Navidad en Bruselas

INTRODUCCIÓN

 Este viaje lo hemos realizado con nuestros hijos de 19 y 17 años en diciembre del 2014.

Hemos volado de Alicante a Bruselas. Allí hemos alquilado un coche tanto para trasladarnos al hotel como para visitar Brujas. Ha sido una breve escapada de tan solo 3 días entre el 28 y 31 de diciembre.

  

PROYECTANDO EL VIAJE

El viaje de la Navidad pasada a Venecia, marcó un antes y un después en nuestras escapadas navideñas, al abrirnos al mundo de los vuelos “low cost”. Esto, unido a nuestro deseo de conocer mercadillos navideños por las diferentes ciudades de Europa, fue el punto de partida de esta escapada.

En realidad, no buscábamos este destino en concreto, tan solo poder visitar alguna ciudad europea, durante unos días, dentro del periodo navideño. El azar hizo que de pronto comenzáramos a ver carteles en todos los centros comerciales de Alicante, anunciando ofertas de vuelos a Bruselas. Tuvimos algunas dudas porque Bélgica es para nosotros un país bastante conocido, aunque siempre durante el verano. Y, concretamente Bruselas, es la ciudad que hasta ahora menos nos ha impresionado del país, teniendo mucho mejor recuerdo de Brujas e incluso de Gante.

Por eso, ante las dudas, antes de comprar el vuelo, nos dedicamos a buscar información sobre la Navidad allí. Teniendo en cuenta que los mercadillos más famosos y conocidos han sido siempre los de centro-Europa, no estábamos muy seguros de cómo sería en Bruselas. Para nuestra sorpresa encontramos que la ciudad ofrecía una gran cantidad de actividades durante el periodo navideño y que, además de mercadillo, había pista de hielo y varios espectáculos luminosos.  Esto ya nos animó bastante, pero, por si acaso, quisimos asegurarnos un plan extra y decidimos alquilar un coche que, además de evitarnos los traslados desde y hasta el aeropuerto, nos permitiera visitar en una de las jornadas la cercana ciudad de Brujas, una de las ciudades europeas que más nos gusta.

Con esto en mente y habiendo encontrado alojamiento a nuestro gusto, pasamos a comprar los billetes de avión y a comenzar a planear al detalle esta escapada navideña.

PREPARATIVOS

Sin perder de vista nuestro modo habitual de organizar una escapada, detallaré aquí las opciones elegidas en esta ocasión:

  • Para los vuelos compramos un Alicante-Bruselas con la compañía Ryanair, pero con la ida al aeropuerto de Zaventem y la vuelta desde el aeropuerto de Charleroi (más alejado de la ciudad). Era la combinación que mejor se ajustaba en precio y en días a lo que buscábamos y no nos importó cambiar de aeropuerto. Aunque Charleroi está algo más alejado, el horario era bueno y nos permitía desplazarnos hasta allí sin dificultad.
  • Como alojamiento optamos por un apartahotel de la cadena Citadines con capacidad para cuatro personas, reservado a través de Booking. El precio, la distribución de espacios para dormir y la ubicación nos parecieron adecuados. Se podía llegar caminando al centro, sin estar en medio del bullicio. Además, las opiniones eran muy buenas, había un supermercado muy cerca y algo que llamó muy positivamente mi atención: en la recepción había una cafetera Nespresso con cápsulas gratuitas para los clientes. Además, en un blog, encontramos el relato de una escapada realizada unas semanas antes, en la que casualmente se habían alojado aquí y describían cómo llegaban cada día al centro, dónde desayunaban, etc… Nos dio muchas ideas y nos encantó como opción.

Además, disponía de aparcamiento (de pago) y posibilidad de estacionar en la calle.

  • Para los traslados optamos por alquilar un coche. Por muchos motivos. El primero para poder ir a Brujas, el segundo porque los traslados de aeropuerto para cuatro no eran mucho más baratos que el coche (pequeño) y el último porque en igualdad de precios, siempre preferimos un coche que transporte público, ya que no nos gusta depender de horarios.

Un inconveniente podría haber sido el cogerlo en un aeropuerto y devolverlo en otro, pero, la verdad es que no nos supuso un cambio significativo en el precio del coche.

INFORMACIÓN TURÍSTICA

Al tratarse de dos ciudades conocidas para nosotros y teniendo en cuenta que nuestro principal objetivo eran las celebraciones navideñas, nuestra página de referencia fue la que dedican cada año en Bruselas al evento que llaman Plaisir d’hiver (os dejamos el enlace actualizado para este año). Gracias a esta página supimos el horario de los espectáculos luminosos, aquel año en la Grand Place y en la fachada de la iglesia de Santa Catalina, también obtuvimos el plano del mercadillo, la situación de la pista de hielo, etc… Además, cada año hacen una especie de hermanamiento con otro país al que dedican las celebraciones. El año que nosotros estuvimos fue a Letonia.

Para informaciones más generales sobre la ciudad de Bruselas consultamos  su página web.

Respecto a la ciudad de Brujas miramos en su página oficial el horario y ubicación del mercadillo. También algunos horarios de lugares que queríamos visitar en la ciudad.

EL VIAJE DÍA A DÍA

DÍA 1: DOMINGO 28 DICIEMBRE: LLEGADA A BRUSELAS

Llegamos al aeropuerto de Zaventem a las 12.15 y pronto estamos en el coche de alquiler rumbo a nuestro apartamento en la ciudad, el Citadines Toison d’Or. La calle en la que está ubicado es una amplia avenida con boulevard y carriles laterales adicionales. En ellos hay aparcamiento público de pago por horas. Hoy domingo es gratuito y dejamos allí el coche mientras nos instalamos. Más tarde veremos la posibilidad de utilizar el parking del hotel para dejarlo durante la noche y el día de mañana en el que no pensamos movernos de Bruselas.

En cuanto nos dan la llave del apartamento y situamos nuestro equipaje mínimamente, nos dirigimos a una Carrefour Express que hay a la “vuelta de la esquina” a comprar unas mínimas provisiones para la comida de hoy y los desayunos de toda la estancia. Esta pequeña salida con fines prácticos ya despierta en nosotros la sensación de invierno que venimos buscando. Las calles están medio nevadas, hace bastante frío y toda la avenida luce decoración navideña. Está casi atardeciendo. En estas latitudes, en estas fechas, el día es muy corto. Ilusionados con la idea de marcharnos cuanto antes al centro de la ciudad, hacemos la compra rapidito y regresamos a comer. El apartamento es perfecto para nosotros, moderno, cómodo y lo suficientemente espacioso.

Después de la comida y de colocarnos nuestras prendas de abrigo nos disponemos a “conquistar la ciudad”, pero antes, una breve parada en la recepción para tomar un café calentito. Nos vendrá bien.

Ya en la calle vemos que prácticamente ha oscurecido, la temperatura es más baja y la nieve en las calles, convertida ya en hielo, hace bastante difícil caminar. Hay que ir con mucho cuidado para no resbalar. Estamos en el barrio más alto de Bruselas, que no conocíamos con anterioridad, y la primera imagen de la ciudad desde la Place Poelaert nos recuerda a una postal navideña. La plaza misma parece una pista de hielo.

 Continuamos nuestro descenso hacia la Grand Place con mucho cuidado por la Rue de la Régence, hasta la iglesia Notre-Dame du Sablon. Allí nos desviamos hacia la Plaza Grand Sablon que muestra su mejor aspecto navideño con los comercios, restaurantes y chocolaterías profusamente decoradas y los árboles cubiertos de pequeñas lucecitas. Nos recreamos un poco en el ambiente, en los escaparates… y hacemos alguna foto. Después continuamos nuestro camino de descenso, directos hacia el  Mannenken Pis. Como cabía esperar, está rodeado de gente que ya no nos abandonará en toda la tarde por las calles del centro de la ciudad.

La pequeña estatuilla no nos detiene por mucho tiempo y continuamos por la animada Rue de L’Etuve mirando escaparates, tiendas de recuerdos, chocolaterías, etc… entre un mar de gente.

Pasando junto al lateral del impresionante edificio del ayuntamiento, llegamos a la Grand Place, que luce preciosa con todas las fachadas iluminadas, además, a diferencia de en verano, ahora tiene un gran árbol de Navidad en el centro en el que aparece el nombre de Riga, capital del país con el que Bruselas se hermana este año para los festejos navideños.  Una caseta con tejado de paja, a modo de granja, alberga un Nacimiento con figuras a tamaño real y algunos animales en corrales con paja.

Sabemos que está próximo el comienzo del espectáculo luminoso que se repite varias veces cada noche en esta plaza durante la temporada navideña y nos aproximamos a la pared opuesta al ayuntamiento para situarnos y esperar un poco su comienzo. No se hace de rogar y pronto estamos disfrutando de la música acompasada a impresionantes cambios de luz en toda la plaza, pero en especial en la fachada del ayuntamiento, ya de por sí bellísima.

Terminado el espectáculo, nos encaminamos hacia el mercadillo navideño por la Rue au Beurre, que con tanta gente y tiendecillas, resulta una estrechísima salida de la plaza. Hay que armarse de un poco de paciencia para circular por ella sin pisar a nadie, ni ser pisado. Pronto comienzan a aparecer las primeras casetas del mercadillo que se extienden por toda la zona del edificio de la bolsa y continúan por la Rue Paul Devaux. Se interrumpen un poco en la rue Sainte Catherine, pero de nuevo aparecen en la plaza del mismo nombre, cuya atracción principal es la fachada de la iglesia de Sainte Catherine en la que se proyecta un montaje con imágenes y sonido muy invernal: Electrabel Nights Ice Cathedral. Dos cosas nos detienen en esta plaza: el espectáculo y un puesto de salmón ahumado al más puro estilo finlandés, cuyos bocadillos llaman profundamente nuestra atención y no nos resistimos a probar.

Tan sólo al girar la calle estamos ante la gigantesca Place Marché aux Poissons que alberga el Mercado de navidad propiamente dicho. Está completamente llena de puestos de todo tipo bajo los pies de una enorme noria.

En este momento, las extremidades de Andrea comienzan a parecer témpanos de hielo y nos pide regresar al hotel. Teniendo en cuenta que todo el tiempo hemos caminado en dirección contraria y hay que desandar todo el camino, no es mala idea. Decidimos hacerle caso y ponernos en marcha, deteniéndonos lo menos posible. Caminar rápido ayudará a evitar el frío.

Una vez en el apartamento, tomamos una ligera cena, o lo que a cada cual le apetece, y nos vamos a descansar, agotados pero felices por este primer contacto con la Navidad en Bruselas.

 

 DÍA 2: LUNES 29 DICIEMBRE: JORNADA COMPLETA EN BRUSELAS 

Tras el desayuno en el apartamento al que añadimos un café, salimos bien abrigados a la calle dispuestos a disfrutar de una jornada completa en la ciudad. Las calles siguen con restos de nieve o hielo y el aire frío nos recibe nada más salir. Personalmente me parece estupendo, viniendo de Alicante donde todavía casi vestimos de primavera, es una auténtica gozada sentir que es invierno de verdad, ayuda a sentirse en periodo navideño. Tan solo cambiar pinos por árboles de hoja caduca ya da un toque invernal muy agradable y la luz grisácea termina de completar el cuadro en mi mente. Un auténtico placer caminar por las calles en estas primeras horas del día.

Salimos con la intención de dirigirnos como ayer a la plaza Grand Sablon donde hemos leído de una panadería de la cadena Le Pain Quotidien en la que los desayunos merecen la pena. Además, el ambiente navideño y tradicional de esta plaza nos dejó ayer muy buena impresión. Justo antes de llegar vemos que los jardines de la plaza Petit Sablon están cubiertos totalmente de nieve y nos detenemos a hacer algunas fotos. Bueno, de la nieve y de un precioso perro blanco que han sacado a pasear por allí. Ya en la plaza recorremos cada rincón y hacemos nuevas fotos, pero desistimos de entrar en la panadería, realmente no tenemos hambre todavía.

Continuamos hacia el Palais Royal, situado un poco más adelante en la misma avenida por la que veníamos. Es la residencia oficial de la familia real de Bélgica cuya bandera izada indica la presencia del rey. Los jardines de la entrada al palacio, así como el enorme Parque de Bruselas, justo enfrente, están todavía llenos de nieve, dando un toque blanco a nuestras fotos, pero por muy encantador que nos resulte, no nos adentramos en el parque para no salir completamente llenos de barro.

Tras unas fotos continuamos nuestra ruta, pasando junto al Museo Instrumental situado en el edificio Old England, antes propiedad de unos grandes almacenes. No nos resistimos a hacer una foto a este original edificio joya del art Nouveau, con una elaborada fachada realizada enteramente en vidrio y hierro forjado.

Continuamos nuestro paseo retrocediendo hasta la Place Royal para dirigirnos hacia el Mont des Arts, construido para la Expo 58 como una gran plaza pública dedicada a las artes, que conecta el Palacio Real y el centro de la ciudad. Desde su parte más alta ofrece una bella panorámica de Bruselas tras los jardines nevados, en la que destaca la afilada torre del ayuntamiento.

Seguimos nuestro recorrido por el lateral derecho del parque, pasando por debajo del famoso reloj de carillón de 24 campanas en el que aparecen figuras históricas, ubicado en la fachada de la Maison de la Dynastie que durante la Exposición Universal del 58 sirvió como sala de recepción para las ceremonias oficiales. Actualmente destinada a albergar conferencias ocasionales, eventos y exposiciones.

Pasando junto a la estación central nos dirigimos a la plaza de L’Agora, de la que arranca una de las calles más turísticas de la ciudad: la Rue du Marché aux Herbes. La plazoleta es encantadora y está muy animada, pero nosotros tenemos algo en mente: el desayuno pendiente (el segundo de hoy). Hemos elegido el plan B: el tradicional establecimiento denominado Gaufre de Bruxelles. Tiene una pinta de reclamo turístico que normalmente nos tiraría para atrás, pero hemos leído que merece la pena y queremos probar. No es fácil conseguir mesa, pero superamos la prueba. Ahora os puedo decir que no es para tanto, pero no está mal.

Terminado el descanso y avituallamiento que, por cierto, con este clima viene muy bien para entrar en calor, decidimos visitar la catedral que está muy cerca de aquí antes de seguir adentrándonos en el corazón de la ciudad. Ya en la plaza de la Catedral nos encontramos de nuevo con los jardines parcialmente cubiertos de nieve y realizamos algunas fotos más antes de entrar en el edificio, de estilo gótico brabantino. Es uno de los edificios más significativos de Bruselas, escenario de coronaciones y bodas reales y la principal iglesia católica de Bélgica. Nosotros nos entretenemos principalmente viendo una exposición de Belenes de distintas partes del mundo que hay en su interior.

Desde allí regresamos a la plaza de L’Agora, para dirigirnos hacia la Grand Place pero, todavía hacemos una nueva parada para recorrer las famosas Galerías Saint Hubert, una elegante galería comercial cubierta, del siglo XIX. La recorremos de extremo a extremo cotilleando los escaparates decorados con elegancia. Hay numerosas joyerías, chocolaterías, tiendas exclusivas de moda, restaurante y cafeterías.

Aunque hemos accedido a las galerías por la Rue du Marché aux Herbes, decidimos salir por la Rue des Bouchers, una animada callecita llena de restaurantes que, sobre todos por las noches, tanto en invierno como en verano, está siempre a tope de gente y de camareros intentando convencerte de que su menú es el mejor. Nosotros hoy no nos detenemos en ella, ni siquiera es todavía la hora de comer, pero lo hemos hecho un par de veces en otros viajes y nuestro consejo es que llevéis mucho cuidado y exijáis precios en la carta antes de pedir, porque ambas veces han intentado timarnos y una de ellas lo consiguieron. La cena nos salió a precio de un menú de siete platos.

En la callejuela que da acceso a la Grand Place nos detenemos en una famosa chocolatería para degustar la fuente de chocolate. Algo tradicional de este país que ahora es más habitual también en el nuestro, pero que yo conocí aquí por primera vez hace años.

La Grand Place a pleno día pierde un poco de la elegancia nocturna, pero solo un poco. Es un conjunto arquitectónico impresionante y hoy goza de un gran ambiente acrecentado por las celebraciones navideñas. Los turistas pasan a ver el Belén, se hacen fotos junto al árbol o simplemente deambulan de camino a otros sitios de interés.

Nosotros hacemos todas las fotos que ayer la escasez de luz no nos permitió hacer e iniciamos aquí la ruta indicada en el plano del Programa Navideño Plasir d’Hiver (parte de ella ya lo recorrimos anoche). En cuanto salimos de la plaza comienzan a aparecer los primeros puestecillos que hoy recorremos con más calma y detenimiento, cotilleando entre los productos que ofrecen. Poco después del edificio de la Bolsa vemos un Mc Donald y decidimos parar a comer algo y entrar en calor antes de continuar. La verdad es que está en un lugar estratégico para hacer un descanso.

Tras la comida reemprendemos la ruta navideña, siguiendo el plano recomendado. Pasando por la plaza de Santa Catalina en la que ayer contemplamos el espectáculo proyectado en la fachada de la iglesia y junto al puesto de salmón que nos deleitó, continuamos hacia la enorme plaza Marché aux Poissons, donde se ubica el grueso del mercadillo que ayer apenas pudimos llegar a saborear.

Tenemos intención de recrearnos y pasar la tarde disfrutando de todo lo que ofrece. Entre puestos de chocolates, artesanía,… vamos avanzando en dirección a la noria. Nos detenemos en un enorme puesto de dulces y chocolates para comprar unas cuantas variedades que vamos consumiendo mientras avanzamos entre los puestos. Nos hace mucha gracia una enorme cabeza de reno colocada sobre uno de ellos que canta mientras se mueve y pasamos un ratito divertido a costa del monigote.

Así llegamos al extremo de la plaza en la que, además de la noria hay montadas unas pistas de Slalom. Iniciamos pues el regreso, por el lado opuesto de la plaza que nos ofrece diferentes productos. Antes de marcharnos, hacemos una parada para degustar el Vino caliente que nos ayude a compensar el frío.

Continuamos después nuestro recorrido por la plaza Ville de Québec, hasta llegar a la place de la Monnaie en la que está ubicada la pista de hielo y nuevos puestecillos navideños. Con esto damos por cerrada la ruta navideña y regresamos hacia la Grand Place por la Rue des Fripiers, que luce una elegante decoración navideña que comienza a llenarse de luz a medida que cae la tarde.

Cuando llegamos a la plaza ya ha oscurecido y, tras un descanso y café calentito que reponen nuestras fuerzas, decidimos iniciar el regreso hacia el apartamento. Ha sido una larga jornada ininterrumpida y hoy no nos quedan ganas de seguir callejeando, además el frío comienza a calar.

De vuelta al apartamento y ya cómodamente instalados en él, cenamos y damos por terminado el día.

 

DÍA 3: MARTES 30 DICIEMBRE: VISITA A BRUJAS

Nos despertamos temprano y muy ilusionados con nuestros planes para hoy. Vamos a pasar el día en Brujas. Esta ciudad, de la que hemos disfrutado en varias temporadas veraniegas, es para nosotros un lugar único, con un encanto especial. Ahora estamos a punto de conocerla en su versión de invierno y con un toque navideño añadido. Eso despierta en nosotros expectativas muy altas.

Pronto estamos en nuestro coche de alquiler, que hoy sacamos por primera vez del parking del hotel y, mapa en mano, ponemos rumbo a la costa, dejando a un lado la ciudad de Gante que en esta ocasión no visitaremos.

El centro de Brujas está rodeado por un canal circular que bordea la antigua muralla. Nosotros instintivamente nos dirigimos al acceso más próximo a la casa en la que nos alojamos hace varios veranos, en la zona sureste de la ciudad. Pero una vez cruzada la puerta casi no hay lugares para aparcar, o son de pago por horas (nos resulta complicado saber el tiempo que vamos a permanecer aquí y no queremos tener que regresar a cambiar el ticket). Finalmente encontramos un lugar adecuado junto a la muralla y, ya caminando, nos dirigimos hacia el Lago del Amor por una zona ajardinada situada sobre la misma muralla, con enormes árboles, hoy sin hojas, que resultan muy atractivos y no nos resistimos a fotografiar. Ya en el lago nos deleitamos con la imagen, algo distinta a la que recordamos de verano, pero, como siempre, preciosa. Es uno de los rincones más bonitos de Brujas.

Desde allí continuamos tranquilamente hacia el Beaterio, pasando junto a otro de los puntos fotográficos de la ciudad, el Parque de la Viña, cuya imagen con el suelo desnudo nos resulta extraña ya que lo recordamos cubierto de verde césped. Suponemos que el frío y la nieve son los causantes. Los que continúan aquí son los tradicionales cisnes que viven entre el parque y el canal.

Continuamos adentrándonos en la ciudad por la Katelijnestraat, y justo al cruzar el canal, nos desviamos para rodear la Iglesia de Nuestra Señora y acceder al pintoresco puente Bonifacio, otro de los rincones emblemáticos. Todo nos resulta diferente a como lo recordamos. Más solitario y “austero” ya que en verano hay flores en la mayoría de los rincones.

Desde aquí accedemos al Dijver, el canal más conocido y famoso de Brujas, desde donde se obtiene la foto más típica de la ciudad, llegando a la Huidenvettersplein. Nosotros tampoco dejamos de hacerla, pero todavía no cruzaremos el canal, continuamos hasta el siguiente puente para acceder a la Plaza del Brug, en la que se encuentra el Ayuntamiento de Brujas, uno de los más antiguos de los Países Bajos. Este edificio y  la Basílica de la Santa Sangre, situada justo al lado, son dos de los lugares más destacados de la ciudad, cuyos interiores merece la pena visitar.

En el caso del Ayuntamiento, es especialmente interesante la sala Gótica, con sus pinturas murales de 1900 y su bóveda policromada.

La Basílica de la Santa Sangre es una doble iglesia, compuesta de una capilla en el piso inferior de carácter románico, y una segunda en el piso superior de estilo neogótico. Es en esta segunda iglesia donde se conserva la reliquia de la Santa Sangre, pero ambas merecen la pena. Hoy, en el hall de entrada, han colocado un Belén, uno muy belga porque está hecho…¡¡ de chocolate!!

Desde aquí continuamos nuestro paseo hasta la cercana Plaza del Mercado, centro neurálgico de la ciudad, dominada por el Campanario, un edificio majestuoso empleado en el pasado como torre de vigilancia. En la plaza destaca el bello edificio neogótico del Palacio Provincial, que hasta el siglo XVIII albergaba la Casa del Agua, un almacén cubierto donde se cargaba y descargaba la mercancía en una época en la que los canales, ahora bajo el suelo, atravesaban la plaza.

Hoy está ocupada por una enorme pista de hielo y los puestos del mercado navideño, que se reparten entre esta y la cercana Simon Stevinplein. Aquí abundan más los tenderetes de comida, algunos de ellos con lugares habilitados para sentarse y dar buena cuenta de los manjares, eso sí, al aire libre. Nosotros los recorremos buscando algo que nos pueda gustar ya que el hambre comienza a hacer estragos, pero aunque alguno de los puestos nos tientan bastante, no terminamos de ponernos de acuerdo y tampoco vemos disponibilidad para sentarnos.

Como no tenemos más ganas de dar vueltas decidimos encaminarnos una vez más al socorrido McDonald que está muy cerca, en la calle comercial Steenstraat, que está bastante concurrida en vísperas de Nochevieja. No tenemos intención de entretenernos demasiado comiendo y esto nos vale. Aun así, cuando salimos de nuevo a la calle, la luz ha bajado bastante en intensidad y las lucecitas que decoran las calles comienzan a encenderse.

Damos un paseo hasta la catedral de San Salvador, la parroquia más antigua de Brujas, y concluimos así la visita ”turística” para dedicarnos tan solo al disfrute del ambiente navideño. Regresando sobre nuestros pasos damos una vuelta por los puestos del mercadillo llegando hasta la plaza Market que comienza a iluminarse. Hacemos nuevas fotos, recorremos los puestos y decidimos ir encaminándonos al coche ya que la falta de luz comienza a ser evidente.

Por la céntrica Wollestraat nos dirigimos pausadamente al canal Djiver. La imagen que ofrece ahora, con los edificios iluminados, es muy atractiva y nos detenemos a hacer unas cuantas fotos más antes de continuar hacia el coche, no sin antes hacer una parada para llevarnos una cajita de bombones.

Ya en Bruselas, aparcamos en la calle porque a estás horas es gratuito y mañana nos marcharemos temprano. Tras un breve descanso en el apartamento, decidimos dirigirnos de nuevo al centro para disfrutar de nuestra última noche aquí. Estamos algo cansados, pero el ambiente navideño nos atrae como un imán. Hacemos la misma ruta que la primera noche en la ciudad, pasando ante el Mannenken Pis y cruzando la Grand Place, hasta llegar finalmente a la plaza en la que está ubicado el Mercado de Navidad. Nuestra cena de hoy, por unanimidad consistirá de nuevo en un bocadillo de salmón ahumado del puesto finlandés que tanto nos gustó el primer día. Estábamos deseando repetir. Después poco a poco, casi a regañadientes, vamos deshaciendo camino sabiendo que cada esquina que dejamos atrás no volveremos a visitarla en este viaje (aunque sin duda habrá otros). Pero, antes de dar por terminada la jornada, nos queda una parada de interés culinario. Durante estos días hemos observado que hay un establecimiento de gofres para llevar, llamado Manneken Pis, situado a escasos metros de la estatuilla, que siempre tiene cola en la puerta. Como “donde fueres haz lo que vieres” decidimos que será por algo y no queremos marcharnos sin intentarlo. Así pues, nos ponemos a la cola y, aunque ciertamente las condiciones higiénicas del lugar resultan deplorables, con suelos absolutamente sucios después de lo que debe haber sido una larga jornada de ventas, decidimos ignorarlo y adquirir nuestros gofres, cada cual con el “ingrediente” elegido y nos disponemos a dar buena cuenta de ellos allí mismo, en la calle, como todos los clientes. Ahora puedo decir que nos parecieron los mejores gofres que hemos probado aquí y que la cola era merecida. Habrá que regresar también aquí.

Ahora sí. Sólo nos queda regresar al apartamento, hacer las maletas y disponernos a pasar esta última noche aquí.

 

DÍA 4: MIÉRCOLES 31 DICIEMBRE: ATOMIUM Y REGRESO A CASA

Hoy, día de nochevieja, toca regresar a casa. Lo primero que hace Javier al levantarnos es bajar a poner un ticket de aparcamiento al coche, ya que necesitamos disponer de una hora más para desayunar recoger y salir con todo el equipaje. Como nuestro vuelo no parte hasta las 16’30, planeamos pasar la mañana visitando el Atomium, antes de desplazarnos con sobrado tiempo a Charleroi, donde está ubicado el aeropuerto, algo más alejado de la ciudad que el que utilizamos al venir.

Pero los planes comienzan mal ya que al salir del apartahotel nos encontramos con una multa en el coche. Estamos alucinados porque el ticket que acaba de poner Javier no ha vencido todavía y no entendemos lo que pasa. Regresamos a la recepción del hotel para ver si pueden ayudarnos y, sobre todo para pedirles que nos den algún papel que indique nuestra hora de salida para poder presentarlo junto al ticket que hemos pagado como reclamación a la multa. Allí, muy amables, nos dan también el teléfono del ayuntamiento y la dirección a la que podemos dirigirnos. Con un poco de mal humor salimos de nuevo al coche debatiéndonos entre la posibilidad de ir a reclamar o, por el contrario, continuar con nuestros planes. Dado que es día de Nochevieja, temiéndonos difícil hacer gestiones hoy, y, sobre todo, reacios a desperdiciar medio día de viaje, nos dirigimos al Atomium, todavía alucinados y quejumbrosos por lo que ha pasado.

En el camino hacemos una breve parada para ver, al menos por fuera, la Basílica del Sagrado Corazón, cuya cúpula llevamos varios días divisando a lo lejos, destacando sobre el resto de edificios de la ciudad.  Ha llamado nuestra atención por su enorme tamaño y hemos investigado para descubrir que tiene 89 metros de alto y 167 de largo, medidas que la convierten en la quinta iglesia más grande del mundo. La basílica, de estilo Art Decó, se construyó para conmemorar el 75 aniversario de la independencia de Bélgica. El Rey Leopoldo II puso la primera piedra en el año 1905, pero su construcción tuvo que detenerse durante las dos Guerras Mundiales, de modo que no se vio terminada hasta 1971.

luego nos dirigimos al Atomium, para buscar aparcamiento en los alrededores. Lo encontramos sin dificultad a muy pocos metros de la emblemática construcción y nos dirigimos hacia ella paseando. Hoy se muestra mucho más brillante que la última vez que estuvimos aquí. Hemos leído que está recién restaurada (o al menos la han limpiado, sin duda).

El Atomium fue construido para la Exposición Universal de 1958 y su estructura emula los nueve átomos de un cristal de hierro (que a su vez representan las nueve provincias belgas), aumentados varios billones de veces. Como la torre Eiffel de París, estaba previsto su desmontaje cuando terminase el evento, pero gustó tanto que se quedó permanentemente y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de la capital belga.

Las esferas, de 20 m de diámetro, están recubiertas de una capa de aluminio reflectal, que al captar la luz del sol hace que brillen con especial fuerza. El tímido sol invernal que luce hoy con inusual fuerza, las hace destacar sobre un cielo de intenso azul y no me resisto a captar en fotos todos sus ángulos. No tenemos prisa y nos recreamos durante un buen rato. No sabíamos muy bien antes de llegar si subir o no al monumento, pero con un vistazo a las colas de acceso, tomamos pronto la decisión de no hacerlo.

Poco después ponemos rumbo a Charleroi donde planeamos comer antes de dirigirnos a las puertas de embarque. Esta vez todo transcurre sin contratiempos y al final de la tarde llegamos a Alicante dispuestos a pasar la Nochevieja en casa.

 

NOTA: El problema de la multa de aparcamiento quedó resuelto semanas más tarde, tras enviar toda la documentación en un e-mail a la empresa de aparcamiento y a la Embajada de España en Bruselas. Al parecer la acera junto a la que estábamos aparcados pertenece a un distrito y la de enfrente a otro distinto. Nosotros sacamos el ticket de la maquina equivocada. Por lo visto es un error que pasa con frecuencia y simplemente cancelaron la multa.

 

CONCLUSIONES: Contrariamente a lo que esperábamos antes de partir, disfrutamos enormemente más de la experiencia navideña en Bruselas que de Brujas. Quizá porque a esta ciudad la teníamos demasiado idealizada de los veranos aquí, justo al contrario que Bruselas, que visitábamos con reticencia.