí. Mientras esperamos nuestro turno, disfrutamos de un delicioso café en la elegante cafetería. Después realizamos la visita guiada en francés, en la que se relata la historia del chocolate a través de diferentes salas, muy bien decoradas y dotadas de elementos audiovisuales, para terminar en una sala acristalada en la que se puede ver en directo el envasado de una de sus especialidades, que nos ofrecen en degustación allí mismo. Cuando estamos comenzando a pensar que ahí termina todo, nos encontramos ante la verdadera sala de degustación con bandejas llenas de diferentes clases de bombones y chocolates. A Javi se le hace la boca agua solo de verlos, pero no es el único en disfrutarlos. Estando ya en la tienda aún regresa acompañado de su padre para repetir ¡Todavía les cabe alguno más! Damos por terminada la visita adquiriendo una bolsa de barritas y, con una foto en la entrada del edificio, regresamos al coche y nos encaminamos a Gruyères, pequeño pueblo fortificado sobre una colina a los pies del Moléson.

Aparcamos abajo y por un corto sendero accedemos caminando a la muralla y desde allí a la plaza principal de esta pequeña ciudad. Aunque la hemos visitado en varias ocasiones, nos sigue atrayendo su aspecto medieval y sus cuidadas y floridas fachadas. Visitamos las tiendas de recuerdos donde Javi se compra una vaca de peluche, nos hacemos fotos y, poco a poco, nos vamos dirigiendo al castillo. Comemos bajo una sombra en el sendero que lo rodea. Primero sentados sobre la valla, haciendo equilibrios que consiguen que el bocadillo de Javi acabe en el suelo, después en un banco que han dejado libre. El café nos lo tomamos en Le Chalet, donde podemos además disfrutar las famosas frambuesas con crema de Gruyères, la especialidad local.

Desde allí regresamos al coche y, tras una breve parada en la quesería para abastecernos, nos ponemos en marcha.

Vamos por carreteras secundarias, que nos ofrecen bonitas vistas de las montañas circundantes, atravesando el Jaunpass. Después nos incorporamos a la carretera 11 que recorre el valle, hasta llegar al lago de Thun, donde alcanzamos por fin a la autopista.

En Interlaken, nos detenemos brevemente en la estación del tren, para comprar los bonos de transporte Swiss Half Fare Card. Por error nos quieren cobrar las Junior Karte de Andrea y Javi, menos mal que nos damos cuenta y logramos hacer que rectifiquen.

Llegamos al camping Aaregg sin dificultad, un poco más tarde. En recepción nos invitan a buscar la parcela que más nos guste, instalarnos y regresar después a registrarnos dándoles el número. Lo hacemos en una zona alejada de las instalaciones principales, pero muy tranquila, con vistas a un prado verde, entre paredes montañosas, con alguna caída de agua. Nuestros vecinos a ambos lados son alemanes, los de un lado con una caravana que nos sirve de separación y los del otro con tiendas.

Cenamos en el exterior y, al terminar, damos un paseo junto al lago de Brienz, que bordea uno de los laterales del camping. Desde hace rato venimos escuchando música folklórica a todo volumen. Se escucha tan cerca que parece que algunos vecinos estén de fiesta, sin embargo, cuando intentamos localizarla, descubrimos que debe de ser en algún local del pueblo. Poco antes de irnos a dormir lanzan unos fuegos artificiales. ¡Nunca habíamos sido tan bien recibidos!

 

DÍA 3- MIÉRCOLES 11 AGOSTO: BRIENZ- GRINDELWALD-INTERLAKEN-BRIENZ 80 Km.

Hoy comenzamos con nuestras andaduras por la montaña. Me he levantado con algo de tortícolis porque el colchón ha resultado un poco duro. Lo primero que hago por la mañana es vaciarlo un poco. El masaje de Javi me va de maravilla. Después del desayuno al aire libre salimos hacia Grindelwald. Dejamos el coche en un parking a la salida del pueblo y vamos a tomar el funicular a First, en el que hacemos uso por primera vez de nuestros pases de tarifa reducida. Disfrutamos de la subida en una cabina para nosotros solos y, en el último tramo, vamos paralelos a una tirolina gigante por la que vemos descender algunos atrevidos. Barajamos la posibilidad de tirarnos nosotros, pero la vamos descartando uno a uno rápidamente. Parece una bajada de vértigo.

Nada más descender de la cabina del teleférico, las vistas son impresionantes. Tenemos enfrente una sucesión de cumbres nevadas todas ellas por encima de los 4.000 metros. Iniciamos la ruta por el sendero señalizado, parando constantemente a hacer fotos, pero la ilusión nos dura poco ya que la cámara cae al suelo y se rompe el sistema de enganche del objetivo. Al principio podemos seguir haciendo fotos sujetando el objetivo manualmente, pero a medida que avance el día comenzará a funcionar mal hasta romperse definitivamente. Entretanto vamos caminando por este sendero, bastante transitado, disfrutando de las vistas y de la continua presencia de vacas.

Cuando llegamos al lago han comenzado a aparecer nubes que cubren parcialmente las montañas, que únicamente conseguimos ver de modo intermitente. Nos sentamos a comer disfrutando del entorno y de las vistas que poco a poco van siendo menores. Menos mal, porque la cámara tampoco nos responde.

Después de comer rodeamos los dos lagos caminado, o casi los rodeamos, porque no encontramos el modo de cruzar la presa y tenemos que deshacer el camino para regresar al punto de partida. Entre tanto se ha ido nublando más y comienza a llover. Cubiertos con nuestros impermeables, iniciamos el camino de regreso al teleférico y en él a Grindelwald.

Aunque todavía es pronto, nos marchamos a Interlaken para intentar comprar un objetivo nuevo. A la entrada de la ciudad vemos un centro comercial y nos detenemos. Atendidos por un amable vendedor y viendo que los precios están muy bien, terminamos comprando una cámara de fotos completa. Satisfechos por nuestra compra regresamos al camping.

Después de cenar comienza a llover y terminamos la velada en el interior de la tienda. Andrea, Javi y yo jugando a las cartas, mientras Javier pone a punto la nueva cámara de fotos que queremos estrenar cuanto antes. Llueve intensamente durante toda la noche y la conexión eléctrica se pierde de nuevo. Supone la prueba definitiva de la nueva tienda, que queda superada con éxito.

 

DÍA 4- JUEVES 12 AGOSTO: BRIENZ- LAUTERBRUNNER-BRIENZ 60 Km

Hoy nos dirigimos al valle de Lauterbrunnen para hacer allí alguna ruta. Ha amanecido lloviendo y no tenemos muy claro cuánto nos va a entorpecer, pero estamos dispuestos a seguir adelante con nuestros planes. En el camino telefoneamos a la tía Mariví para informarle del buen precio de la cámara de fotos, ya que sabemos que está pensando en cambiar la suya. Nosotros hoy llevamos la cámara antigua con el objetivo nuevo porque no hemos tenido tiempo de conocer el manejo de la nueva, ni terminar de cargar la batería. El invento resulta bien y estamos encantados con nuestro gran angular.

Aparcamos cerca de la cascada en Lauterbrunnen y, equipados para la lluvia, nos dirigimos al teleférico que nos subirá hasta Grütschalp donde iniciaremos una ruta caminando hasta Mürren. Al llegar a la estación superior continúa lloviendo y hay niebla. Todos los pasajeros que han viajado con nosotros toman el tren y allí nos quedamos los cuatro solos dispuestos a caminar.

Nada más salir de la estación un cartel nos indica que el camino está cortado provisionalmente por obras. Poco después encontramos una puerta metálica cerrada que nos impide el paso y una señal que indica otra ruta a Mürren pero pasando por Allmendhhubel (a mucha más altitud). Pensando que ese es el desvío por obras, nos encaminamos en esta dirección. Rápidamente nos damos cuenta que esto ya no se parece en nada al cómodo sendero por el que estábamos transitando. Es un estrecho paso que asciende, montañoso y abrupto entre árboles. Con la niebla no se ve mucho, pero no para de subir y subir. Vivimos momentos de indecisión y varias veces nos detenemos y nos planteamos si debemos seguir o regresar. No tenemos muy claro dónde lleva aquel sendero, cuál será el grado de dificultad y lo que es más importante, la distancia y tiempo que se tarda en llegar a Mürren por aquí. El único que parece convencido de continuar es Javier, y lo tiene tan claro, que no nos animamos a contradecirle.

En una especie de planicie paramos a descansar un rato. Los impermeables nos hacen sudar y Javi lleva la camiseta completamente empapada. Además, la fuerte subida no le ha sentado muy bien a su estómago. Para rematar hoy habíamos decidido Javi y yo llevar un solo palo cada uno y lo echamos de menos.

En realidad, tiene su encanto estar allí en medio de aquella densa niebla, pero no terminamos de disfrutarlo por la incertidumbre de no saber muy bien qué estamos haciendo. En esas estamos, cuando llegamos a una casa y vemos aparecer a un perro (resultó ser una perra llamada Luna) y detrás de ella a sus propietarios, una pareja mayor, ella alemana y él de Berna. Nos dicen en un precario inglés, y casi sin dejarnos hablar, que ir por ahí a Mürren era muy duro y nos faltaba mucho para llegar, que regresáramos al sendero de abajo. Les explicamos que estaba cortado, pero ellos insisten y terminan por acompañarnos de regreso. El perro va siempre delante y nos espera, casi como si fuera nuestro. Los amos van los últimos ya que la señora tiene cierta dificultad para descender tan rápido por una pendiente montañosa bastante embarrada en la que era fácil resbalar. Con una mano se sujeta de su marido y con la otra se levanta la capa impermeable que lleva puesta, para no pisarla. Le ofrecemos nuestros palos pero no los acepta. Cuando llegamos a la puerta cerrada el señor nos indica que la crucemos, que no pasa nada y lo mismo si nos encontramos con alguna otra. Nos despide allí y se marcha.

Caminar por ese sendero nos resulta verdaderamente fácil después de la aventura, casi parece una autopista. La niebla persiste y lo único que vemos de vez en cuando es algún tren que pasa, ya que el sendero va paralelo a la vía.

Casi enseguida paramos a comer porque, entre unas cosas y otras, se nos han ido pasando las horas. Sentados en un banco de espaldas al camino, damos buena cuenta de nuestros habituales bocadillos. Nos llama la atención observar que en todas estas rutas de senderismo hay papeleras para los excrementos de perro. Estamos en plena naturaleza y son totalmente degradables. Nos cuesta entenderlo, casi nos parece menos ecológica la papelera allí en medio.

Desde donde estamos comiendo vemos trabajar las máquinas de las anunciadas obras, que de vez en cuando invaden el camino. Hay una zona acordonada que hay que rodear subiendo un poco la ladera, por fuera del sendero, ¡Nada que ver con la vuelta que nosotros íbamos a dar! Cuando estamos a punto de continuar caminando aparecen dos jóvenes en bicicleta que nos saludan levantando sus gorras a la vez, casi sincronizados. A nosotros nos hace mucha gracia y les respondemos igual.

Algo más tarde, ya cerca de Mürren, les volvemos a encontrar. Se han detenido para hacer una foto en uno de los pocos lugares en los que se ve el valle, cruzando la vía del tren. Cuando nos acercamos se ofrecen para hacernos una foto a los cuatro y nos damos cuenta por el acento que son americanos, de ahí su carácter abierto y su forma de saludar, que no nos parecía propia del carácter reservado de los ciudadanos centro-europeos. Desde ese momento pasan a ser para nosotros los “Jerrys” ya que su simpatía y modo de hablar nos recuerdan a nuestro amigo.

Llegando a Mürren la niebla va dejando ver cada vez algo más de paisaje, al menos del precioso valle a nuestros pies. La lluvia a ratos ha sido intensa y cuando llegamos, completamente empapados, a la estación de tren, justo a la entrada del pueblo, paramos a descansar un poco. Tenemos un rato de desánimo y la tentación de regresar en tren, pero tras un descanso y viendo que la lluvia ha cesado, nos animamos a recorrer las calles de Mürren. Buscamos en el pueblo lugares que recordamos de cuándo vinimos con Andrea pequeñita, nos hacemos fotos junto a unos alegres japoneses que posan en todas las posturas posibles y, poco a poco llegamos a la estación del teleférico que baja al valle.  Recobrados los ánimos decidimos continuar con la ruta prevista y descendemos en él hasta Stechelberg, después de descartar la subida al Schilthorn por la dudosa visibilidad. Las vistas durante el descenso son espectaculares. Este valle nunca nos defrauda y con las nubes bajas es todavía mejor.

Una vez abajo nos espera el regreso a pie hasta Lauterbrunnen donde tenemos el coche. Comenzamos por carretera sin darnos cuenta de que hay un sendero peatonal. No hay dificultad porque no hay casi tráfico. El paseo es agradable y el entorno inmejorable, entre paredes montañosas con constantes caídas de agua. En cuanto tenemos oportunidad nos pasamos al sendero y poco después volvemos a dejarlo para visitar las cascadas Trümmelbachfälle. Javi hace rato que se quitó la camiseta empapada y se quedó sólo con el forro polar. La lleva tendida en la mochila. Cuando estamos visitando las cascadas descubrimos que la ha perdido y ya estamos pensando en cómo volver a buscarla, pero al salir la vemos colgada en la puerta de entrada al recinto. Suponemos se le habrá caído al atravesar la puerta giratoria cuando llegamos ¡Menos mal! Porque es una de sus favoritas.

Las cascadas impresionan por el lugar en el que están: En medio de una enorme grieta que el agua ha ido erosionando en la roca a través de los años. A mi lo que más me gusta son las vistas del valle desde una de las terrazas superiores.

En el regreso hasta el coche Andrea y Javi van delante cantando canciones del “campamento” aunque se unen a nosotros para alguna foto y para bromear sobre las “calabazas de John” que encontramos en una granja.

Llegamos al coche al final de la tarde, satisfechos, pero muy cansados. Llevamos todo el día sin parar de andar. La caminata extra de esta mañana ha hecho mella en nosotros y aprovechamos la mínima oportunidad para echárselo en cara “al guía”, sobre todo Javi, con su habitual toque de ironía.

Ya en el camping debemos cocinar rápidamente porque amenaza lluvia. Las primeras gotas comienzan a caer cuando la cena está casi a punto. La mesa ya está preparada dentro y allí cenamos estupendamente ¡Está resultando una vivienda de primera!

 

DÍA 5- VIERNES 13 AGOSTO: BRIENZ-ENGELBERG-LUCERNA-INTERLAKEN-BRIENZ 208 Km

Como desde el primer día hemos adoptado el horario centro-europeo, a las 7’30 de la mañana estoy junto al lago con Javi, haciendo fotos (eso sí con el pijama todavía debajo del chándal). Ha amanecido un día estupendo y las vistas hacia el agua son preciosas, con un montón de nubes bajas. La imagen nos recuerda mucho a los fiordos noruegos.

Después de un desayuno al aire libre y una “sesión de belleza”, al hacer una foto del camping, que la cámara tampoco ha salido bien parada del golpe del otro día. Los colores se cambian en la pantalla por tonos fluorescentes y llamativos. Después de varias pruebas infructuosas decidimos llevarnos la cámara nueva. Las primeras fotos las hacemos allí mismo, deteniendo el coche a tan solo unos metros de nuestra tienda, junto al lago.

Hoy nos encaminamos a Engelberg con la intención de coger el funicular giratorio que sube al Titlis y hacer después el “Ice Flyer” en el telesilla que sobrevuela por encima de los glaciares, para regresar después el último tramo caminando. Todo esto si el tiempo lo permite.

Después de subir el Brünigpass nos detenemos en un mirador para ver desde arriba el Lungernsee. Una pareja de españoles nos hace fotos a los cuatro y, tras disfrutar un rato de las vistas, continuamos nuestro camino. La carretera desde aquí está muy cambiada, han construido nuevos túneles y pronto dejamos la autopista para tomar la carreterita que nos lleva a Engelberg. El valle, que asciende poco a poco hasta llegar a este pueblo, se parece bastante al de Lauterbrunnen, con frecuentes caídas de agua. A la entrada de la población hay un bonito lago y allí mismo, la estación del funicular. Aparcamos y nos dirigimos a la taquilla, pero no llegamos a subir ya que los monitores indican que en la cima está todo cubierto por la niebla. Cambiamos de planes y nos vamos a pasear, rodeando el lago. Allí comemos, en un banco, entre risas y bromas. Después vamos a la tienda de la estación para comprar unos helados, curiosear un poco y ver si el tiempo arriba ha cambiado. Como no es así, nos llevamos el teléfono de información para preguntar en días posteriores, y nos marchamos a Lucerna.

Encontrar aparcamiento nos cuesta un poco y, cuando lo hacemos, no conseguimos comprender el modo de pago. Nos ayuda un señor de Villena que está aparcado a nuestro lado. Al parecer, hemos puesto dos euros en una plaza que no es la nuestra.

Recorremos el centro de la ciudad disfrutando de sus animadas calles, visitando tiendas y haciendo fotos. Al llegar al famoso puente de madera del siglo XIV, Kapellbrücke, les contamos a Andrea y Javi el incendio que aconteció la primera vez que estuvimos aquí y cómo fuimos viendo la reconstrucción del puente en posteriores visitas. Cuando recorremos su interior podemos ver las pinturas originales del siglo XVII, que aún se conservan, y las que quedaron destruidas por el fuego. Estas pinturas iban documentando la historia de Lucerna.

Buscamos rincones que recordábamos de anteriores viajes, repitiendo algunas fotos y, antes de marcharnos compramos un imán de un reloj de cuco para llevar de recuerdo. Javier nos espera junto al segundo puente de madera Spreuerbrücke mientras regresamos a comprar a Andrea unos pendientes que ha visto con anterioridad. En este puente también llamado “de los molinos” están intentando reconstruir los molinos originales.

A nuestro regreso, entramos en el camping brevemente para ir a la recepción antes de que cierren y comprar una tarjeta de Internet, pero no nos quedamos todavía. Queremos visitar Interlaken antes de trasladarnos del camping.

Aparcamos en la calle trasera que bordea el parque desde el que se suele obtener una bella panorámica del Jungfau. Hoy no se ve nada pero aún así es un lugar muy agradable para pasear. Lo cruzamos caminando para llegar a la avenida Höheweg, centro de la actividad de la ciudad. Es una bella avenida arbolada con tiendas y elegantes hoteles, la mayoría de finales del siglo XIX, recordando la época dorada del turismo en esta ciudad. Las calles están animadas y llenas de gente. No asomamos a ver los cuidados jardines del casino Kursaal de 1859 y recorremos la calle principal curioseando en las tiendas para turistas.

Regresamos al camping algo más tarde de lo habitual, pero el tiempo nos acompaña y cenamos en la calle, aunque cada vez con menos luz. Menos mal que nuestro foco a pilas nos ilumina a la perfección. Parece que está noche no lloverá y nos alegra bastante porque mañana hay que desmontar la tienda y va a ser mucho mejor si está seca.

 

DÍA 6- SÁBADO 14 AGOSTO: BRIENZ-KANDERSTEG-ERNEN 131 Km

A pesar de ser día de traslado la jornada de hoy resultará variada e interesante. La anécdota del día se produce a primera hora de la mañana. Javier sale el primero de la tienda y yo decido hacerme un poco la remolona, “mientras voy deshinchando la colchoneta”-le digo a Javier-. Pero mi gozo en un pozo, porque en cuanto quito el tapón, para mi sorpresa y risas de todos, estoy literalmente en el suelo, en un segundo. No me da tiempo ni a pensármelo. Eso ayuda a partir antes. Recoger la tienda nos parece menos trabajoso de lo que pensábamos. Nos organizamos bien y a las 10 estamos saliendo del camping con el coche cargado. Nuestro primer destino será Brienz. Hemos estado varias noches acampados al lado y todavía no hemos encontrado el momento de visitarla.

Aparcamos cerca del lago y damos un paseo junto al agua, prácticamente solos.  Es un paseo ajardinado y sombreado que recorre el borde del lago, permitiendo disfrutar en todo momento de preciosas vistas. Javi lo pasa bien un rato en unos extraños juegos de agua que han colocado a modo de parque infantil, hacemos algunas fotos y, al llegar al final del paseo, decidimos regresar por la calle principal dónde al pasar hemos visto una cafetería. Nos tomamos un café y probamos una tarta típica de frambuesas que nos sabe a gloria, antes de seguir hacia el coche. En la puerta de una tienda vemos a un señor que vende motos hechas artesanalmente con madera. A Javi le gustan mucho y decide comprarse una como recuerdo, con sus ahorros.

Ya en el coche nos dirigimos disfrutando del paisaje a Kandersteg. Aparcamos en un camino con árboles poco antes de la estación del teleférico que nos subirá al lago Öschinensee.

La subida es muy bonita y las vistas al apearnos todavía mejores. El día está bastante despejado y a nuestro alrededor todo son cumbres nevadas y verdes valles. Junto a la estación, hay un tobogán por el que se desciende en una especie de trineos y lo dejamos como una posible opción para después.

La ruta caminando hasta el lago resulta un estupendo paseo entre prados y vacas. De vez en cuando nos cruzamos con algunos caminantes e incluso grupos de chavales excursionistas. La primera imagen del lago rodeado por las montañas, es de postal y, menos mal que llegamos a verla, porque poco después de comer las nubes irán poco a poco cubriéndolo todo hasta que la visibilidad llega a ser nula por la densa niebla.

Comemos junto al agua, viendo como un atrevido grupo de lo que parece un campamento infantil de verano está bañándose en el lago. Bueno, más bien corriendo sobre sus aguas mientras gritan a pleno pulmón ¡Y no me extraña! Nosotros vamos con los polares.

El camino de regreso bajo la niebla no deja de ser interesante, pero el tobogán queda descartado por hoy. Descendemos hasta el coche y nos disponemos a marcharnos rumbo a Valais, donde estará nuestra casa durante la próxima semana. Desde aquí no se puede acceder por carretera sino en un tren-trasbordador al que subimos sin bajar del coche, recordándonos a los ferrys noruegos.

Esto nos acorta mucho el camino y llegamos a nuestra casa en Ernen más temprano de lo previsto. La lluvia ha vuelto a hacer su aparición y descargar el equipaje nos resulta un tanto complicado ya que el aparcamiento está algo lejos de la casa.

Pasamos el resto de la tarde instalándonos en este acogedor apartamento del que únicamente tenemos una queja: la falta de luz natural, ya que estamos en la planta baja y un enorme balcón sobre la puerta de entrada nos quita bastante luz.

 

DÍA 7- DOMINGO 15 AGOSTO: ERNEN-CARRETERA DE LOS TRES PUERTOS-ERNEN 150 Km

Hoy amanece muy nublado y no tenemos claro cuánto tardará en llover. Decidimos dejar de lado las rutas a pie y hacer la carretera de los tres puertos que tiene más horas de coche, por si acaso. El recorrido por el valle del Ródano (Goms) hasta el primero de los puertos está salpicado de pueblecitos típicos en los que alternan las casas llenas de flores con una especie de hórreos de madera oscura, propios de esta región. Las iglesias destacan a lo lejos por las afiladas agujas de sus campanarios. El verde paisaje termina siempre en una masa blanca de nubes que, de vez en cuando deja entrever nieve recién caída en la parte alta de las montañas.

A la altura de Gletsch se pueden ver las serpenteantes carreteras que suben a dos de los puertos, a la izquierda el Grimselpass, y a la derecha el Furkapass. Nosotros comenzaremos la ruta por el segundo. Al lado de la carretera se ve una caída de agua que no es otra que el nacimiento del Ródano. Sus aguas surgen del glaciar del mismo nombre hacia el que nos dirigimos ahora.

Aparcamos junto a la tienda-cafetería que permite el acceso al glaciar, curiosamente pagando. Lo primero que nos encontramos son unas marmotas a las que están dando de comer unos chavales. Nos acercamos a hacerles una foto y terminamos dándoles de comer. Van tomando confianza y terminan incluso subiéndose al zapato de Javier para pedirle comida.

Después de agotar las galletas nos dirigimos al glaciar. Dudamos un poco en la taquilla porque no hace mucho estuvimos aquí y no sabemos si pagar de nuevo la entrada merecerá la pena. Finalmente entramos y no quedamos desilusionados. La visibilidad es mucho mejor que la primera vez que vinimos y se ve el glaciar al completo. Casi deslumbra porque está cubierto de nieve recién caída. Lo que si notamos es el retroceso del hielo que ha dejado al descubierto parte de la gruta excavada que permite visitar el interior de este enorme glaciar.

Hacemos fotos y poco a poco nos dirigimos a la gruta para recorrerla. Hace frío y no ayuda nada estar rodeados de hielo. Andrea y Javi posan en cada esquina entre las paredes de intenso azul. Poco después continuamos nuestra ruta.

Superados los 2.431 metros, punto más alto del puerto, conseguimos ver entre las nubes el perfil escarpado de los picos circundantes e incluso hacer alguna foto. En Realp entramos de nuevo en el valle y nos dirigimos a Andermatt. La carretera desde aquí tiene una bajada entre túneles junto a una caída de agua que ofrece interesantes vistas, aunque es muy difícil encontrar un sitio en el que detenerse para hacer una foto. Va paralela a la autopista que no tomaremos en esta ocasión.

En Goschenen nos desviamos por una estrecha carretera para visitar el lago del mismo nombre. En el trayecto el clima va empeorando y al llegar está lloviendo bastante. Aparcamos y nos tomamos los bocadillos dentro del coche. Después salimos con los impermeables para ver este lago que realmente no es un lago sino una presa. La niebla no nos permite ver demasiado, pero tampoco tenemos la impresión de perdernos mucho, tras un breve paseo regresamos al coche y continuamos la ruta hacia el siguiente paso, el Sustenpass.

La carretera de subida resulta prometedora cuando nos deja ver las cumbres nevadas, pero al llegar arriba nos vemos rodeados completamente por las nubes y no conseguimos ver absolutamente nada por lo que continuamos el descenso del puerto sin ni siquiera detenernos. Poco después conseguimos ver Steingletscher, justo al lado de la carretera. Aparcamos en el mirador pero en unos minutos la niebla vuelve a aparecer impidiéndonos verlo. Continuamos pues en dirección a Innertkirchen, pasando sin detenernos, por delante de la estación de teleférico que teníamos pensado tomar para llegar al puente nepalí construido recientemente sobre el glaciar Tirft, y tomamos la carretera que nos llevará al tercer puerto el Grimselpass, paralela al rio Aare. Seguimos sin detenemos en todo el trayecto ya que el tiempo no mejora, sino que por el contrario ha comenzado a llover.

Este valle tiene la peculiaridad de un paisaje diferente, casi tétrico, con unas enormes rocas cubiertas de verde y dos enormes lagos con las aguas del mismo color, el Boden y el Grimsel. Nos llama la atención un hotel situado en medio de la presa entre los dos lagos. Parece la casa del terror y comentamos que no nos gustaría nada alojarnos en un lugar como ese. A los lagos nosotros los denominamos “de la muerte”, con el color verdoso y turbio que tienen, sólo les falta que salgan burbujas de las aguas para parecer una pócima de brujería.

En el punto más alto del puerto, la niebla es total y adivinamos, más que vemos, que a nuestro lado hay un tercer lago. Regresamos pues a casa. Como llegamos temprano y ha cesado la lluvia, salimos caminando a conocer un poco Ernen, el pueblo en el que esta nuestra casa. No tiene nada de especial pero no es feo, sencillo y rural, y muy, muy tranquilo. Callejeamos un poco e iniciamos el regreso. Antes de acostarnos bajamos del coche la tienda de campaña. Mañana cuando nos vayamos la dejaremos extendida en el comedor para que se seque.

DÍA 8- LUNES 16 AGOSTO: ERNEN-AARE-MEIRINGEN-ERNEN 100 Km

El día amanece poco prometedor en cuanto a clima. Seguimos sin atrevernos a hacer una ruta a pie y decidimos intentar de nuevo la ruta de los tres puertos para ver si tenemos más suerte que ayer. Esta vez la haremos al revés, comenzando con el Grimselpass. En cuanto llegamos arriba vemos con desilusión como la niebla nos rodea de nuevo. Pasamos de bajada los lagos que nos resultan igual de tenebrosos que ayer y, viendo que no está el día para tomar ninguna de los funiculares que teníamos previstos en esta zona, nos vamos a visitar las grutas del Aare, cerca de Meiringen.

Aparcamos en la entrada y nos equipamos con los impermeables, ya que llueve de nuevo. Pasamos la taquilla y nos adentramos por el entramado de senderos de madera colgados en la roca que nos permite caminar paralelos al rio adentrándonos en una estrecha garganta excavada por el río entre paredes rocosas. Hay rincones con mayor encanto que intentamos fotografiar, aunque no es fácil por la escasez de luz y la lluvia que continúa cayendo incluso en ese estrecho sendero. Hacemos la ruta de ida y vuelta, regresando por el mismo sitio. Al llegar a la salida hay un café con terraza cubierta y, aunque especifica un cartel la prohibición de picnic, compramos unas bebidas y cafés, y nos tomamos nuestros bocadillos. No somos los únicos.

Después de comer nos dirigimos al lago Engstiensee desviándonos por una pequeña carretera. Varios carteles indican que es un lago privado y que hay un peaje para acceder a él. Al llegar a la barrera y ver que la niebla nos rodea, decidimos dar la vuelta y no pagar. Nos vamos a Meiringen, aparcamos en un Coop y nos dedicamos a recorrer sus calles. Primero las del centro, donde curioseamos algunas tiendas turísticas y podemos ver la estatua de Sherlock Holmes, después continuamos un sendero por las afueras de la ciudad para disfrutar un poco de la naturaleza, ya que hoy el tiempo no nos permite hacer mucho más. Curiosamente no nos ha llovido en todo el paseo. Antes de marcharnos compramos unas porciones de tarta del Coop para merendar en el parking, donde tenemos el coche. Iniciamos el regreso a casa y, al llegar al Grimselpass, por primera vez podemos ver algo, ya que la niebla parece estar remitiendo. Decidimos arriesgarnos a visitar el Oberaarsee pero se accede a él por una carretera con semáforo y debemos esperar 20 minutos hasta que se ponga verde. Mientras esperamos vemos la niebla ir y venir y decidimos marcharnos y darlo por perdido, no sea que la espera no vaya a servir de nada.

Antes de llegar a casa nos desviamos a la estación de funicular de Fiesch. Queremos informarnos de los precios del parking, aquí y en la estación del tren, preparando la excursión al Aletsch.

 

DÍA 9- MARTES 17 AGOSTO: ERNEN-ZERMATT-ERNEN 120 Km

 Hoy nos dirigimos a Zermatt. Salimos de casa con la intención de dejar el coche en cualquier estación que tenga aparcamiento, para continuar desde allí en tren. Lo intentamos en varias, pero aparcar es muy difícil y poco a poco nos vamos acercando a nuestro destino. A la altura de Herbriggen vemos por fin un aparcamiento junto a la carretera, frente a la estación, y decidimos tomar aquí el tren. Mientras nos ponemos las botas y cogemos las mochilas aparca a nuestro lado un coche con matrícula de Barcelona del que baja una joven pareja que al parecer ha pensado lo mismo que nosotros. En la estación no hay oficina ni personal, únicamente una máquina informativa y no parece muy claro que el tren se vaya a detener aquí. Vemos llegar a una chica que parece del pueblo, pero no podemos preguntarle porque no deja de hablar con el móvil (debe tener tarifa plana porque cuando llegamos a Zermatt todavía está hablando). Poco después aparca un autobús con gente mayor y vienen todos hacia la estación.  Esto nos hace concebir esperanzas. Así es, unos minutos más tarde el tren se detiene y ponemos rumbo a Zermatt.

En cuanto llegamos y nos apeamos del tren, cruzamos a pie la localidad. La calle principal de esta famosa estación alpina está llena a ambos lados de tiendas y hoteles. Sus fachadas son de madera oscura y sus balcones están cubiertos de flores. El turismo de todo tipo llena sus calles y es igual de frecuente encontrar gente muy bien vestida paseando o descansando después del esquí, que montañeses completamente equipados.

Nosotros la atravesamos sin detenernos y nos dirigimos a la estación del funicular que nos subirá al Klein Matterhorn. Poco antes de llegar comienza a verse el perfil del Cervino que, afortunadamente, permanece visible. La subida en varios tramos es absolutamente espectacular. Primero alcanzamos el Schwarzsee, donde planeamos parar en la bajada, y luego poco a poco sobrepasamos la capa de nubes que quedan por debajo de nosotros formando un blanco manto desde el que emergen altas cumbres y un paisaje absolutamente nevado, en el que luce el sol. El monte Rosa y los glaciares que le rodean son plenamente visibles desde la pequeña cabina, así como el Cervino que tenemos todo el tiempo a nuestro lado. Hacemos infinidad de fotos y disfrutamos de las increíbles vistas hasta que poco a poco nos acercamos a Trockener Steg, estación situada a 2939m. Aquí hemos de dejar esta cabina para tomar una mayor que completará el tramo final. Hay mucha gente porque arriba hay una estación de esquí y está abierta. Este último tramo lo hacemos sobrevolando a un lado las pistas de esquí y al otro el glaciar, muy cerca de la nieve.

Al llegar arriba un frío túnel nos lleva hasta el exterior. A mitad hay un ascensor que asciende a la terraza donde, por una pequeña escalera, se llega a coronar la cima. La subida es pequeña pero con la altitud parece que falta el aire. Yo, como dirá constantemente Javi, enseguida me “afogo” y debo parar un poco a descansar. Un mirador en este punto ofrece vistas inigualables de las más altas cimas alpinas. El día está despejado y no nos cansamos de mirar y fotografiar. Estamos a 3883m de altitud. Finalmente es el frío el que nos obliga a marcharnos al interior de la cafetería, ya que la temperatura es de varios grados bajo cero. Desistimos de salir a caminar por la nieve porque no llevamos equipo adecuado y porque Andrea y Javi están algo congelados.

El descenso es tan bonito como la subida. En la primera estación encontramos una sala acristalada con mesas para pic-nic y nos sentamos a comer mientras vemos a través de las enormes ventanas como trabaja un helicóptero en el transporte de material de construcción.

Después continuamos el descenso, pero no nos detenemos, como pretendíamos esta mañana, en el Schwarzsee, ya que ahora está cubierto por la niebla. Una estación más abajo decidimos dejar el teleférico y bajar a Zermatt caminando. La ruta es agradable entre pequeños caseríos con construcciones rurales típicas de la zona. El paisaje, bastante despejado, permite ver las montañas nevadas de fondo. Entrando en la ciudad vemos un circuito con tirolina y otras atracciones de aventura pero de nuevo nadie se anima.

Ya en Zermatt tenemos que esperar un poco la llegada de nuestro tren. Escuchamos a un grupo femenino que interpreta música tirolesa y compramos el pan en un supermercado cercano.

En regreso en tren lo pasamos entre risas y bromas de Andrea y Javi que han descubierto a un señor que según ellos “está tenso”. Debemos estar atentos porque hay que solicitar la parada en la pequeña estación en la que tenemos aparcado el coche.

 

DÍA 10- MIÉRCOLES 18 AGOSTO: ERNEN-ZERMATT-ERNEN 120 Km

 Hoy regresamos a Zermatt para realizar la ruta de los lagos, de 9 Km. En vista del poco éxito que tuvimos ayer con los transportes públicos, hoy decidimos llegar con coche hasta Täsch y tomar allí el tren, como todo el mundo. A partir de este pueblo no se puede transitar con vehículos no autorizados (solo vehículos eléctricos). Tardamos un poco en aparcar porque no sabemos si podemos entrar con el box en el gran parking cubierto de la estación y damos muchas vueltas intentando encontrar sitio en los alrededores, aparcamos en la puerta de un hotel pero salen rápidamente a echarnos. Al final, preguntamos en la oficina de turismo y nos indican que la altura es adecuada.

Al llegar a Zermatt lo primero que hacemos es visitar una agradable pastelería en la que tomamos un café deliciosamente servido. Después nos dirigimos al funicular subterráneo que nos subirá hasta Blauherd dónde iniciaremos la ruta a pie. Las vistas al salir al exterior son impresionantes en un día despejado y casi soleado, aunque la cima del Cervino permanecerá todo el día con una pequeña esquina cubierta por una nube.

La senda parece casi una autopista, es amplia y fácil de recorrer. Caminamos directos a un pequeño glaciar cuyas aguas de deshielo forman el primero de los lagos que forman parte de esta ruta, el Stellisee. Nos desviamos momentáneamente del camino para ascender una pequeña ladera y tener mejores vistas, pero Javi no está muy convencido, desde Mürren desconfía de las rutas alternativas.

Montones de fotos y continuamos por el camino que poco a poco va descendiendo entre jóvenes abetos hasta el segundo de los lagos, el Grindjesee, de aspecto menos alpino que el anterior, está enclavado en un entorno más verde y suave. En sus aguas se refleja claramente el perfil del Cervino. Comemos a su lado disfrutando un rato de esta tranquilidad y compartiendo alguna miga de nuestro bocadillo con los peces.

Después del descanso nos encaminamos al tercero de los lagos, el Grüensee, algo más alejado y menos atractivo que los dos primeros. A partir de aquí la senda deja de ser camino y se hace más estrecha y accidentada, primero pedregosa, después bordeando un valle que ofrece bellas vistas y finalmente atravesando un bosque con bonitos rincones para descansar.

Nosotros no lo hacemos, pero encontramos familias con niños que parecen estar merendando. La mayor afluencia de gente pensamos que es debida a nuestra proximidad a la estación de tren de Riffelalp. Llegamos a tiempo de comprar los billetes antes de que se detenga de bajada uno de los trenes procedentes de la famosa estación de Gornergrat, que no visitaremos en esta ocasión porque ya lo hicimos hace unos años.

Al llegar a Zermatt, y de nuevo en la estación, esperamos la llegada del tren a Täsch dando de comer a unos hambrientos y descarados pajarillos, después de un infructuoso intento de comprar una tarta típica para merendar. Lo que si hacemos es comprar el pan en el mismo supermercado que visitamos ayer.

 

DÍA 11- JUEVES 19 AGOSTO: ERNEN-SAAS FEE-ERNEN 110 Km

Hoy cambiamos de valle y nos dirigimos a Saas Fee, nombre compuesto por el del río que recorre el valle, Saas, y el del enorme glaciar que tiene al lado, el Fee. Aparcamos a la entrada del pueblo que también es peatonal y vamos caminando hasta la oficina de turismo donde obtenemos horarios y precios de los teleféricos junto a un plano de la localidad.

De camino a la estación vemos un tobogán gigante del que habíamos oído hablar, pero de nuevo nadie se anima a probarlo. Continuamos pues, y en breve, estamos subiendo en una pequeña cabina para cuatro personas. Nuestro objetivo es Längfluh.

Paramos en Spielboden para hacer el cambio de cabina y aprovechamos para fotografiar el espectacular paisaje. Cuando estamos a punto de marcharnos para tomar el siguiente teleférico Andrea destapa una papelera para echar algo y la tapa cae armando un gran estruendo. Un chaval acude en su ayuda y la anécdota sirve para un rato de bromas entre nosotros comentando lo “fortachona” que está Andrea.

Al llegar arriba nos encontramos con un glaciar allí mismo bajo una pequeña terraza en la que hay gente en tumbonas tomando el sol y no me extraña porque nosotros mismos descubriremos al día siguiente que nos hemos quemado el cuello, sobre todo los chicos.

El glaciar Fee es una enorme masa de hielo lleno de grietas de gran profundidad que permiten en algunos lugares descubrir trozos de hielo azul entre el grisáceo de los sedimentos depositados. Ascendemos por el lateral, hasta donde se puede, sin llegar al hielo, y nos sentamos a comer disfrutando de las vistas. De vez en cuando escuchamos el sonido impresionante de algún alud en el lado opuesto, desde las laderas de las montañas Täschhorn y Dom, sobre las que deben ser pistas de esquí en el glaciar, pero que hoy están cerradas. Pasamos un buen rato eligiendo la piedra más bonita para llevar a la tía Maite y, poco después, iniciamos el descenso a pie hasta la siguiente estación de teleférico. El trayecto, aunque corto, será de los más difíciles que hagamos en este viaje, por la pronunciada pendiente. Primero es un tramo muy pedregoso, paralelo al glaciar en el que vamos parando constantemente para observar algún nuevo alud. Después un estrecho sendero muy empinado con pendiente a ambos lados que da un poco de vértigo. Los palos ayudan mucho a soportar la bajada sin lastimarnos las rodillas. Justo cuando estamos llegando a la estación-bar-terraza-mirador, vemos unas marmotas nada tímidas a las que damos de comer y fotografiamos. Según se acercan a nosotros las vamos bautizando. Así tenemos a Jefren que come encantado el pan de pipas, Brócoli al que sólo le gustan las manzanas y un tímido Félix que apenas quiere comer, pero posa para las fotos.

Vemos también por los alrededores ovejas que hacen las delicias de los niños y menos niños que andan por allí.

El descenso en la cabina para cuatro resulta un verdadero suplicio. Hace un calor espantoso en el pequeño espacio acristalado y se mueve con lentitud pasmosa. Al llegar abajo queremos dar un paseo por las calles de la ciudad antes de regresar al coche, pero lo hacemos rapidito y con desgana, porque el calor es increíble y las calles están llenas de gente, porque hay un mercadillo de artesanía y/o productos típicos. Entramos en una pastelería a tomar algo fresco antes de dirigirnos al aparcamiento.

Bajamos desde Saas Fee a Saas Grund y tomamos rumbo a Saas Almagell que cruzamos sin detenernos para continuar hacia el fondo del valle buscando nuevos lugares de interés. La carreterita entra en una zona que parece reserva natural. Va paralela al río de aguas cristalinas que da nombre a todos los pueblos de este valle, en una zona arbolada y fresca. Con el calor que tenemos no pensamos en otra cosa que no sea pararnos a meter al menos los pies en el agua, pero el cauce está lleno de carteles que avisan del peligro de crecidas repentinas a causa de la presa que forma el lago Stausee Mattmark. Hacia ella nos dirigimos, pero en cuanto bajamos del coche vemos que el pantano no está lleno del todo y se nota mucho que no es un lago natural. No nos gusta demasiado y decidimos regresar. Justo al lado de la presa podemos ver una masa de hielo que vierte sus aguas también en el río que recorre todo el valle. Es el glaciar Allalin. La zona está llena de vacas pero no hay sitio para detenerse.

En el regreso volvemos a intentar mojarnos los pies, pero no lo conseguimos. Una vez porque nos quitan el sitio y otra porque buscando agua fuera del río, acabamos en una especie de charca con ranas y mosquitos y ¡tampoco es plan!

Vamos regresando pues a Ernen, recorriendo por última vez este valle y el que da acceso también a Zermatt. Mañana nos quedaremos más cerca de casa.

 

DÍA 12- VIERNES 20 AGOSTO: ERNEN-BETTEN-ALETSCH-FIESCH-ERNEN 8 Km (El resto en tren o caminando)

Hoy tenemos por delante uno de los días más esperado del viaje: Volvemos al Aletsch, el glaciar más grande de Europa con 22 Km de longitud y uno de anchura. Todo sale según lo planeado. Dejamos el coche en la estación de tren de Fiesch y lo tomamos hasta Betten. Allí cogemos el teleférico que nos llevará a Bettemeralp y desde allí a la cima, a la estación del Bettmerhorn.

Lo primero que hacemos es encaminarnos al mirador para ver de nuevo el fabuloso espectáculo de esta enorme autopista helada. Hay mucha más gente que la última vez que estuvimos aquí y bastante menos nieve. No nos detenemos demasiado en él, estamos deseando emprender la ruta que lo bordea. Comenzamos con la intención de no sacar mucho la cámara de fotos porque nos espera un recorrido de 11 Km y no queremos que se haga interminable. Pero… ¡es imposible! Una y otra vez hacemos fotos, hasta el punto de dejar la cámara fuera de la funda. Es que el panorama no cansa y el dedo dispara solo. Javi parece un árabe porque hemos tenido que cubrir la piel quemada de su cuello con un pañuelo sujeto a su gorra. Hoy vamos todos llenos de crema protectora.  

El trayecto tiene en total tres tramos diferenciados. El más largo y bonito nos ocupa toda la mañana. Transcurre paralelo al glaciar, en sentido contrario, para tenerlo todo el tiempo de frente, y es descendente, acercándonos cada vez más al hielo.

Un segundo tramo deja a nuestra espalda el glaciar y se adentra en perpendicular, en una ruta llena de pequeños lagos y flores alpinas. Junto a uno de estos lagos paramos a comer. Después nos adentramos en un túnel de un kilómetro de longitud que recorremos provistos de un frontal y resulta una experiencia muy divertida, para salir al otro lado de la montaña, justo al valle en el que estamos alojados, dejando a nuestra izquierda la lengua del glaciar Fiesch. Este tercer tramo de camino es menos agreste pero muy agradable, verde y lleno de flores moradas. Nos volvemos a encontrar con un helicóptero que acarrea materiales de construcción a un chalet de la zona y paramos un poco a verlo trabajar ya que impresiona la precisión con la que lo manejan.

Al llegar a la estación de funicular, en lugar de bajar a Fiesch. Subimos hasta la estación del Eggishorn para ver el glaciar desde este mirador, el más famoso de la zona. Tenemos dificultades para que nos dejen subir con el pase de Andrea y Javi pero al final todo se aclara. Arriba nos encontramos con poca visibilidad porque ha comenzado a llover un poco. No conseguimos pues llegar a lo más alto del mirador. Es un tramo rocoso y nos advierten de que está resbaladizo. Debemos conformarnos con disfrutar desde allí de las vistas pero no quedamos nada decepcionados. Es impresionante. El ángulo de visión es diferente al de esta mañana y se llega a ver el Jungfrau y el Mönch allá a lo lejos, así como la llamada plaza de la concordia, porque en ella se unen tres lenguas de glaciar para dar lugar al enorme Aletsch. Lo mejor es que al ser el final de la tarde estamos prácticamente solos.

Ha sido un bonito final para el día y no nos marchamos sin hacer nuestra propia torre de piedra para dejar un recuerdo de nuestra estancia. Andrea le añade su toque personal con unas florecillas. Entre foto y foto terminamos buscando a un ratoncillo que ha aparecido por allí, aunque yo, personalmente, no le veo la gracia al animalito.

Al final tienen que venir a avisarnos de que el teleférico va a hacer su última bajada y tenemos que salir corriendo para la estación. Aunque el sitio nos gusta mucho, no queremos pasar aquí la noche.

Al llegar a Fiesch debemos caminar un poco hasta la estación de tren donde tenemos aparcado el coche desde esta mañana. En el último cruce, continúa Javier solo a buscarlo, mientras Andrea, Javi y yo continuamos por la calle principal hasta un Coop para comprar pan. Poco después nos recoge en la misma puerta del supermercado.

Hoy es nuestra última noche en esta casa y, después de la cena, toca recogerlo todo y hacer las maletas.

 

DÍA 13- SÁBADO 21 AGOSTO: ERNEN-LUGANO-ST. MORITZ-VULPERA 378 Km

Después del desayuno cargamos el coche, devolvemos las llaves del apartamento y nos disponemos a partir hacia nuestro último destino en Suiza, Vulpera.

Iniciamos la ruta recorriendo por última vez el valle del Ródano hasta Ulrichen donde nos desviamos por una carretera secundaria que nos han recomendado en el foro. La carretera va ascendiendo el Nufenenpass, en cuyo punto más alto nos detenemos. El lugar dispone de una tienda-restaurante con un gran aparcamiento. Lo primero que vemos al llegar es un precioso Ferrari rojo, último modelo, justo del que habían estado viendo en un programa de televisión, hace unos días, cómo se fabricaba, y Javier y Javi se apresuran a contemplarlo. Da la casualidad de que hoy Javi se ha puesto su camiseta roja de Ferrari y parece el propietario del vehículo cuando posa a su lado para una foto. Tan entusiasmados están con el coche que Andrea y yo nos vamos solas hasta el mirador para contemplar y fotografiar el panorama montañoso que nos rodea.

Poco después continuamos nuestra ruta que nos lleva hasta la autopista en dirección a Lugano. El carril que asciende en sentido contrario al nuestro está completamente colapsado con un enorme “tapón” de vehículos parados de los que la gente sale a esperar ¡Menos mal que no es en el nuestro porque no llegaríamos a tiempo a la recepción del apartamento!

Al llegar a Lugano dejamos la autopista para adentrarnos por las calles de la ciudad hasta el lago. El paisaje y las construcciones han cambiado completamente y hemos pasado en unas horas de la alta montaña, a la costa mediterránea, o al menos esa impresión dan los pueblos construidos junto al lago. Lugano tiene un aire cosmopolita similar a ciudades como Montecarlo o Marbella.

Bordeando el lago y disfrutando enormemente del paisaje nos adentramos brevemente en Italia y llegamos al lago de Como. Los pueblos han pasado a ser decadentes, con ese aire italiano tan característico. Algunos están prácticamente colgados sobre el lago y hay rincones preciosos. En uno de ellos, Dongo, nos detenemos a comer en un banco del paseo, junto al agua. Entre bocado y bocado Javi y Andrea se ríen dando de comer a una familia de patos y algún que otro pájaro que se une al festín. En un momento dado Javi da un “calbot” a Andrea entre juegos, y un simpático anciano se les acerca para explicarle en italiano que a las chicas no se les pega. Aquello les hace mucha gracia.

Después de comer entramos en un barecillo a tomar café y terminamos tomando uno riquísimos helados italianos que nos resultan baratísimos después de Suiza.

Hace rato que ha aumentado en la carretera el número de coches deportivos y descapotables. Esto seguirá así hasta que nos marchemos de Suiza y es que estamos entrando en uno de los valles más cosmopolita y frecuentado por la jet-set de Europa, el valle de Engadin.

Nos dirigimos a él después de comer y nos resulta un trayecto de gran atractivo. Primero entre pequeños pueblos con las escarpadas montañas al fondo, en el valle Bregaglia, después el ascenso al Passo di Maloja y, una vez arriba, enormes lagos de aguas turquesas llenos de embarcaciones, Windsurfistas…y gente practicando cualquier tipo de deporte de agua que requiera viento. Y es que viento es lo que no falta en este abierto valle de 1800 m de altitud.

Pasamos Silvaplana, St Moritz, y continuamos por este amplio valle surcado ahora por las aguas del Inn. Nos llama la atención la belleza casi artificial de los pueblos. Las casas son todas casi iguales, muy nuevas, pintadas en diferentes tonos pastel con pinturas decorando las ventanas y puertas. Son tan perfectas que parece un decorado de cuento o una urbanización recién construida.

Más o menos así es también el complejo turístico en el que está nuestro apartamento, justo al lado de un campo de golf y un lujoso hotel con muchas estrellas. Esto, en lugar de causarnos admiración, nos molesta bastante, porque no podemos instalarnos y bajar el equipaje con comodidad sino con la sensación de ser observados, tanto nosotros como nuestro vehículo cargado hasta los topes, que parece fuera de lugar entre tantos coches de marca.

Cuando hemos descargado el equipaje y casi nos hemos instalado, me doy cuenta que necesito una sartén que he dejado en el coche. Allá vamos Javier y yo a por ella. Vestidos de chándal tenemos que pasar por la puerta del hotel dónde se está celebrando una especie de coctel de lujo, y después regresar con la sartén estratégicamente oculta en una bolsa. Al pasar por delante no pude evitar imaginarme como sería que se me cayera la bolsa allí mismo y la sartén quedara rodando por el suelo ante semejante público.

En fin, al menos el apartamento está genial, más grande que el que habíamos contratado y con una terraza al valle que nos permitirá cenar al aire libre cada tarde y disfrutar de las vistas, sin ser vistos. Por cierto, que la terraza no deja de ser peculiar, porque no tiene reborde en el suelo, suponemos que para que no se acumule la nieve en invierno, y esto resulta un verdadero peligro porque una de esas noches a Javier se le cayó el tenedor mientras cenábamos y fue a parar a la calle, desde el cuarto piso ¡Menos mal que no pasaba nadie!

Esta noche nos lo tomamos con calma y nos enganchamos todos, un rato, a la gigante tele de pantalla plana que tiene el apartamento. Vemos un curioso festival de música que se está celebrando en Alemania. Mezcla de clásicos y populares con un toque de humor.

 

DÍA 14- DOMINGO 22 AGOSTO: VULPERA-PASO BERNINA- PASO STÉVIO-VULPERA 200 Km

 Hoy partimos tranquilamente hacia St Moritz para desviarnos poco antes de llegar por la carretera que lleva al paso Bernina. Queremos seguir las huellas del Bernina Express. Nuestra primera parada está muy cerca, un enorme parking desde el que se puede acceder al mirador Chuneta o a la propia lengua del glaciar Morteratsch. Nosotros optamos por lo segundo.

La primera imagen del valle con el glaciar al fondo, en este día soleado, es de postal, pero el trayecto termina haciéndose pesado de tanto calor, hubiésemos agradecido un día algo más nublado. Además, la senda de acceso es amplia, casi un camino que va en todo momento paralelo al río formado por el deshielo del glaciar, y hay un constante transitar de turistas de todas las edades y condición, incluso con carritos de bebés o con ropa de vestir. En fin, nada que ver con las rutas que hemos estado haciendo en días pasados. Todo esto le resta interés al trayecto y, sin embargo, una vez en el glaciar no deja de ser impresionante.

Se puede caminar hasta el hielo y se puede ver la gruta por la que emerge con fuerza el agua de deshielo. A su lado el calor ha desaparecido y corre un aire fresquito. El último tramo, aunque se camina sobre tierra negra de sedimentos, en cuanto remueves un poco, te das cuenta que estás caminando sobre una capa de hielo que está por debajo. Una cordada desciende en ese momento por la lengua del glaciar, suponemos que desde el pico cercano llamado Diavolezza, al que se puede subir en teleférico.

Realizamos el trayecto de regreso parando de vez en cuando a hacer alguna foto y, antes de regresar al coche, buscamos un lugar junto al agua, sombreado, para sentarnos a comer. Estamos deseando descalzarnos y meter los pies en las cristalinas aguas del río, pero, a pesar del calor, es imposible mantenerlos dentro más de 15 segundos, ya que rápidamente se congelan y el dolor es insoportable.

Unos kilómetros más tarde, ya en la carretera, descubrimos un pequeño mirador, que ofrece una visión completa de la lengua del glaciar que acabamos de visitar. No falta gente haciéndose fotos, incluso posando en su descapotable. De nuevo en marcha, pensamos en la posibilidad de subir al teleférico del Diavolezza y nos acercamos a la estación que nos coge de paso. Pero, al llegar, pensamos que es demasiado tarde para, una vez arriba, hacer la ruta caminando hasta el mirador sobre el glaciar. Decidimos dejarlo mejor para otro día que dispongamos de más tiempo. El precio de la subida, como el de todos los teleféricos en Suiza, es para tener en cuenta y no conviene desperdiciarlo.

Continuamos pues hasta el paso Bernina desde donde se puede contemplar el lago Bianco y la lengua de un pequeño glaciar que vierte sus aguas en él. Lo que resulta difícil es hacer fotos ya que tenemos el sol de frente y muy bajo.

Seguimos recorriendo el trayecto del Expreso Bernina y nos dirigimos ahora hacia Italia, concretamente hacia Poschiavo. El recorrido a partir de aquí no tiene mucho interesante para ver. Es todo una fuerte bajada y nosotros vamos pensando que en algún momento habremos de subir. Efectivamente, poco después de Bormio, iniciamos una fuerte subida con incesantes curvas provistas de un “guarda-rail” completamente oxidado que, cuando parece que van a terminar, se incrementan con el ascenso al Paso Stélvio. De pronto nos vemos ante una pared que parece inexpugnable y que está cruzada por una interminable sucesión de cerradas curvas que parecen no acabar nunca y que, curiosamente están numeradas en orden descendente. Mucho más que la famosa carretera de los trolls de Noruega.

El culmen de esta carretera es el citado paso, a 2760 m de altitud, lugar casi fronterizo entre Suiza e Italia, considerado puerta a los Dolomitas, que podemos contemplar desde este mirador privilegiado. Aquí nos detenemos y nos encontramos con un montón de chiringuitos, puestos de perritos calientes, tiendas de recuerdos, y mucha gente deambulando. Por lo visto es un lugar muy codiciado por motoristas y ciclistas, una especie de destino a alcanzar, y venden todo tipo de recuerdos para conmemorar el haber llegado hasta aquí. Nosotros no nos resistimos a comprar un imán para nuestra recién estrenada nevera.

Cuando hemos saciado nuestra curiosidad, regresamos a la carretera para retroceder un poco sobre nuestros pasos y tomar una estrecha carretera secundaria, que en algunos tramos es de tierra, y regresar de nuevo a Suiza y a nuestra casa aqui. Los Dolomitas quedan para otra ocasión. La carretera desciende hasta llegar al pequeño pueblo Sta María, un bello ejemplo de la construcción de esta zona. Sus casas pintadas nos recuerdan mucho a la región sur de Alemania. Está ubicado en un sitio muy curioso, siendo suizo, pero fronterizo entre 3 países, tiene mejor acceso a Austria. Nosotros para regresar al valle de Engadin hemos de subir un nuevo puerto, el Ofenpass, y después atravesar un Parque Nacional en el que no hay construcciones, y que lo deja un tanto aislado.

Poco después estamos bordeando el Inn, rumbo a casa. En nuestro valle, las montañas del fondo se ven teñidas del color anaranjado del atardecer y no me resisto a hacer fotos desde la ventanilla, a pesar de que la luz no permite demasiado.

Hoy no podemos cenar en la terraza porque nos hemos quedado casi sin luz, se nos ha hecho algo tarde.

                                                                                                                                                                         DÍA 15- LUNES 23 AGOSTO: VULPERA – VÍA MALA – MAIENFELD -VULPERA 200 Km

Tenemos planeado visitar el pueblo de Heidi que está casi en la frontera de Liechtenstein. El trayecto en coche será más largo que otros días, pero recorreremos carreteras que nunca hemos visto y tenemos curiosidad por conocer, incluyendo inevitablemente varios puertos de montaña. El primero es el Albulapass. Mientras lo recorremos, nos encontramos con varias personas practicando con patines esquí de fondo, suponemos que para no perder la forma física hasta que llegue la nieve. En ocasiones nos cruzamos con la vía del tren, que muchas veces describe intrincadas curvas. Corresponde a una parte del recorrido del Bernina Express. En una de las pendientes de bajada Javier se da cuenta que un ciclista ha perdido la cartera en la carretera. Intenta ir a devolvérsela, pero, entre lo que tarda en poder aparcar y lo que tarda en regresar caminando, el ciclista se le ha adelantado y se ha dado una carrera en balde. Pero bueno, la intención es lo que cuenta.

 En cuanto salimos a la autopista, nos desviamos un poco hacia el sur para visitar la Vía Mala. No sabemos muy bien lo que nos espera, porque casi no hemos conseguido información, pero no hace falta porque en cuanto entras en la carreterita indicada, te encuentras entre dos enormes paredes de piedra, metido en un estrecho desfiladero formado por el río Rhin que acaba de nacer aquí cerca. El nombre de Vía Mala le viene por la antigua carretera que recorre esta garganta entre puentes y túneles y que ha quedado en unas galerías bajo la nueva. Por lo visto está ya era ruta de paso en la época de los romanos y desde esa época nos ha llegado el nombre.

Como en Suiza no hay nada gratis, también aquí hay un chiringuito con souvenirs en el que se paga para acceder a unas escaleras que te llevan al fondo de la garganta. Allí nos dirigimos y vamos haciendo fotos en el trayecto, que no deja de ser curioso.

De nuevo arriba, recorremos a pie un pequeño tramo de carretera para hacer alguna foto más. Después tomamos la autopista rumbo al norte para dirigirnos a Maienfeld. La primera sorpresa es que es una ciudad relativamente grande, nada que ver con la idílica aldea que había imaginado encontrar. Como no vemos ningún “rastro” de Heidi, continuamos por la carretera y salimos del pueblo. Hemos leído que hay una fuente dedicada a la autora del libro. La encontramos sin problemas y resulta un lugar perfecto para comer, arrullados por el sonido de los cencerros de las muchas vacas que pacen en la zona.

Después de comer, nos hacemos una foto en esta fuente, en la que aparecen talladas en piedra Heidi y sus cabritas, así como el nombre de la escritora del libro.  Luego nos disponemos a seguir el sendero que está indicado como la ruta de Heidi. Está tan mal señalizado, que unos cien metros después regresamos al coche y nos dirigimos en coche al centro de Maienfeld para buscar alguna indicación. Finalmente las encontramos y nos llevan a las afueras de la ciudad, justo a los pies de las montañas, a la supuesta casa de Heidi.

Es una especie de museo al aire libre. Hay una fuente, muchas cabras y una casa de la suiza rural del siglo pasado. Pero también se puede tomar una ruta que asciende por la montaña para visitar las casas de Pedro y del abuelo. Nosotros no nos animamos en absoluto, primero porque todo nos parece un montaje bastante artificial y luego porque hace un terrible calor que no anima a caminar montaña arriba. Tanto nos parece un montaje que incluso dudamos si pagar por entrar a la casa. Al final vamos Andrea y yo, y no nos arrepentimos porque como ejemplo de casa rural sencilla no está nada mal. Además, está muy bien amueblada y ambientada. También damos un vistazo a la tienda, pero no encontramos nada de interés.

Terminamos así la jornada, regresando al coche y con él a nuestra casa. En el regreso, vía Davos, todavía ascendemos el Flüelapass, el mismo que hemos de recorrer el último día para marcharnos.

 

DÍA 16- MARTES 24 AGOSTO: VULPERA-INNSBRUCK-VULPERA 266 Km

Hoy decidimos cambiar completamente de paisaje y marcharnos a la ciudad, concretamente a Innsbruck. En realidad, estamos muy cerca de esta preciosa ciudad austriaca y no queremos marcharnos sin disfrutar un poco de sus calles, ya que disponemos de tiempo.

Nuestra intención inicial es llegar a ella por carreteras y no pagar peaje, pero unos cuantos kilómetros más tarde, a la altura de Telf, cansados del lento avance que llevamos, decidimos comprar la pegatina, que no es demasiado cara, y continuar por la autopista.

Al llegar a Innsbruck aparcamos casi en el mismo sitio que la última vez que estuvimos aquí, en una calle que limita el tiempo a tres horas máximo. Echamos las monedas y nos marchamos al centro de la ciudad, concretamente a las calles cercanas al tejadillo de oro.

Casi lo primero que hacemos es visitar la tienda-museo Swarovski, ya que en las calles hace todavía demasiado calor. Después nos marchamos a comer nuestros bocatas al enorme parque que hay junto al palacio real, dónde podemos encontrar zonas sombreadas bajo los árboles. Desde allí regresamos a tomar el café y unos helados al Mc Donald y, para cuando terminamos de comer, el calor es menos intenso y nos permitimos callejear y visitar las tiendecillas de recuerdos, haciendo de vez en cuando alguna foto. A Andrea y a Javi no les apetece visitar el interior del Palacio y nosotros ya lo conocemos.

Javier, después de café, se marcha para renovar el ticket de aparcamiento del coche, pero llega tarde, ya nos han puesto una multa y decide que no merece la pena meter más monedas.

Nuestro paseo se encamina más tarde a la Maria Theresien Strasse, donde hacemos nuevas fotos bajo la columna central que sostiene una pequeña escultura de la virgen. Esta calle, prolongación de la Friedrich Strasse presidida por el tejadillo de oro, es una de las que ofrece mejores panorámicas de la ciudad y las montañas que la rodean. En un momento dado, debemos refugiarnos a la entrada de unos comercios, porque comienza a llover con ganas.

Cuando cesa la lluvia, vamos regresando callejeando y disfrutando de estos históricos edificios hasta llegar junto al río Inn, donde hacemos nuevas fotos junto al puente. Más tarde descubriremos mirando el mapa que este río nace en el lago de St Moritz y es el que pasa por al lado de Vulpera.

Desde aquí regresamos al coche y a nuestra casa. Al llegar hacemos fotos del piso que pronto vamos a dejar.

 

DÍA 17- MIÉRCOLES 25 AGOSTO: VULPERA-TARASP-PASO BERNINA-ST.MORITZ-VULPERA 150 Km

 Comenzamos el día con un recorrido fotográfico por el complejo vacacional Vulpera. Subimos hacia Tarasp buscando un castillo que vemos cada día desde la carretera. El pequeño pueblo es muy bonito y florido pero el castillo no lo vemos hasta que, al ir a dar la vuelta en el parking para regresar, nos lo encontramos frente a nosotros. Con la intención de verlo mejor, sobre los tejados de las casas, subimos a una pequeña colina Andrea, Javier y yo, y desde allí hacemos fotos. Javi se queda en el coche jugando a la DS, por lo visto no se ha enterado muy bien para qué salimos del coche. La imagen que ofrece el castillo en un entorno tan montañoso es de cuento de hadas.

Para salir a la carretera debemos cruzar de nuevo nuestra urbanización y Andrea y yo aprovechamos para subir al baño. ¡Menos mal que lo hacemos porque nos habíamos dejado todas las botellas de agua en la nevera!

Disfrutando del paisaje, y sin prisas, nos dirigimos al paso Bernina. Esta mañana, después de mucho deliberar, hemos decidido dejar el ascenso al Diavolezza y tomarnos nuestro último día con tranquilidad. Subimos a lo más alto de este conocido paso porque tenemos una foto pendiente del lago Bianco, la que no pudimos hacer el otro día por tener el sol de cara.

En una segunda parada, nos detenemos junto al lago inferior. Nuestra intención es caminar un poco y comer junto al agua, pero nos encontramos con la vía del tren y yo no tengo demasiado claro si debemos cruzarla por falta de visibilidad, ya que estamos junto a la salida de un túnel. Al final, buscando un sitio mejor, caminamos mucho y no sólo hemos de cruzar la vía, sino también un pequeño arroyo. Cosa me irán echando en cara a lo largo del día, claro. Además, Andrea se hace daño en la pierna saltando el alambre que bordea la vía del tren.

Finalmente alcanzamos el sendero y caminamos por este idílico paisaje de alta montaña que nos recuerda la tundra Noruega para detenemos a comer al otro lado del lago, con el glaciar frente a nosotros y acompañados una vez más por el sonido de los cencerros.

La distracción principal es adivinar como cruzarán el arroyo que tenemos al lado las numerosas bicis que transitan por el sendero. Después vigilar a una de las vacas que se ha separado del grupo y nos mira fijamente.

Comemos, bromeamos, hacemos fotos y terminamos haciendo algunas de los cuatro con el disparador automático. Hoy no tenemos grandes pretensiones y disfrutamos sin más del paisaje y la compañía. Además, se está fenomenal porque hace sol pero no hace calor por la proximidad del glaciar.

De regreso al coche cruzamos la vía por el camino directo ya que hemos visto hacerlo a otros muchos. Esto sirve para que Javi de nuevo pueda echarme en cara haberles hecho dar la vuelta.

Una nueva parada fotográfica en el mirador sobre el glaciar Morteratsch, que visitamos el otro día, y nos dirigimos a St Moritz.

La primera visión del lago nos resulta muy atractiva con sus aguas turquesas rodeadas de césped brillando bajo el sol. Aparcamos allí mismo y nos disponemos a rodearlo. Sopla un viento muy fuerte que dificulta las fotos (sobre todo a las que tenemos pelo largo) y termina cansando. Casi al final del trayecto paramos a visitar una iglesia románica, pero el interior nos decepciona bastante. Sin embargo, junto al lago, tenemos ocasión de fotografiar un barco creado con dibujos de niños muy original.

Al llegar frente a la cuidad decidimos subir caminando a conocer el centro. La pendiente es considerable y al llegar arriba, cansados, no encontramos nada de especial interés. Mucho tráfico, lujosas tiendas de conocidas marcas y poco ambiente en las calles ¡Y encima no hay ningún Ferrari! Menos mal que descubrimos unas larguísimas escaleras mecánicas que te bajan hasta el lago ¡Qué pena no haberlas visto para subir!

Al llegar abajo descubrimos que el tráfico que cruza la ciudad está retenido en la dirección en la que tenemos que ir nosotros, al parecer ha habido un accidente. Decidimos esperar en el aparcamiento mientras merendamos algo, porque no merece la pena incorporarse a la cola. Un rato más tarde vemos que los coches de nuevo circulan y nos ponemos en camino. Nos detenemos en Zuoz para visitar al menos alguno de estos pueblos que desde fuera resultan tan irreales. Parece bonito, con fachadas pintadas y una pintoresca plaza, pero sólo lo vemos de pasada porque hay muchas calles cortadas por obras y es imposible parar, ni siquiera un poco.

Desistimos y regresamos a casa para recogerlo todo. Mañana nos vamos.

 

DÍA 18- JUEVES 26 AGOSTO: VULPERA-REIMS 740 Km

Salimos temprano rumbo a Reims. Comenzamos con un último paso de montaña, el Füelapass, antes de incorporarnos definitivamente en las autopistas. Hacemos un descanso a la altura de Zurich, aprovechando para gastar en queso los pocos francos que nos quedan. Antes de lo que pensábamos estamos en Basel, cruzando la frontera francesa. Allí nos detenemos brevemente para solicitar la devolución de tasas por la compra de la cámara de fotos.

Una vez en Francia, contrariamente a lo esperado, no encontramos buenas carreteras, o al menos no tan buenas como estamos acostumbrados. Hemos elegido mal la ruta al cambiar la autopista que pasa por Mulhouse, por la que pasa por Strasbourg. Pasamos obras, desviaciones y circunvalaciones con mucho tráfico, y en uno de esos intermedios paramos a comer. Menos mal que después de Metz mejora y vuelve a ser una autopista francesa de las que estamos acostumbrados a transitar.

Al llegar a Reims, al final de la tarde, la cosa no mejora mucho. Está lloviendo y la ciudad en obras con muchas calles cortadas. Todavía no se cómo conseguimos llegar a la puerta del Aparthotel con todas las vueltas que nos hicieron dar. Menos mal que el apartamento está bien y podemos descansar sin problema.

 

DÍAS 19 a 22- 27 a 30 AGOSTO: REIMS-DISNEYLAND PARIS(3 DÍAS)-CREMONT FERRAND-MONFORTE 1682 Km

 Cómo hemos dormido a sólo 100 Km de Disneyland París, estamos en el parque casi cuando abre sus puertas, dejando todo el equipaje en el coche para ir más tarde a instalarnos en el Hotel Explorers.

En estos días visitaremos todas nuestras atracciones favoritas con especial interés en el recién estrenado Toy Story Playland y en Nemo al que casi no conseguimos subir porque mientras estábamos en la cola se estropeó durante un rato. La rutina será estar en el parque cada día hasta la hora de comer y marcharos después al hotel a descansar un poco y bañarnos en la piscina. Javi disfruta como un loco del enorme tobogán y de todos los juegos de agua del barco pirata. Después, al atardecer, regresamos al parque como nuevos, para disfrutar de la cabalgata Disney’s Fantillusión y del castillo de fuegos artificiales a ritmo de “Encantada”.

El domingo es nuestro último día en el parque y llegamos a sus puertas a las 8’30, a pesar de haber tenido que recoger el equipaje. El motivo es la oferta que tenemos los poseedores del pasaporte anual de entrar una hora antes que los demás al Toy Story Playland. La disfrutamos al máximo consiguiendo subir a las tres nuevas atracciones. Bueno, yo a dos, porque al RC Racer sólo suben Andrea y Javi ¡Y es la segunda vez! A nosotros nos da vértigo sólo de mirar. Después de esto hasta se atrevieron a subir al ascensor. El Slinky Dog Zigzag Spin es para morir de aburrimiento, pero el Toy Soldiers Parachute Drop no está mal del todo, sobre todo la última bajada en paracaídas.

Después de comer ponemos rumbo a Clermont-Ferrand, despidiéndonos una vez más del parque. Los apartamentos del hotel Citea comienzan a parecer nuestra casa y nos acomodamos en él rápidamente. Nos llama la atención por segunda vez. La cantidad de coches de policía que pasan allí la noche ¡Seguros si que estamos! Al día siguiente regresamos a casa.