Inglaterra y Gales

INTRODUCCIÓN

Este viaje lo hemos realizado con nuestros hijos de 24 y 21 años y sus jóvenes acompañantes, en agosto de 2019. Hemos volado Málaga-Liverpool y desde allí nos hemos dirigido a Londres para iniciar nuestra ruta turística con la visita a esta ciudad, realizando después un recorrido que nos llevará a dar una vuelta completa, recorriendo la costa galesa, terminando de nuevo en Liverpool.

El trayecto por carretera a través de Inglaterra y Gales lo hemos hecho con un Hyundai i800 de alquiler, de 9 plazas cuyo gran tamaño nos ha facilitado mucho la comodidad en los desplazamientos y el traslado del equipaje.

El trayecto total allí ha sido de aproximadamente 2.000 Km.  A lo que hay que sumar el trayecto de ida y vuelta hasta el Aeropuerto de Málaga con nuestro monovolumen.

 

AGRADECIMIENTOS

Una vez más nuestro agradecimiento a todas las personas que comparten sus experiencias a través de Internet. Para nosotros son de valor incalculable ya que su información nos resulta mucho más útil que cualquier guía de viajes. Su ejemplo nos invita a compartir también las nuestras.

Especialmente, en esta ocasión, tenemos que agradecer el relato de EvaV del foro de AC Pasión y Viajar en Autocaravana. Fue nuestro punto de partida, aunque, debido al tiempo que ha pasado desde su viaje, lo complementamos con otras muchas experiencias y aportaciones de diferentes blogs que iban surgiendo al azar buscando en Internet.

Agradecemos también a nuestro amigo Ginés que compartiera con nosotros su tiempo, acompañándonos durante nuestra estancia en Londres.

PROYECTANDO EL VIAJE

Este viaje comenzó a fraguarse porque nos daba la posibilidad de llegar al destino en nuestro coche, a través del Eurotúnel. Este año volvíamos a ser 6 y eso hacía complicado alquilar un vehículo ya que, normalmente, la diferencia de precio entre un coche de 5 plazas y uno de 6 es desproporcionada, e incluso puede llegar a ser el doble. Poder viajar con nuestro monovolumen era una ventaja y fue por ello que comenzamos a estudiarlo.

Teníamos claro que iríamos a Londres, ya que nuestros hijos no lo conocían, y a partir de ahí veríamos. Algunos nombres venían a nuestra cabeza por ser muy conocidos, como Bath, Stonehenge..  quizá a la vuelta podríamos parar en París o Disney, un destino que siempre nos agrada.

Pero los planes cambiaron al descubrir que el alquiler de coches “grandes” en el aeropuerto de Londres era posible y los precios razonables, lo mismo en algunas otras grandes ciudades de Inglaterra. Comenzamos a comparar gastos y descubrimos que un vuelo Low-cost, más alquiler de coche, era incluso algo más barato que subir en coche, al tener que incluir mínimo dos noches de hotel en ruta y el precio del Eurotúnel que se sumarían a la gasolina y peajes de cruzar Francia. Además, ganaríamos casi 4 días que podíamos disfrutar allí.

El disponer de más días de estancia en Gran Bretaña nos daba la posibilidad de ampliar nuestro recorrido y lugares a visitar y, temerosos de salir hartos de tanta ciudad histórica como ofrece Inglaterra, así como algo nostálgicos de los paisajes naturales que pudimos disfrutar el verano pasado en Irlanda, comenzamos a leer e informarnos de otras posibilidades. Así es como decidimos centrar gran parte de nuestro viaje en recorrer Gales. Cuanto más nos informábamos, más nos apetecía conocer esta zona del país.

Ahora que hemos regresado puedo decir que las expectativas se han cumplido sobradamente y que bien podríamos haber pasado los 11 días sólo en tierras galesas sin habernos faltado lugares interesantes que visitar.

 

PREPARATIVOS

Los vuelos los reservamos en la página de Ryanair después de una búsqueda previa en Skyscanner para tantear los más económicos. Buscamos desde todos los aeropuertos cercanos, a cualquier ciudad de la mitad sur de Gran Bretaña. Finalmente elegimos un Málaga-Liverpool que nos permitía una estancia de doce días, con horario razonable de ida y vuelta.

Como siempre, nuestro único extra fue reservar asientos de dos en dos, en tres parejas. Aunque debido a la nueva política de Ryanair cinco de los 6 billetes los compramos preferentes por ser la manera más barata de llevar el equipaje de mano (en este caso en cabina). Para el sexto pasajero no cogimos embarque preferente porque su maleta era la facturada de 20Kg y para nosotros el embarque preferente como tal no es una opción interesante (Más detalles en el blog)

Antes de comprar los vuelos ya habíamos mirado el coche de alquiler para asegurarnos disponibilidad a buen precio.

 

El coche de alquiler lo reservamos a través de la página de la compañía Enterprise, con oficina en el aeropuerto John Lennon de Liverpool

Habíamos reservado un vehículo de 7 plazas tipo Alhambra y al llegar nos dieron uno mayor, de hasta 9 plazas. Esto facilitó mucho el traslado de equipaje, algo que nos preocupaba mucho en el Alhambra si no nos dejaban quitar el asiento sobrante. Al llegar nos informaron del teléfono al que había que llamar para realizar el pago del puente Mersey Gateway Bridge que cruzaríamos dos veces (hoy al salir y el día de nuestro regreso al aeropuerto). Intentaron también añadirnos más seguros y extras pero no aceptamos la oferta.

 

Los alojamientos, todos apartamentos o viviendas completas, los reservamos a través de Booking y Airbnb, sólo alguno de ellos con flexibilidad de reserva. El criterio predominante: la ubicación y el precio más bajo posible dentro de una puntuación aceptable por parte de los clientes. Además, valoramos positivamente el disponer de wifi, aparcamiento y, en la medida de lo posible, camas para todos, sin necesidad de utilizar sofá-cama que no siempre resulta cómodo. En algunos destinos, como Londres y la costa sur de Gales nos fue más complicado encontrar y tuvimos menos margen de elección. Efectivamente, después fueron los más “flojitos”

Como el vuelo llegaba a las 9 decidimos, tal como hicimos el verano pasado, desplazarnos el primer día a la zona más lejana que pensábamos visitar e ir subiendo en días sucesivos para acabar cerca del aeropuerto. En base a eso, organizamos la reserva de alojamientos.

  • Para las tres primeras noches reservamos con Booking el Adonai Apartament en Dagenham, un barrio situado a algo más de media hora en metro del centro de Londres. En este caso, la elección final entre este y otros dos apartamentos similares, se debió a su proximidad al metro, que además permitía llegar al centro sin transbordos, así como a la presencia en el barrio de varios supermercados. Además, tenía aparcamiento en la puerta. Era un piso de dos dormitorios, pero con un sofá cama moderno y cómodo. Estaba en un segundo piso sin ascensor, pero eso no fue un inconveniente ya que volando en Ryanair el equipaje es el justo. La llegada fue muy sencilla porque las llaves estaban en el lugar que nos indicaron y no vimos al propietario en ningún momento. Eso sí, hablamos varias veces con él porque el extractor no funcionaba y no fue posible solucionarlo por ser fin de semana. Pese a eso y a la ausencia de estantes en los que poder dejar la ropa, nuestra estancia fue aceptable. Realmente pasábamos el día entero en Londres regresando únicamente a dormir.

 

  • La segunda vivienda, en Swindon, fue un apartamento bastante más elegante, de dos plantas, gestionado por Suite Life Serviced Apartments, que encontramos y reservamos a través de Booking.  En él permanecimos tres noches. Tenía aparcamiento y wifi y, para agilizar la llegada, disponía de una caja con clave de acceso en la que estaban las llaves. Era enorme, sobre todo el salón. De nuevo disponíamos de dos habitaciones y un sofá-cama, esta vez algo más incómodo, pero lo solucionamos poniendo el colchón en el suelo, bastante mejor que el tímido somier de muelles.  La cocina, muy moderna, disponía de lavadora con secadora que nos vino muy bien llegando ya a la mitad del viaje. Lástima que solo tuviera un baño.

 

  • La tercera estancia fue la peor. Sabiendo que era un apartamento pequeño, pero enamorados de las fotos en las que se veía muy agradable y decorado con gusto, además de que tenía muy buena ubicación en una zona costera en la que la oferta era muy reducida, alquilamos el llamado “Beautiful Apartment in Pembroke” que Anne ofrecía en Airbnb. Sin entrar en los múltiples detalles de falta de orden y deterioro, baste decir que además de los dos dormitorios dobles, las otras dos plazas que ofrecía consistían en un sillón que se ponía en horizontal y una colchoneta de gomaespuma plegada a modo de “puff” que había que extender en el suelo. Nos lo tomamos con humor, porque cuando vamos de viaje intentamos ser positivos y disfrutar, pero dimos gracias que solo íbamos a permanecer aquí dos noches.

NOTA: Si alguna vez os pasa algo parecido con Airbnb y queréis reclamar, debéis hacerlo estando allí, si no se hace en ese momento, no hay reembolso posible. Únicamente hemos conseguido que rectifiquen la descripción añadiendo que dos de las plazas que ofrecen no son camas ni son aptas para adultos.

 

  • Por último, en el norte de Gales reservamos una casa a través de Booking, la Dinas farm, en las proximidades de Caernarfon. Fue sin duda el mejor de los alojamientos en este viaje y lamentamos disponer de sólo tres noches para disfrutarlo. La vivienda, de dos plantas, adosada a la de los propietarios, era la casa principal de una granja de vacas, con jardín y aparcamiento. Era muy espaciosa, con tres dormitorios dobles, salón, cocina amplia y enormes ventanales por todas partes que permitían ver el mar a lo lejos y preciosos atardeceres. Además, la familia propietaria, fue muy amable en todo momento y hasta nos recibieron con galletas caseras. Tenía todo lo necesario para estar como en casa.

 

Respecto al seguro médico solicitamos la Tarjeta Sanitaria Europea en las oficinas del INSS, antes de partir. Además, contratamos un seguro privado que incluía cancelación (¡ojo! Hay que contratarlo al alquilar el coche, las casas o comprar el vuelo porque después de varios días ya no es posible contratar este servicio). Lo consideramos importante en este viaje porque los vuelos los compramos y pagamos con mucha antelación, así como el coche de alquiler y alguna de las casas que no era cancelable.  Concretamente contratamos el “Totaltravel mini” de Intermundial Seguros

 

En cuanto a la información turística, la mayor fuente de información fueron los relatos leídos. A partir de ellos elaboramos una especie de hoja de ruta, muy informal, en la que anotamos lugares de interés en las proximidades al sitio en el que dormiríamos cada noche o a lo largo del recorrido de desplazamiento de un alojamiento a otro (anotando siempre de más por si fuera necesario). Además, todos ellos estaban marcados con estrellas en el Google Maps que fue nuestro mayor apoyo en el viaje.

Luego, para cada día, teníamos elegido un lugar “imprescindible” en base a los comentarios leídos y a la información que íbamos ampliando de las respectivas páginas web, tomando como punto de partida la página Turismo de Gales, turismo de Gran Bretaña y Turismo de Londres. Consciente de que la información obtenida en cuanto a horarios, precios, etc… se desactualiza pronto, os dejo mejor los enlaces para que la podáis obtener vosotros mismos.

 En Londres:

En otras zonas de Inglaterra:

En Gales:

Como podréis ver en el relato día a día, después hubo que priorizar y no los visitamos todos, pero si los suficientes para que el viaje mereciera la pena. De los que hubo que dejar, personalmente me costó el castillo de Cardif, creo que merece la pena visitarlo si se dispone de tiempo. Y los menos lamentados, aquellos que están más “montados” para el turismo y coinciden además con precios más altos: London Eye, Portmeirion, …

Consultamos la posibilidad de realizar algún Free Tour en las capitales y encontramos empresas que los hacían, pero para Londres era imposible, ya que, por su gran tamaño, el tour duraba todo el día y había que llevar comida. Lo consideramos para Oxford pero al final preferimos ir por nuestra cuenta porque no queríamos dedicarle tanto tiempo y realmente la historia de cada uno de sus Colleges nos parecía una información algo excesiva. Lo descartamos.

Algo parecido nos sucedió con la posibilidad de adquirir algún tipo de pase para la visita a monumentos. Al repartir el viaje entre dos regiones, con tan poco tiempo en cada una de ellas, no visitaríamos suficientes lugares como para que la compra de un pase fuera rentable. Hicimos los cálculos para la membresía Cadw en Gales y el National Trush. No compramos ninguno.

 Lo que si compramos son las tarjetas Oyster card para nuestros desplazamientos por Londres. Después de consultar muchas páginas, blogs y consejos, vimos que era la más interesante para nosotros y nos funcionó a la perfección. Destacamos esta por la descripción tan clara que da de las opciones. Básicamente, consiste en comprar una tarjeta que cuesta 5 libras (que te devuelven al anularla al final de tu estancia) en cualquier máquina expendedora de las estaciones de metro. Al comprarla le añades un saldo inicial que puedes ir recargando si hace falta en cualquier estación. Para usarla solo hay que pasarla por el sensor contactless al entrar y al salir de la estación de metro (¡¡muy importante al salir porque si no te seguirá sumando tiempo y dinero!!) y automáticamente se deduce el costo del viaje y aparece el saldo restante en la pantalla. En las mismas máquinas de las estaciones de metro al acabar nuestra estancia en Londres se puede anular y nos devuelven en efectivo el importe que pagamos por la tarjeta y el saldo que nos queda sin usar, quedando inservible la tarjeta.

En papel llevábamos únicamente LA GUÍA VERDE Michelín de Inglaterra y País de Gales, así como el plano de Londres y de alguna de las ciudades más destacadas a visitar. Por primera vez, no llevamos ningún mapa de carreteras. En los últimos años hemos visto que no lo necesitamos al utilizar sistemáticamente Google Maps como navegador y como marcador de los lugares a visitar. Facilita mucho los viajes el disponer de Internet.

 

GASTOS

Una vez pagados los vuelos, los alojamientos y el coche de alquiler, los dos únicos gastos allí serían el gasoil (un poco más caro que en España) y la comida, comprada en los supermercados (más o menos al mismo precio que aquí).

El único peaje fue el del puente (2 libras por paso) que pagamos vía telefónica.

En cuanto a gastos de visitas, realmente de pago sólo entramos al Christ Church College & Cathedral en Oxford, al complejo de Stonehenge (cuya entrada compramos por adelantado a través de Internet, ahorrándonos mucha cola) y algunos castillos de Gales: Coch, Caefarnon y Conwy. Este último combinado con la entrada a la Plas Mawr. En todos ellos, nuestros jóvenes acompañantes pagaron tarifa reducida presentando el carnet universitario.

El cambio a libras esterlinas lo hicimos en España antes de partir. Llevábamos una pequeña cantidad en efectivo y el resto lo pagamos con tarjeta, cuyo cambio resulta más favorable.

 

EL VIAJE DÍA A DÍA

 

DÍA 1- VIERNES 2 AGOSTO: ALICANTE – MÁLAGA – LIVERPOOL – LONDRES (475 + 372 Km)

El jueves día 1, después de la cena, cargamos el coche y ponemos rumbo al aeropuerto de Málaga donde ya tenemos reservada una plaza en el aparcamiento de larga estancia. Nuestra primera parada será en Murcia para recoger a Bego. El encuentro tiene ese aire festivo que da la ilusión de iniciar un viaje. Después continuamos la ruta que transcurre sin incidencias, con muy poco tráfico, y con nuestros pasajeros durmiendo la mayor parte del trayecto. Hemos traído cojines y mantitas para todos.

A la altura de Baza, hacemos una breve parada para ir al baño y tomar un reparador café, antes de continuar con el mismo buen ritmo que hasta ahora. Llegamos alrededor de las tres de la mañana, con sobrado tiempo para realizar todos los trámites previos al vuelo.

Aparcamos en una plaza bien iluminada, cerca de la entrada, y, mientras sacamos el equipaje y recolocamos las cosas, descubrimos que una botella de gel se ha destapado en la maleta que vamos a facturar, manchando algunas cosas de jabón. La abrimos allí mismo y con toallitas y agua hacemos lo que podemos, asegurándonos de cerrar mejor la botella e introduciéndola en una bolsa atada, por si acaso. El autobús hacia el aeropuerto está a punto de partir y nos damos prisa para no tener que esperar al siguiente.

Ya en la terminal, nos dirigimos directamente a las ventanillas de facturación que todavía no están abiertas, aunque ya hay una pequeña cola. Mientras esperamos, hacemos uso de los aseos, nos vamos desprendiendo de las botellas de agua y nos repartimos las provisiones que hemos traído para desayunar.

Pasamos el control policial sin ningún incidente, y vamos a buscar un lugar en el que acomodarnos y desayunar. Lo hacemos en una cafetería que dispone de sillones y enchufes para cargar los móviles. Nuestro conductor aprovecha para dar una cabezadita ya que es el único que no ha dormido nada. Los demás, además de desayunar, compramos unas botellas de agua para el camino.

Embarcamos sin retrasos en un avión Ryanair algo más nuevo y moderno que los últimos en los que hemos viajado. Nosotros cinco un poco antes que Javier, que no tiene embarque prioritario al llevar la maleta facturada. A las 7 partimos rumbo a Liverpool en un vuelo muy tranquilo en el que intentamos dormir y descansar, especialmente Javier que al llegar tiene que seguir conduciendo.

Recoger la maleta facturada resulta muy rápido y salimos enseguida a buscar la empresa en la que hemos alquilado el coche. Nos cuesta un poco encontrar el lugar, dando una vuelta completa al edificio antes de preguntar y conseguir llegar al sitio indicado. Nos llevamos una grata sorpresa al descubrir el vehículo que han reservado para nosotros: una enorme furgoneta de nueve plazas en la que viajaremos muy cómodamente, con todo el equipaje, en los próximos días. Menos mal que nuestro conductor ya tiene práctica de conducir con el volante al revés incluso en autocaravana.

No son necesarios muchos trámites y, únicamente nos indican el teléfono al que debemos llamar para pagar el peaje del puente que hemos de cruzar ahora para dirigirnos hacia Londres y cruzaremos de nuevo el día de nuestro regreso, el Mersey Gateway Bridge.

La primera parada la hacemos en un área de descanso con gasolinera y restaurantes, incluido un Mc Donald, poco después de Sandbach (53°08’23.0″N 2°20’09.3″W). Son aproximadamente las 11 y la parada es breve. Estirar las piernas, comprar agua e ir al baño.

Al salir de nuevo a la autopista, el navegador no para de avisar de retrasos por mucho tráfico y así será durante el resto del viaje hasta Londres, especialmente al acercarnos. Un trayecto que debía durar unas cuatro horas, más paradas, nos llevará casi todo el día. Suponemos que será habitual en las proximidades de una ciudad tan grande como Londres, en una tarde de viernes de agosto.

A la una y media paramos de nuevo, esta vez para comer, en un área muy similar a la anterior, cerca de Daventry (52°18’28.4″N 1°07’17.7″W). Andamos un poco desganados con la noche que hemos llevado y no hacemos una comida muy formal. Unos compran algo del McDonald, otros comemos a base de fruta comprada en la tienda del área, también nos queda algún bocadillo…. En fin, al gusto de cada cual. Lo que si tomamos es un café antes de ponernos de nuevo en marcha, esta vez con intención de llegar a nuestro alojamiento.

Después de algunos rodeos sugeridos por el GPS al llegar a Londres, para evitar atascos, llegamos a Dagenham casi a las seis de la tarde.

Tardamos un poco en encontrar el edificio que corresponde a nuestra reserva, ya que hay varios bloques similares. Finalmente, con la amable ayuda de un señor, llegamos al lugar indicado y, siguiendo las indicaciones recibidos por el propietario, pronto estamos dentro del piso. En principio, salvo por la ausencia de estantes de ningún tipo en toda la casa, nos resulta muy correcto. Tras colocar el equipaje como podemos (las maletas abiertas en el suelo) y sacar algunas cosas al único armario con barra para colgar, nos refrescamos y salimos a hacer la compra. El barrio se ve muy tranquilo, multicultural y con una vida más parecida a la de un pueblo que a la de una gran ciudad, a pesar de su proximidad a Londres. A través de un callejón peatonal que hemos descubierto (por el que no se me ocurriría transitar sola por la noche) vamos caminando hasta un Lidl muy cercano que hemos localizado en Google Maps. Como siempre que llegamos a un país extranjero, disfrutamos enormemente haciendo la compra, buscando productos diferentes que llamen nuestra atención. Es divertido, pero muy lento, sobre todo porque nos distrae constantemente de lo que hemos venido a buscar y es necesario. En realidad, hoy haremos la compra sólo para tres noches y sin incluir las comidas porque seguramente esas las hagamos en algún lugar del centro de Londres por no ir cargados todo el día. Además, hemos de comprar cenas que se hagan en el horno porque hemos descubierto que en la cocina del apartamento el extractor de humos no funciona y eso que hemos probado a apagar y encender todos los interruptores (que son muchos porque aquí en Reino Unido, como ya vimos en años anteriores, cada enchufe de la casa tiene su propio interruptor).

Lo más entretenido de la compra llega al final. Con un carro “a tope” de productos llegamos a la caja para descubrir que la acaban de cerrar y hay que pasar por una caja rápida, tipo autoservicio. Lo mejor de todo es que cada producto que pasas por el scanner hay que dejarlo al lado en una bandeja y, claro, está pensada para cuatro o cinco productos, no para un carro completo. Es digno de verse como apilamos una cosa sobre otra haciendo malabares, mientras la cajera pasa una y otra vez sin ayudarnos, salvo para decirnos que no quitemos nada. Efectivamente en el momento que tocamos algún producto la caja deja de funcionar. Para colmo, su única aportación es cobrarnos una bolsa, porque ha visto que hemos cogido una y cree que no la hemos pasado por el scanner (lo cual no es cierto). Se lo demostramos en el ticket y su solución es que cojamos otra ya que nos la ha cobrado. Así, terminamos con una bolsa de más y un mosqueo monumental porque justo cuando nos vamos vemos que han vuelto a abrir la caja normal.

En fin, con una anécdota más para contar, regresamos al apartamento portando las bolsas entre todos y nos disponemos a preparar la cena. Desde hoy quedan establecidos los equipos de cocina y los de limpieza, y así permanecerán hasta el final del viaje. Esto facilitará también las duchas, ya que solo tenemos un baño para los 6. En cada momento el equipo que no trabaja es el que hace uso de ellas.

Tras la cena nos vamos pronto a la cama. La noche pasada no hemos dormido más que a ratos en el coche o en el avión y mañana nos espera un intenso día en Londres ¡¡Lo estamos deseando!!

 

DÍA 2- SÁBADO 3 AGOSTO: LONDRES

Amanece soleado, pero con previsiones de temperatura agradable, no excesivamente calurosa. El día promete ser interesante. Tras el desayuno, y equipados con una mochila provista de agua y algún tentempié, nos encaminamos a la estación de metro más próxima a nuestra casa: Dagenham Heathway. Allí adquirimos y recargamos nuestras tarjetas Oyster, haciendo uso de ellas por primera vez. Vamos directos a la parada Tower Hill en la que hemos quedado con Ginés. Llegamos un poco antes que él y en un puesto ambulante, justo frente a la salida del metro, aprovechamos para tomar unos cafés mientras le esperamos. Ya se alcanza a ver el edificio de la Torre de Londres.

Como era de esperar, ver a Ginés es una gran alegría para todos y los besos y abrazos nos entretienen por un rato, antes de pasar a ponernos al día sobre todo lo acontecido desde que no nos vemos. Mientras lo hacemos comenzamos a caminar, rodeando el histórico edificio en el que ya hacen cola los turistas, para dirigirnos al conocido puente de Londres. La primera foto de grupo, ya en el puente, es para enviarla por WhatsApp a los padres de Ginés informándoles de que ya estamos juntos.

Este famoso puente, uno de los emblemas de la ciudad, se abre para permitir el paso de los grandes barcos y proporciona preciosas vistas del perfil de la ciudad y del Támesis.

Ya en el otro lado, buscamos el mejor ángulo para fotografiarlo y fotografiarnos con él de fondo, antes de cruzarlo de vuelta, regresando a la Torre.

La Tower of London, mandada construir por Guillermo el conquistador en el siglo XI como fortaleza defensiva, reformada y ampliada en sucesivas ocasiones, ha tenido diferentes usos a lo largo de la historia, albergando en la actualidad las joyas de la corona y declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. El edificio tiene el aspecto de castillo, rodeado por un enorme foso y murallas.

No nos planteamos entrar, no sólo por las colas o el precio, sino porque no nos motiva lo suficiente para “perder” tiempo allí. Hay mucho que ver y disfrutar callejeando. Nos limitamos a terminar de rodearlo para ver la construcción, los famosos guardas ceremoniales (beefeaters) con su uniforme característico y los cuervos negros que habitan en sus jardines, tan tradicionales como el propio lugar.

Al pasar la entrada principal, justo detrás del Wharfinger Cottage, nos sentamos a descansar y tomar un tentempié. En la enorme explanada verde de lo que sería el foso, han colocado una hilera de sillas y está teniendo lugar un concurso de bandas militares que escuchamos desde el lugar en el que nos hemos acomodado.

El siguiente punto en nuestro recorrido será el Leadenhall Market, unos de los mercados más viejos de la ciudad, situado en una galería cubierta de estilo victoriano de gran belleza, en plena City. Aparece como un recuerdo del pasado, anclado entre altos rascacielos.

Aunque el edificio merece la pena en sí mismo, sin duda, uno de los motivos que más atrae a los turistas a visitarlo es que en él se grabó una de las escenas de las famosas películas de Harry Potter, concretamente en una de sus tiendas, una óptica de fachada color azul intenso, en la que se encontraba la entrada al “Caldero Chorreante”, el pub de los magos. Justo en ese callejón encontramos a un grupo escuchando a un guía que está explicando la historia en Castellano.

La galería en este momento está casi desierta, las tiendas cerradas y los locales de restauración tienen poca vida, pero esto no resta belleza a los edificios. Suponemos que el ambiente aumentará al caer la tarde.

Nos dirigimos ahora a la Catedral, pero al pasar por delante de una tienda de TK Maxx los jóvenes nos piden entrar un momento. Ginés les ha informado que esta cadena suele tener ropa de marca con descuento. Dan un vistazo, pero no tardan en salir con las manos vacías, dispuestos a continuar con el recorrido. Nosotros, desde la puerta, donde les estamos esperando, distinguimos en la misma calle, a lo lejos, la enorme columna «The Monument» que se erigió en recuerdo del gran incendio de Londres de 1666, conmemorando la reconstrucción de la ciudad.Hemos leído que es posible subir hasta arriba pero las opiniones sobre el interés de las vistas son contradictorias y no nos lo planteamos.

Llegando a la altura del edificio del Banco de Inglaterra algo llama nuestra atención: las calles están vacías de tráfico, únicamente se ven bicicletas. Poco a poco vamos atando cabos. Desde esta mañana, en Google Maps me sale una línea discontinua de color rodeando una zona del centro de la ciudad y no consigo quitarla. Vamos deduciendo que esa línea delimita la zona cerrada hoy al tráfico, únicamente permitida para peatones y bicicletas. No tenemos ni idea si es algo puntual o se hace cada fin de semana, pero es una placer transitar caminando las grandes vías del centro de la ciudad. Se ven pasar grupos de gente de todas las edades con bicicletas de cualquier tipo, decoradas con banderitas, con flores… es una verdadera fiesta de la bici.

Al llegar a la catedral, estamos tentados a comprar comida para llevar, de los mil y un establecimiento de este tipo que ofrece la ciudad, y sentarnos a comer en un banco a la sombra de sus jardines. Finalmente decidimos entrar a un McDonald cercano que Ginés ha localizado, para descansar más cómodamente y disfrutar del aire acondicionado.  Aunque no hace un calor insoportable, se agradece.

Rodeamos pues el edificio de la Catedral de St Paul, casi sin conseguir verla hasta que nos alejamos un poco por la Fleet Street, debido a su enorme tamaño. Llama la atención su gran cúpula. La entrada es de pago, pero nosotros no la visitamos. De las iglesias nos atrae especialmente la visión general de la nave central y del altar mayor, no tanto los museos, sacristías etc… por eso no nos parece interesante pagar la entrada. Además, el hambre comienza a hacer mella y queremos llegar cuanto antes a ese Mc Donald, cuyo característico cartel ya podemos ver desde aquí. La escalinata principal delante de la catedral trae a mi memoria recuerdos de la escena de la Película Mary Poppins en la que una anciana da de comer aqui a las palomas.

Terminada la comida, y algo congelados por la baja temperatura del local (se les ha ido la mano con el aire acondicionado), reemprendemos el paseo por la ciudad. Hacemos diversas fotos a lo largo de la avenida con la Catedral al fondo, ante el edificio de los Reales Tribunales de Justicia, en Hardys Sweet Shop (conocida tienda de chucherías)… Es una gozada poder pararse en medio de la calle a hacer fotos tranquilamente.

Nos encaminamos ahora hacia el British Museum, uno de los museos más importantes y visitados del mundo. Un escaparate a las grandes civilizaciones llevado a la ciudad de Londres, cuya entrada es gratuita. Javier y yo, tuvimos ocasión de visitarlo hace años y nos impresionó mucho, por eso está entre los lugares elegidos para visitar en este viaje, este y el de Historia Natural, al que iremos mañana. Así lo planificamos en casa, antes de venir, uno para cada día en las horas de sobremesa, dando por sentado que en los museos se estará más fresco en las horas de mayor calor. Pero nuestro supuesto resulta ser un error monumental porque en el museo no hay aire acondicionado (o no resulta suficiente) y hace un calor increíble. Más que en la calle. Y todavía será peor mañana en el Museo de Historia Natural.

Traíamos de casa una selección de los objetos a visitar en el museo, conscientes de no poder dedicarle mucho tiempo. Al llegar descubrimos que también en el plano que te proporcionan en la entrada están marcados los objetos destacados. Como vemos que en su mayoría coinciden, decidimos dejarnos aconsejar e ir directamente a estas salas.

Por supuesto, comenzamos por la piedra Rosetta, objeto imprescindible en mi opinión. Siempre me ha resultado muy interesante que esta antigua estela egipcia facilitara la clave para descifrar los jeroglíficos, al contener un mismo texto escrito de tres maneras diferentes: en jeroglíficos egipcios, en escritura demótica y en griego antiguo.

Guardaba muy buenos recuerdos de la sala griega, pero una de las que más me ha impresionado en esta visita ha sido la que contiene los paneles de bajorrelieves de las paredes de las salas de los palacios asirios. Son impresionantes, representando con todo detalle escenas de guerra, de cacerías o de la vida de palacio.

La segunda en interés ha sido la sala dedicada al Gran Santuario budista de Amaravati. 

Muchas otras cosas llaman nuestra atención y pasamos rápidamente de una sala a otra hasta que nos echan porque se acerca la hora del cierre. Realmente, a pesar de la espectacularidad del museo y el interés de los objetos allí expuestos, casi agradecemos salir de nuevo a la calle.

 

Esta vez nos dirigimos directamente al metro para trasladarnos al mercado de Portobello, uno de los más famosos de Londres. Ya es algo tarde y están a punto de cerrar, pero queremos intentarlo. Vamos caminando hasta la estación Tottenham Court Road para trasladarnos, tras un transbordo, a Ladbroke Grove.

En cuanto nos acercamos a la zona del mercado callejero, que se celebra hoy sábado, vemos que ya están recogiendo los puestos. No nos importa en exceso porque realmente queremos ver el barrio en sí y no disponemos de más días. Ya en la calle Portobello comenzamos a recorrerla de norte a sur, disfrutando del ambiente y sacando alguna que otra foto.

Paramos a tomar algo en una coqueta heladería, pequeña, pero con muy buen aspecto y una graciosa decoración a base de cucuruchos de fieltro y pompones de lana. Después continuamos con el recorrido. Ginés y Javi encuentran un balón perdido y no dudan en dar unos toques antes de seguir avanzando entre risas y bromas. En algunas calles que cruzan perpendicularmente esta conocida vía, vemos las tradicionales casas de colores pastel con escaleras de acceso, todas iguales, que siempre asociamos a este barrio de Notting Hill. También paramos en ellas para hacer fotos.

Y así poco a poco vamos llegando al final de la larga calle.  Ya en Pembridge Road vemos unos imanes que nos gustan, en una pequeña tienda de recuerdos, y paramos a comprar alguno. Después nos adentramos en Kensington Gardens, antiguos jardines privados del palacio que actualmente son uno de los grandes parques de la ciudad, unidos a Hyde Park. Vamos caminando hacia el lago y, poco antes de llegar, unas ardillas llaman nuestra atención. Bego se dedica a darles de comer mientras Javi lo graba en vídeo.

Cuando estamos junto al agua, nos damos cuenta de que va siendo necesario regresar porque está a punto de atardecer. Queríamos llegar hasta el otro lado del parque, pero decidimos encaminarnos directamente a la estación de metro más cercana, por ello, pasando junto a la pequeña estatua de Peter Pan y los jardines italianos del parque, nos dirigimos a la estación Lancaster Gate. En algún momento del paseo Carlos nos explica el significado en las estatuas ecuestres de que el caballo tenga una pata en alto, las dos o ninguna. Esto dará pie a que le demos la lata con cada nueva estatua y hemos descubierto que hay unas cuantas en la ciudad.

Ya en la calle, vemos el hotel en el que nos alojamos hace muchos años Javier y yo y nos hace ilusión descubrir que sigue ahí.

Llegamos tarde a casa y todavía nos toca hacer la cena y pasar por el turno de duchas. Hoy somos 7 porque hemos convencido a Ginés para que se quede con nosotros y pase de nuevo mañana el día en Londres en nuestra compañía, en lugar de regresar a su casa en Cambridge. Acercamos la mesa al sofá para tener un asiento más, ya que sólo hay 6 sillas, y nos acomodamos todos con buen humor.  Javi le cede su puesto en el sofá-cama y él se coloca sobre varios nórdicos (que no usamos) en el suelo, sobre una mullida alfombra. El pijama se improvisa con un pantalón cómodo de deporte y una camiseta que le dejamos (En realidad primero le ofrecí mi pijama con dibujos de “El libro de la Selva”, brillos incluidos, lo que provocó la risa de todos, mientras él, impasible, lo aceptaba como bueno).

Llegando la medianoche Javier recuerda que no hemos llamado para pagar el puente que ayer cruzamos al salir del aeropuerto y el plazo de pago es hasta las 12 de la noche del día siguiente, es decir, ¡ya! Llega tarde ¡¡ El plazo ha terminado hace tan sólo unos minutos!! Se mete en la página web y comienza a informarse para ver que podemos hacer. La multa por impago es de 40 libras (cuando el importe del peaje es de 2 libras), pero si se paga en el plazo de los  14 días posteriores te cobran la mitad, 20 libras. Nuestro problema es que la notificación de impago, necesaria para efectuar el pago reducido no nos llegará a nosotros sino a la empresa de alquiler y nosotros queremos solucionarlo personalmente al temer el coste que nos puede aplicar la empresa. Hoy ya no son horas pero mañana llamaremos por teléfono a ver si conseguimos pagarlo ya. 

Pese a la contrariedad que nos ha supuesto descubrir este despiste, pronto estamos todos descansando de la agotadora jornada. El reloj de Javier nos indica que hemos caminado 18 km.

 

DÍA 3- DOMINGO 4 AGOSTO: LONDRES

De nuevo en pie, tras desayunar y preparar las mochilas, salimos a coger el metro, esta vez rumbo a St. James’s Park Station.  El trayecto es un poco más largo que ayer, pero al haber subido tan alejados del centro, vamos cómodamente sentados. Además, el tiempo pasa rápido entre bromas y tonterías de unos y otros.

Al llegar nos dirigimos a los jardines de St. James’s Park, que vamos atravesando para llegar al Palacio de Buckingham. Hoy el cambio de guardia será a las 11 y hemos pensado intentar verlo ya que estamos aquí, porque hace años nos gustó la música de gaitas que acompañaba el desfile y nos resultó curioso. Vamos algo justos de tiempo, por eso pasamos de largo ante un puesto de café cuyo aroma nos atrae como un imán. Vemos mucha gente que camina en sentido contrario y empezamos a dudar si habrá terminado.

La verdad es que acceder a la puerta del palacio es casi imposible porque la calle está vallada en ambas aceras y solo hay un pequeño paso habilitado para peatones en el que la gente se acumula y camina a ritmo de tortuga. Todo el montaje y los carteles parecen indicar que allí esta ubicada la meta de algún tipo de carrera. Al principio pensamos que simplemente habían restringido el tráfico para abrirlo a las bicis, como pasó ayer en la City, pero poco a poco, a lo largo de la mañana, descubrimos que lo de hoy es más bien una especie de carrera de bicicletas y que cruzar el recorrido por el que pasa es casi imposible. Esto nos causara bastantes inconvenientes.

De momento conseguimos llegar hasta la decorada verja que rodea la entrada principal del Palacio, en la que hay apostada mucha gente. A través de los barrotes vemos a los guardias, pero ni rastro de movimiento, cambio de guardia o desfile. Hacemos algunas fotos, con dificultad por el gentío, y nos marchamos de allí sin llegar a saber si el cambio de guardia hoy se ha cancelado por la carrera de bicicletas o simplemente ha terminado.

Llegar de nuevo al puesto de café que habíamos pasado de largo es una verdadera peripecia, porque el paso de peatones habilitado es escaso y parece haber más gente que antes. Finalmente conseguimos nuestros cafés e incluso una mesita libre para tomarlo allí mismo, en el parque. Lo que no podemos usar son los aseos, al parecer son sólo para niños. Suponemos que es porque estamos al lado de una zona de columpios, pero nos resulta muy curiosa esta limitación por edad.

Ya con más tranquilidad, tras los cafés, vamos paseando a través de los jardines hacia la abadía de Westminster, cruzando de nuevo, por uno de los pasos habilitados, la trayectoria de la carrera.

Al llegar a la plaza del Santuario nos llama la atención la elegancia de los edificios. No sólo la fachada de la abadía, también  la Fiscalía General de la Nación, justo al lado, que tiene aspecto de palacio.

Nos paramos en la esquina para hacer unas fotos y Bego cruza hasta una isleta en el centro de la avenida, buscando un mejor plano. En este momento pasa un coche justo a mí lado que gira hacia esa calle a toda velocidad, derrapando, y dándonos un susto de muerte, por un momento nos vienen a la cabeza todos los atentados por atropello de los últimos años.

La abadía de Westminster es el lugar de coronación de todos los monarcas ingleses desde Guillermo el Conquistador, utilizando un trono de coronación medieval del siglo XI que aún se conserva. Se visita previo pago, pero no está en nuestros planes. Nos limitamos a hacer fotos del exterior y continuamos hace el Big Ben que hoy luce completamente andamiado, con tan sólo un pequeño espacio abierto para dejar ver uno de sus cuatro relojes. Esta torre, emblema de la ciudad, recibe su nombre de una de las grandes campanas que alberga y forma parte del Palacio de Westminster, en el que están las dos cámaras del Parlamento del Reino Unido.

Y aquí surge un problema: hay que cruzar de nuevo el circuito bicis y ahora hay mucha más gente que ha formado una enorme cola para cruzar, ya que la organización únicamente lo permite en grupos pequeños de modo intermitente. Intentando buscar un paso menos transitado seguimos por la calle, en paralelo a la carrera, buscando alguna oportunidad. La encontramos, pero sólo es un poco mejor y nos lleva un buen rato llegar al otro lado. La verdad es que llegados a este punto comenzamos a sentir que hoy el día no está saliendo muy bien.

Para colmo, una vez en el puente Westminster, ya resignados a no hacernos la foto típica con el Big Ben, pero disfrutando de las vistas del Támesis y de la enorme noria del London Eye, comienza a llover complicando las fotos. Aun así, lo cruzamos por un lateral y regresamos por el otro para no perdernos nada.

Pronto para de llover y nuestro recorrido continúa por la Parliament Street hacia Trafalgar Square. Al menos hemos dejado atrás las calles valladas y disfrutamos de esta avenida que hoy es peatonal. Agradecemos alejarnos del gentío y caminar tranquilamente.

Lo primero que llama nuestra atención es el monumento dedicado a las mujeres de la II Guerra Mundial. Nunca habíamos oído hablar de él y nos resulta una grata sorpresa. Se colocó en el año 2005 para homenajear a todas las damas que participaron en la guerra. Sobre el enorme bloque de bronce cuelgan distintos uniformes, recordando las diversas tareas que llevaron a cabo durante la Gran Guerra. A pesar de estar rodeado de los coches de la policía que cortan la calle, conseguimos hacerle alguna foto en condiciones.

Poco después estamos ante la famosa Downing Street en la que se puede apreciar, en el número 10, la entrada a la casa del Primer ministro, que tantas veces ha salido en la tele. Justo después está Horse Guards, un cuartel en cuya puerta hacen guardia, inmóviles, los jinetes de la Casa Real. Pese a los carteles que advierten para no tocar a los caballos, constantemente aparecen turistas que los acarician, los tocan, posan pegados a ellos…¡Uff, qué cansinos!

Poco a poco nos acercamos a la conocida plaza Trafalgar, presidida por la Nacional Galery, que no forma parte de nuestro itinerario en este viaje. Lo que si comenzamos a buscar es un lugar para comer y, como siempre nos acordamos cuando ya estamos famélicos, en cuanto vemos un cartel del Mc Donald (o para ser más precisos, Ginés lo ve) no nos lo pensamos ni un poco. Hay demasiado hambre para andar buscando otros lugar. Una vez más, pasamos frío dentro y terminamos por desear salir pronto a la calle.

Es la hora de sobremesa y toca museo, hoy el de Historia Natural y, para adelantar decidimos ir directamente en metro. Nos encaminamos a la Embankment Station para desplazarnos a South Kensington, muy cerca de la entrada al museo. Descubrimos que, en estos trayectos cortos, en pleno centro de la ciudad, nos descuentan mayor importe de la tarjeta Oyster que de trasladarnos hasta nuestra casa, que es un tramo mucho más largo. Al menos proporcionalmente. Para el próximo desplazamiento tendremos que recargar.

El edificio en el que se encuentra el museo ya es en si impresionante, no sólo el exterior sino la primera visión de la galería central con el enorme esqueleto de ballena azul colgando desde el techo. También hoy recorremos las salas elegidas previamente, sin detenernos en cada detalle. El calor en algunas de ellas es insoportable.

Además de la sala de dinosaurios, que resulta muy curiosa, una de las cosas más interesantes que visitamos es la exposición temporal “Museo de la luna” Un modelo de seis metros de la superficie lunar, con imágenes detalladas de la NASA, está prendido del techo en una sala con luz lunar ambiental y suelo enmoquetado en el que la gente se sienta o se tumba para disfrutar de la experiencia (y para descansar fresquitos ya que es la única sala en la que el aire acondicionado se nota). Esta exposición conmemora el cincuentenario del alunizaje del Apolo 11.

Ya en la calle, decidimos ir caminando hasta los almacenes Harrods, que ayer no llegamos a visitar. El trayecto caminando nos ofrece la oportunidad de callejear por este elegante y tranquilo barrio, por rincones poco transitados en los que nos mete el Google Maps. Nuestra intención era visitar la tienda de souvenirs de estos famosos almacenes, pero tardamos un poco en localizarla y recorremos diversas secciones de gran elegancia, en las que desentonamos bastante con las pintas de turistas cansados que llevamos. Cumplido el objetivo: comprar unas carteritas para regalar, nos dirigimos de nuevo al metro.

Es un trayecto corto, pero no nos queda tiempo que perder. Vamos desde Knightsbridge a Piccadilly Circus.

Al salir, los enormes carteles luminosos que dominan esta conocidísima plaza de ambiente cosmopolita, acaparan nuestra atención. Es una imagen muy popular de Londres.

Tras alguna foto para inmortalizar el momento, emprendemos la marcha por la transitada Shaftesbury Avenue, en plena zona de teatros, girando por Wardour Street hacia Chinatown. No nos detenemos en exceso, pero si recorremos las calles y vemos las famosas puertas orientales en el barrio.

En la entrada a Leicester Square, encontramos dos de las tiendas más turísticas de la ciudad, Lego y m&m’s. La primera está cerrada y aparentemente están haciendo reformas en el interior, pero si conseguimos entrar en la segunda. Bueno, excepto Javier, que prefiere quedarse fuera sentado en un banco. Pasamos un rato entretenido en esta colorida tienda, mirando todos los productos, degustando algunos y haciendo divertidas fotos. No podemos comprar porque las cajas tienen largas colas para pagar y además parece que están cerrándolas.

El paseo continúa hasta Covent Garden sin nada destacado que contar y termina en la James Street. No llegamos a entrar al mercado que da nombre al barrio. Estamos muy cansados, quizá porque la larga jornada de ayer comienza a sumarse a la de hoy. Sentados en unos escalones, descansamos disfrutando del animado ambiente de la calle, tomamos un tentempié y compramos algún recuerdo en una pequeña tienda turística. Después cogemos de nuevo el metro hasta King’s Cross, estación de la que parte Ginés para volver a Cambridge y a la que hemos decidido acompañarle. No sólo porque nos encanta su compañía, también porque nos ha contado que en ella se rodó la escena del andén en la película de Harry Potter.

La verdad es que el rodaje se efectuó en la parte antigua de la estación de St Pancras, pero en la zona nueva de King’s Cross está la tienda de Harry Potter y un montaje-estudio, con el carro traspasando el andén, para que la gente se haga fotos. Hay enormes colas y no deja de ser un negocio, ya que hay un fotógrafo e imagino que comprar la foto será obligatorio y no muy barato. Simplemente es curioso. Para hacerse la foto hay preparadas unas bufandas iguales a las que llevan los protagonistas en la película que la gente puede ponerse, y pasamos un rato entretenidos viendo como un auxiliar del fotógrafo se dedica a lanzar la bufanda al aire para que en la foto aparezca «volando».

El edificio nuevo de la estación es impresionante por su tamaño y la espectacularidad de la construcción. Mientras esperamos que llegue la hora de salida del tren, disfrutamos de sus instalaciones, unos cotilleamos en la tienda de Harry Potter y otros nos sentamos a descansar un poco. Ginés aprovecha un momento en el que se aleja a buscar información, para traer snacks variados para todos. Entre ellos unas Reese’s que triunfan entre los jóvenes y volveremos a comprar en días posteriores.

Aunque no lo deseábamos, llega el momento de la despedida y los abrazos. Echaremos de menos a Ginés el resto del viaje, pero agradecemos los dos estupendos días que hemos pasado en su compañía. Hubiéramos querido que continuara la ruta con nosotros, pero en unos días vendrán a visitarlo sus primos y debe recibirlos.

Cuando se marcha, salimos a la estación de metro que está justo al lado, y regresamos a casa, con un trasbordo equivocado incluido.  Cambiamos tres veces de tren y en los tres cambios nos acompaña una chica que anda pidiendo en los vagones. Al final se acerca a nosotros, en la última estación, a ver si andamos perdidos ¡Qué amable! Al llegar a nuestro barrio, como cada noche, aun pasamos por el Tesco a comprar provisiones de última hora.

Llegamos a casa tarde y cansados, pero toca hacer maletas. Menos mal que son pequeñas y no hemos sacado demasiado.

Javier aprovecha para llamar a la empresa que gestiona el pago del puente de Liverpool que todavía debemos y sale a decirnos que no sólo ha pagado ya, por adelantado, el importe del día que volvemos, también ha conseguido que le cobren el pago atrasado sin recargo. Total que con solo 4 libras ha quedado solucionado el tema del puente para todo el viaje.

Tras la cena, nos ponemos a planear un cambio para la jornada de mañana. Pensábamos ir a Oxford, pero nos ha faltado por ver aquí el mercado de Camden y no queremos marcharnos sin visitarlo. Nos parece muy interesante.

Rehacemos la ruta de los próximos días para poder ver Oxford en otro momento y buscamos un aparcamiento en el propio Camden, para ir hasta allí con el coche cargado de maletas y no tener que retroceder otra vez hasta la casa. El mercado está justo en la dirección hacia la que hemos de encaminarnos para llegar a nuestro siguiente alojamiento en Swindon.

Con todo planeado, damos por terminada la jornada, aunque todavía, como cada noche, descargo las fotos y las comparto con todos. Desde el dormitorio escucho las risas de los jóvenes que están viéndolas en el salón, comentando las caras y poses de unos y otros. A punto estoy de levantarme de nuevo para ir a reírme con ellos.

 

DÍA 4- LUNES 5 AGOSTO: CAMDEN-SWINDON (176Km)

Recoger y trasladarse de una casa a otra con gente joven no es muy complicado, la verdad. En un momento tenemos el piso vacío y el coche cargado; y salimos dispuestos a iniciar el día. Y para dejar el apartamento únicamente hemos de dejar las llaves dentro y cerrar la puerta, según las indicaciones del propietario.

Nos dirigimos a Camden con un poco de incertidumbre por llegar al barrio en coche y tener que aparcar. Según nos vamos acercando, cada vez que veo un hueco, me planteo si merecerá la pena aparcar ya y seguir caminando. Pero realmente tenemos localizado un parking y nos parece más seguro estando el coche lleno de maletas. Seguimos pues con el objetivo marcado inicialmente, el Lomax Carpark. Como curiosidad, comentar que en el trayecto pasamos muy cerca de los estadios del Tottenham y del Arsenal.

Llegando a Camden, las calles van teniendo más aspecto de barrio. Confiamos en que el Google Maps no nos meta de lleno en el mercado con el enorme coche que llevamos. Al final resulta mucho más sencillo de lo esperado y pronto estamos aparcados y caminando hacia este emblemático lugar. Pasamos por la puerta de la estación de metro Camden Town y aprovechamos para anular nuestras tarjetas Oyster, que ya no nos harán falta. Llegamos sin tener muy claro si se podrá hacer aquí, pero descubrimos que es muy sencillo y que se puede realizar en la misma máquina en la que se compran y recargan las tarjetas, en cualquier estación. La única pega es que hay que anularlas de una en una y la máquina te devuelve el saldo en efectivo. Somos seis y la señora que está tras nosotros en la cola, algo impertinente, no para de quejarse en voz alta de que tardamos mucho.

Con la tranquilidad de haber cerrado este capítulo, nos disponemos a continuar. Las tarjetas quedan inservibles y se plantean dos opciones: tirarlas o guardarlas como recuerdo. Cada cual decide.

Avanzando por Camden High Street pronto comenzamos a ver los característicos establecimientos con extravagantes decoraciones en las fachadas, que hacen tan famoso a este barrio. A ambos lados de la calle se amontonan los productos que, a modo de mercadillo, en la planta baja de estos edificios, se ofrecen a los turistas. Nosotros no planeamos comprar nada y pasamos simplemente disfrutando del ambiente y haciendo fotos.

Al llegar al Regent’s canal, vemos cómo los barcos que circulan por él han de pasar por unas exclusas. El proceso despierta mucho interés entre los turistas y visitantes que se agrupan alrededor para verlo. Nosotros continuamos y, justo al pasar el puente, a la izquierda, entramos en el edificio del Camden Lock Market, completamente lleno de tiendas en las que predominan los objetos de artesanía.

Javi, ensimismado en la variedad de colores y productos, va grabando con su cámara algunas secuencias para el vídeo del viaje hasta que una de las propietarias de un puesto se enfada y le grita de todo. Imagino que teme que alguien vea y copie los productos artesanales que vende. A él le pilla desprevenido y se le quitan las ganas de seguir grabando. De ahí la ausencia de imágenes de este mercado.  

El edificio, de dos plantas, con una decorada galería de metal, recuerda a un elegante mercado victoriano. Desde el primer piso se llega a una escalera hasta un pequeño embarcadero, junto al canal, rodeado de terrazas de bares y restaurantes repletas de gente y con un «ambientazo» increíble.

En alguna parte he leído que, antiguamente, esta era una zona industrial en la que abundaban las destilerías, bien comunicada gracias al canal y a la proximidad de la estación de tren King’s Cross. El transporte hasta allí, en carros de caballos,  justifica el nombre del siguiente mercado The Stables Market, cuyos edificios no sólo eran establos, sino también un hospital para estos animales.

Pasamos de un mercado al otro muy fácilmente, ya que están prácticamente unidos, y nos encontramos con una sucesión de callejones y pasajes de rústico ladrillo, evocando quizá sus orígenes, completamente llenos de tiendas y restaurantes de todo tipo. Llama la atención, por el contraste, la decoración de la tienda Cyberdog, con una enorme figura metálica en la puerta y un interior lleno de objetos retrofuturistas. El ambiente en todo el mercado es increíble y, tras deambular un rato por los rincones, nos dedicamos a buscar un sitio para comer.

Elegimos un restaurante vegano, que dispone de terraza sombreada para todos, para tomar unas hamburguesas diferentes. Elegimos de dos tipos. Unos acertamos y los otros todavía están bebiendo agua para «apagar el fuego». Lleva una salsa muy picante, pero no se dejan ni un trocito. Así que, el siguiente paso será trasladarse a una cafetería para terminar con un capuchino algo más dulce.

Con este ratito de café y sobremesa tranquila, damos por terminada la visita e iniciamos el regreso, retrocediendo sobre nuestros pasos a ritmo pausado para seguir saboreando el ambiente un poco más.

Una vez en el coche, salimos rodeando Regent’s Park, hasta Baker Street. La casualidad hace que, entrando en la calle, caigamos en la cuenta de que el nombre nos suena por la película de The Sherlock Holmes. Nuestros pasajeros parecen “volver a la vida” al escuchar el nombre y aun acertamos a ver la puerta del edificio del museo de este conocido detective de ficción. Una pequeña cola espera en la acera para poder entrar. Nos resulta gracioso haber pasado por aquí porque ha sido casualidad y era uno de los sitios que se “quedaban en el tintero”.

Pronto estamos saliendo de la ciudad, con ligeras retenciones, y el tramo de autopista hasta Swindon transcurre sin mayor dificultad. Al llegar, descubrimos que nuestra casa está en el centro, cerca de un gran Coop, pero es una población muy tranquila. El bloque de viviendas en el que está ubicada dispone de un patio privado para aparcar con una barrera de acceso cuyo código recibimos ayer por e-mail. También las llaves de nuestro apartamento, en el primer piso, están en una cajita de seguridad con código de apertura.

Al entrar nos encontrarnos un espacioso salón con cocina, luminoso y moderno. Hay un dormitorio en esta planta y otro en un nivel superior al que se accede por una escalera desde el salón. Es bastante más agradable que el de Londres, a excepción del sofá cama que es más incómodo, pero lo solucionamos bajando el colchón al suelo. Hay sitio de sobra.

Nos instalamos, esta vez con armarios y estantes adecuados, y nos vamos en coche a un gran Tesco que hemos localizado con Google Maps en las afueras. Hoy tenemos que hacer la compra para los próximos tres días y está vez lo hacemos a lo grande porque ya tenemos cocina con extractor y buena nevera. El Coop será para el pan de cada mañana y alguna carencia puntual.

Pronto estamos todos en el coche, porque hacer la compra en el Tesco nos encanta, y nos ponemos en marcha. En las afueras de la ciudad, ya llegando al supermercado, descubrimos una de las cosas más raras que hemos visto en las carreteras de este país, una “rotonda mágica” o, como dice el Google Maps, The Magic Roundabout ¡Increíble! No teníamos bastante con circular al revés, que esta rotonda tiene una pequeña subrotonda en cada una de las incorporaciones. La pasamos dos o tres veces durante nuestra estancia aquí y, cada vez que debemos hacerlo, me entra cierto ataque de ansiedad ¡¡si es que nos faltan ojos!! La marca de cada rotonda en el suelo no es más que un círculo pintado que a veces tapan los propios coches y es difícil de localizar. Hay que estar muy atentos.

Después, en casa, nos reiremos escenificando tomar una rotonda en sentido contrario  cada vez que rodeamos la alfombra circular del salón para ir a por cualquier cosa a la cocina.

Tras la compra, toca hacer la cena y  descansar.

 

DÍA 5- MARTES 6 AGOSTO: OXFORD – STRATFORD-UPON-AVON– MORETON-IN-MARSH (224Km)